04-06-2026, 07:49 AM
Las manos de Gabriel subieron hasta las ajenas, buscando alejarla de su cuello. Necesitaba que lo soltara, pues con cada segundo que pasaba, respirar se le hacía aún más difícil, pero la fuerza de la mujer azul era tanta que el hombre no podía hacer más que patalear en el aire, sin una posibilidad real de soltarse…solo le quedaba esperar por un milagro.
No podían gritar. Nadie vendría a rescatarlos y, de todos modos, con sus compañeros amenazados, al mínimo ruido, seguramente, esos piratas de poca monta no dudarían en cortarle el cuello a sus compañeros…Estaban atrapados.
O eso creyó el joven capitán.
No había nadie más con él, por eso no pudo entender en un inicio la pregunta de la gyojin, pero, pronto, sin necesidad de tener ningún sentido aumentado, pudo escuchar los pasos pesados de alguien más en el puerto.
¿Amigo o enemigo?
Riptide arrugó la nariz. Un aroma desagradable llegó a ella…No podía ser cierto… ¿Alguien de esa asquerosa raza de pájaros humanoides estaba en ese puerto?
La mujer se giró para encarar a sea quien sea que osara interrumpirla y, si se trataba de alguien de la raza que creía ella…
Bueno...¿Qué más daba? Riptide no tuvo tiempo de responder.
Había soltado al capitán humano justo a tiempo para que el cuerpo del hombre cayera sobre la madera. El sonido habría resonado en el puerto, pero fue opacado por el golpe seco de un pesado objeto metálico directo contra la carne de la enorme mujer azul.
De repente ahora era a ella a la que el aire le faltaba, además, quedó inclinada hacia el frente, mientras que con una de sus manos se sostenía el pecho y la otra estaba apoyada en su rodilla para evitar caer. No le daría el lujo a su atacante.
—¡CAPITANA!
La voz preocupada de los dos hombres que habían atrapado a los tripulantes de Gabriel en el barco hizo eco en esa parte del muelle, uno de ellos, incluso, soltó su espada, haciendo que cayera sobre la cubierta con pesadez y tiró hacia un lado al hombre al que sujetaba. Dejando al pobre chico inconsciente en una esquina por el golpe que recibió cuando su cabeza se estrelló contra una de las cajas de mercancía del barco, pero, a pesar de eso, se pudieron escuchar los pasos del hombre bajo el mando de la gyojin, corriendo con premura hacia la proa. Pretendía saltar para ayudar a su jefa; sin embargo, ella previó sus intenciones.
Giró su cabeza y lo miró de reojo, para luego alzar uno de sus brazos, con el que se sostenía el pecho, para darle una señal, sin hablar, para que el gyojin que había salido a su rescate se detuviera ipso facto.
—¡No te atrevas a venir! —La mujer gyojin, ahora que había recuperado el aire, se enderezó y miró a su atacante. La rabia centelleaba desde sus ojos cafés, una rabia que era acentuada gracias a la poca iluminación de esa parte del puerto, lo que le daba un aspecto tanto dramático como sombrío a la capitana.
—No, por supuesto que mi olfato no me engaña, fácilmente podría percibir la presencia de cucarachas como tu a kilómetros de distancia. Todos tienen ese mismo aroma a sudor y a mierda de pájaro —. Riptide escupió hacia un lado. La saliva vino acompañada de sangre…No era extraño que algo se le hubiera roto en el interior luego de ese tremendo golpe. —¡Ja! ¿Y tu quién se supone que eres? ¿Por qué mierda defiendes a este hombre? —Al terminar su pregunta, la pelinegra levantó su pierna y pateó con fuerza al capitán del Estrela do Medio-dia, quien apenas intentaba incorporarse del suelo…claro, el golpe lo devolvió a su lugar.
—Así es tu gente…siempre metiéndose en lo que no les importa, siempre queriendo humillarme —. ¿Por qué creería ella esto?, ¿por qué tanto desprecio hacia los lunarians? Simple, años atrás estuvo atrapada en la mansión de unos lunarians con bastante poder…Ella servía como un simple entretenimiento…claro, eso hasta que pudo defenderse y revelarse de quienes se atrevieron a llamarse amos suyos. —¿De verdad quieres que lo suelte?
La gyojin se inclinó para sujetar al chico por el cuello de su camisa, hasta dejarlo a su altura, lo miró a la cara. Él estaba maltrecho y apenas tenía fuerzas para hablar…sí, para que negarlo, temía por su gente…No quería que les hicieran daño.
—Ve…vete, por favor…no dejes que te lastime….—Pero tampoco podía permitir que le hicieran daño a la bella desconocida que parecía no saber en que estarse metiendo, por más que luciera fuerte.
—Mimimimi… ¡Calla! Aquí hablo yo… ¿Qué son amantes ustedes? ¡Ja! —Volteó ahora a ver a la Lunarian. Había una sonrisa socarrona dibujada en el rostro de la gyojin. —Responde… ¿De verdad quieres que lo suelte? Entonces… ¿Por qué no vienes por él?
En ese instante aprovechó de lanzar al capitán justo frente a la mujer Lunarian; sin embargo, aunque el cuerpo del hombre ni siquiera avanzó medio metro, lo cierto es que la mujer gyojin lo usó como distracción para poder cerrar los dos metros que la separaban de la Lunarian, mientras que tensaba los músculos de su cuerpo y, cuando cerró esa distancia que la separaba de la otra mujer, cerró su mano en un puño que no dudó en estampar directamente contra la cara de la chica Lunarian y, acto seguido, se separó un metro de ella al dar un salto hacia atrás.
—¡Que ninguno de ustedes se atreva a meterse conmigo y esta chica! Voy a destruirla ¿Por qué no mejor empiezan a saquear el barco? Seguro han de tener mucho de valor encima ¿No creen? —Era claro que la pirata no iba a desistir de su verdadero objetivo, aunque ahora sintiera la necesidad de encargarse de la lunarian recién aparecida.
Bitácora del Capitán
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