[EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [North Blue]
#2
El viaje desde Mogaro hasta Báltigo había transcurrido sin contratiempos. Kisuke había fumado conmigo durante buena parte de la travesía, uno de esos silencios cómodos que solo se construyen entre quienes comparten un ideal en común. Al bueno de Bambú le sometí a un interrogatorio disfrazado de conversación casual durante días y días de viaje, abanico en mano y cigarro en la otra, preguntando por todo lo que no aparecía en los informes con la curiosidad implacable de quien considera que el chisme es tan vital como la información oficial. Yoru iba y venía a su antojo por el barco antes de desaparecer en cuanto el Yoru's Paradox atracó en Báltigo, perdiéndose entre las rocas blancas de la isla como si llevara años conociéndola, que, en cierto modo, así era.
 
El patio de armas subterráneo era una bestia de otro calibre. Excavado en la roca viva de la isla, iluminado por centenares de antorchas y braseros cuya luz anaranjada rebotaba contra las columnas talladas a golpe de cincel que se alzaban a intervalos regulares de unos seis metros entre sí a lo largo de las paredes, era una maravilla de ingeniería moderna. Los estandartes con las siglas del Ejército Revolucionario que colgaban entre las columnas lo adornaban desde una altura de unos ocho metros hasta casi rozar el suelo. El espacio reunía a más gente de la que muchos de los presentes habían visto junta en toda su vida luchando por una misma causa, era revitalizador ver el alcance e impacto que nuestro ideal era capaz de convocar. Cinco filas se habían formado, cada grupo ocupando su flanco del patio formando delante mío una imagen que pocas veces en la historia del mundo había visto con semejante claridad: un ejército que no luchaba por un rey, ni por una bandera, ni por dinero, sino por la idea de que el mundo podía ser distinto.
 
Recorrí los veinte metros que separaban la entrada del patio de su centro con una calada larga al cigarro, con las sandalias de madera repiqueteando sobre la piedra en cada paso, el sonido rebotando entre las paredes excavadas en la roca y perdiéndose entre el murmullo de la multitud hasta que esta fue apagándose sola, atraída por mi figura de sombrero a rayas y capa verde que avanzaba sin prisa hacia el frente. Me detuve a unos cinco metros de las primeras filas, abrí el abanico y lo agité despacio sobre el costado izquierdo de mi cara, dejando que mis ojos grises recorrieran cada rincón del patio de extremo a extremo antes de volver al frente y reclamar la atención de los presentes – “Bienvenidos todos” – exclamé con voz jovial, permitiendo que el murmullo de voces muriera antes de continuar – “para quienes no me conocen me llamo Alhen Geouis.” –  dije, permitiendo que las paredes de piedra del patio transportaran mi voz hasta el último rincón de la sala – “Soy una de las Manos de Elisabeth D. Kaiten, es decir, de nuestra líder. He navegado hasta aquí desde el Nuevo Mundo para estar presente en el momento más importante de nuestra causa, y si han llegado hasta este patio esta noche es porque cada uno de ustedes forma parte de algo que ningún gobierno, ninguna armada y ningún almirante del mundo ha sido capaz de detener.” – hice una pausa breve, di una calada larga al cigarro y avancé otros tres pasos hacia la derecha antes de girarme de nuevo hacia la audiencia, señalando con el cigarro hacia donde se encontraban los comandantes a unos diez metros de distancia.
 
“Esta noche están en presencia de cinco de las personas más influyentes que tiene nuestra causa.” – el humo del cigarro dibujó un arco en el aire iluminado por las antorchas cuando se;ale hacia donde se encontraba el primero de las figuras a quienes presentaría – “Porco Ghibli, Comandante de los Ejércitos del Sur. Es un misterio de pies a cabeza, el mejor espía que tenemos, el hombre que mueve el contrabando con la precisión de un relojero y que ha salvado más barcos y más vidas de las que ningún marine salvará jamás. Si alguna vez llegó información vital a sus manos fue porque este hombre la consiguió primero.” – hice una pausa permitiendo a la audiencia procesar la información, di una calada y caminé cuatro pasos hacia la izquierda antes de girarme de nuevo hacia la audiencia. Llevé la mano a la Princesa Carmesí y la desenvainé sosteniendo la hoja recta de acero ennegrecido frente a mí antes de señalar con ella hacia el flanco contrario a unos quince metros – “Vallerie Dodgers, Comandante de los Ejércitos del Norte. La mejor tiradora que ha producido esta Revolución. Comanda la unidad de francotiradores y conoce cualquier terreno mejor de lo que sus propios habitantes lo conocen. Si alguna vez sintieron que alguien les cubría las espaldas seguro era ella.” – envainé mi espada con el mismo sonido limpio con el que la había desenvainado, avancé otros cuatro pasos hacia el centro y me detuve. Abrí el abanico despacio y lo agité sobre el costado izquierdo de mi cara mientras recorría a la audiencia con los ojos antes de señalar con él hacia el siguiente comandante – “Gol D. Ick, Comandante de los Ejércitos del Este.” – hice una pausa de un segundo, dejando que el nombre resonara entre las columnas – “No necesita presentación, pero se la merece de todas formas. Ha entregado cada fibra de su ser a esta causa con una intensidad que solo él es capaz de sostener. Es excéntrico, es imprevisible, y es exactamente el tipo de persona que necesitamos para triunfar.” – cerré el abanico de golpe, caminé otros tres pasos y me detuve frente a la audiencia. Me quité el sombrero a rayas con la mano izquierda, dejando al descubierto por un instante los pequeños picos capilares que se creaban sobre mi cabeza, y lo sostuve frente a mí en un gesto que era a la vez una reverencia y una presentación – “Kisuke Kageyama, Gran Líder de los Ejércitos del Oeste. El hombre que plantó cara a un almirante de la Marina y volvió para contarlo. La razón por la que el Reino de Mogaro se haya unido a nuestra causa. Si esta Revolución tiene futuro, es en parte porque hombres como él decidieron que lo tendría.” – Me coloqué el sombrero nuevamente despacio, dejando que la sombra del ala volviera a caer sobre mi mirada. Caminé otros tres pasos y con un movimiento brusco de la muñeca hice que la capa verde oscuro ondeara hacia un lado, señalando con el gesto hacia donde se encontraba la última figura de los cinco a presentar – “Anna Saoki, Comandante de los Ejércitos del Gran Line. Con su música se opuso contra un sistema que enriquecía a los ricos y empobrecía a los pobres, y llegó hasta aquí. Eso les dice todo lo que necesitan saber sobre ella.”
 
