02-06-2026, 10:58 PM
En cuanto Kibai orientó el control hacia su compañera y salió corriendo hacia la red supo que había hecho una apuesta arriesgada. Si bien, y claro está de acuerdo a sus suposiciones, Seraphine debía tener buena puntería y unos brazos habituados a la tensión que requería la práctica del tiro con arco, sus reflejos a la hora de atrapar la botella que había ido directa contra ella cuando se habían conocido tampoco habían sido la gran cosa.
— Esperemos que esto salga bien o vamos a quedar muy mal... — pensó el mink mientras encaraba la red y tomaba impulso para saltar.
Por suerte, sus temores resultaron totalmente infundados, y Kibai observó con satisfacción como la pelota le llegaba colocada con precisión justo a dónde podría golpearla mejor. Emocionado, el mink dejó salir de su pecho un fuerte rugido a la vez que golpeaba el balón con la palma de su mano.
El balón descendió como un meteorito, rebotando en la arena antes de que Elena pudiese interponer los brazos a tiempo. El silbato del árbitro anunció el tanto para el mink y la skypiean, acto que Kibai celebró con un salto y levantando el pulgar hacia su compañera.
— Qué demonios ha sido lo que has gritado? — le preguntó la chica desde la red rascándose la cabeza con algo de incredulidad.
Kibai se encogio de hombros a la vez que soltaba una carcajada.
— Todos los grandes ataques deben de llevar un nombre, no crees? Eso los hace más reconocibles.
Ignorante de la mirada a medias entre extrañeza y risa que sus contrarios intrcambiaron al escuchar semejante razonamiento, Kibai alzó las manos para recoger la pelota que le lanzaba Freddy desde el otro campo y se dirigió hacia la linea de fondo haciendo girar distraídamente el balón sobre uno de sus dedos.
Al girarse miró de reojo a Seraphine, esbozando una sonrisa a la cual se le veían los colmillos.
— Vamos allá pues, confío en ti para defender su contra, no creo que vayan a tragar un saque directo, aunque pienso poner todo el empeño en ello...
Sin más dilación, Kibai miró hacia el árbitro, que tras comprobar las posiciones de los cuatro participantes, hizo sonar su silbato, autorizando el inicio del siguiente punto. Con más entusiasmo que técnica, Kibai arrojó el balón al aire como había visto hacer a Freddy y cuando estaba en el punto más alto de su trayectoria, dio un gran salto a la vez que arqueaba su espalda para darle el mayor impulso posible a su brazo, disparándolo como un látigo contra el balón que salió disparado hacia el campo contrario.
— Esperemos que esto salga bien o vamos a quedar muy mal... — pensó el mink mientras encaraba la red y tomaba impulso para saltar.
Por suerte, sus temores resultaron totalmente infundados, y Kibai observó con satisfacción como la pelota le llegaba colocada con precisión justo a dónde podría golpearla mejor. Emocionado, el mink dejó salir de su pecho un fuerte rugido a la vez que golpeaba el balón con la palma de su mano.
¡¡Raigeki Supaiku!!
El balón descendió como un meteorito, rebotando en la arena antes de que Elena pudiese interponer los brazos a tiempo. El silbato del árbitro anunció el tanto para el mink y la skypiean, acto que Kibai celebró con un salto y levantando el pulgar hacia su compañera.
— Qué demonios ha sido lo que has gritado? — le preguntó la chica desde la red rascándose la cabeza con algo de incredulidad.
Kibai se encogio de hombros a la vez que soltaba una carcajada.
— Todos los grandes ataques deben de llevar un nombre, no crees? Eso los hace más reconocibles.
Ignorante de la mirada a medias entre extrañeza y risa que sus contrarios intrcambiaron al escuchar semejante razonamiento, Kibai alzó las manos para recoger la pelota que le lanzaba Freddy desde el otro campo y se dirigió hacia la linea de fondo haciendo girar distraídamente el balón sobre uno de sus dedos.
Al girarse miró de reojo a Seraphine, esbozando una sonrisa a la cual se le veían los colmillos.
— Vamos allá pues, confío en ti para defender su contra, no creo que vayan a tragar un saque directo, aunque pienso poner todo el empeño en ello...
Sin más dilación, Kibai miró hacia el árbitro, que tras comprobar las posiciones de los cuatro participantes, hizo sonar su silbato, autorizando el inicio del siguiente punto. Con más entusiasmo que técnica, Kibai arrojó el balón al aire como había visto hacer a Freddy y cuando estaba en el punto más alto de su trayectoria, dio un gran salto a la vez que arqueaba su espalda para darle el mayor impulso posible a su brazo, disparándolo como un látigo contra el balón que salió disparado hacia el campo contrario.