 
Guardé silencio y me detuve frente a la fila que habían formado los oriundos del South Blue. Terminé mi cigarro con una ultima calada que anunciaba el fin de algo más y, cambiando de voz completamente a una más baja, más afilada, llena de peso y tan diferente a la anterior me volví a dirigir a la audiencia – “Antes de que esta asamblea comience, hay un asunto que resolver.” – mi voz viajó por el patio sin necesidad de alzarse, rebotando limpiamente entre las columnas de roca hasta los últimos rincones de la sala – “El camarada Porco me informó de la identidad de un traidor en nuestras filas.” – hice una pausa de dos segundos, dejando que el silencio del patio hiciera su trabajo – “Lo hemos verificado. No hay margen de error ni lugar para la duda.” – fijé mis ojos en la figura del traidor y pude ver su rostro lleno de terror. Lo sabía perfectamente, al intentar engañarnos había cavado su propia tumba. Salté al frente cubriendo la distancia a gran velocidad, la capa verde oscuro ondeó detrás de mí mientras avanzaba, mis pies dejando la piedra del suelo con una ligereza que contrastaba con la gravedad del momento, cerrando la distancia en un instante. Junté los dedos de la mano derecha en tres secciones, pulgar solo, índice y corazón juntos, anular y meñique juntos.
 
– “¡RYU NO KAGIZUME!” –
 
Mi mano convertida en una garra de dragón encontró la cabeza de mi objetivo con una potencia que hizo vibrar el aire a mi alrededor. Yamaguchi, el hombre de la camisa blanca con los botones abiertos dejó de estar entre los vivos antes de que su cuerpo terminara de caer, su cabeza aun en mi mano derecha arrancada completamente del cuerpo. Con la mano contraria lancé al aire un puñado de octavillas que se dispersaron por el patio como hojas en el viento, cayendo entre las filas, sobre los hombros de los presentes, sobre el suelo de piedra iluminado por las antorchas. En cada una de ellas estaban las pruebas, todo lo que necesitaban saber sobre Yamaguchi y sobre quién le había puesto allí.
 
Las pruebas contra Yamaguchi

Tome una bolsa de cuero que portaba para la ocasión con mi mano izquierda que tras lanzar las octavillas estaba libre de nuevo, y dejé que el silencio del patio respirara durante un instante largo antes de hablar de nuevo – “Arrastrarse para adentrarse en un lugar donde no eres bienvenido es lo más bajo a lo que puede caer un ser humano.” – mis ojos recorrieron las filas sin prisa, tocando a cada uno de los presentes durante un instante – “Los años de esfuerzo y dedicación de cada uno de ustedes, la sangre que ha costado llegar hasta aquí, no serán manchados mientras yo esté de pie. Esto es lo que le espera a todo aquel que traicione una causa tan noble como la nuestra.” – guardé la cabeza del traidor en la bolsa de cuero, la cerré y regresé a la plataforma de la cual había saltado.
 
Volví a mi voz habitual, y con ella volvió también algo del peso que había llenado el patio durante los últimos minutos, dejando espacio para algo distinto, algo más grande todavía – “Pero vaya bochorno me ha dado” – dije sacando un abanico de mi gabardina y empezando a agitarlo sobre el lado izquierdo de mi cara – “les pido una disculpa, pero no podíamos permitir que semejante ser tuviera la suerte de presenciar lo siguiente” – mis ojos recorrieron las filas una última vez para luego decir con aire formal – “les pido por favor silencio total, ni una sola interrupción, murmullos ni movimientos innecesarios.” – me giré hacia el fondo del patio donde unas gruesas cortinas de tela oscura colgaban desde el techo hasta el suelo, avancé los diez metros que me separaban de ellas y asomé la cabeza entre los pliegues – “Señorita Lilly” – dije en voz baja – “estamos todos. Todos menos él, como siempre.” – hice una pausa breve antes de añadir, más bajo todavía, solo para ella – “El mundo está listo para recibirle.” – me aparté despacio, me coloqué el sombrero, abrí el abanico y lo agité una última vez sobre el costado izquierdo de mi cara antes de volverme hacia la sala con una sonrisa.
 
El momento había llegado.
 

 
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Belico

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RE: [EVENTO FACCIÓN - REV.] La llama de la Revolución [North Blue] - por Alhen Geouis - 04-06-2026, 08:21 PM

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