05-06-2026, 09:33 PM
A pesar de despertar entre sudores fríos y completamente indefensa, no has perdido ni un ápice de tu espíritu de lucha. Tu carácter sigue impertérrito y desafiante, aunque no dejas de sentir ese mareo muscular causado por el veneno de esos malditos insectos. Con suerte pasará pronto.
En tu despertar, la presencia de aquel monito te sorprende, aunque ya estás acostumbrada a que en este basto mundo, uno se puede encontrar de todo. Parece más asustado él que tú, y ya es normal, pues lo inmenso de la envergadura de un Buccaner hace palidecer a cualquier criatura. Más cuando el mink no levantará mucho más de medio metro del suelo.
Actúas con aparente calma, aunque con firmeza, pues no solo acabas de sufrir una derrota, sino que no tienes tu equipamiento a mano. Y una valkiria sin sus armas no es nada. El simio, temblando, parece mirar hacia el exterior de la tienda de campaña, pero lo hace por un segundo, de forma fugaz. Su cuerpo ha actuado por instinto, aunque es demasiado cobarde para desvelar la verdad. A pesar de haberte dado una, decide darse media vuelta e intenta correr en dirección a los límites de la cabaña donde te encuentras, buscando escabullirse por debajo de la misma escarbando un poco el suelo y levantando la tela.
Vas a atraparlo. No te costaría nada. No solo es bastante lento para tu nivel, sino que es torpe y le cuesta cruzar de un lado al otro para escapar. Pero hay algo que llama tu atención poderosamente. A tus oídos llega el silbido del acero cortando el viento. Pero no el de un pedazo de metal aluso. Sino de un arma grande, preparada para la guerra, capaz de cortar cualquier cosa por la mitad... Alguien está usando Stormhogg sin tu consentimiento. Tras ese sonido, suena el estruendo del arma siendo maltratada contra la roca. Y después unas risas agudas y malévolas.
Si sales a buscar respuestas o a recuperar tu arma, chocas de frente con una escena que avergonzaría a cualquier guerrero. Un puñado de cinco simios, tan grandes como un humano pero más robustos, juegan con todo tu arsenal. Uno de ellos parece estar masticando diferentes útiles del botiquín para ver si se doblan o no, otro lleva puesto tu uniforme y lo arrastra por el suelo mientras corretea en círculos, un par juega a poner a prueba el filo de la inmensa alabarda... Maltratan el material mientras se lo pasan bien. Si miras a tu alrededor al salir de la cabaña, estás en un claro de 10 metros de radio. Estás en centro, saliendo por la mitad el mismo. Tras de tí, hay un complejo de media docena de cabañas, mientras que el resto del semicírculo es claro llano, bordeado por antorchas elevadas. Más allá del círculo, jungla profunda.
Cuando te ven, frenan en seco sus acciones. Te miran de arriba abajo atónitos. No todos los días ven a una mujer, sino a una fémina de cuatro metros de alto, tan grande como su líder. Tu aspecto salvaje, cubierta de vendas y heridas, les paraliza de pavor, aunque también sienten cierta atracción hacia tu silueta. No obstante, reniegan de la idea de entregarte lo que es tuyo, pese a tu imponente postura y carácter.
Sus pelajes se erizan como escarpias. Bajan el torso y flexionan las rodillas, tomando una postura salvaje y ofensiva. Extienden sus manos al frente y enseñan los dientes en señal de duelo. Están dispuestos a enfrentarte después de todo. Pero antes de que el conflicto estalle, una figura aparece, balanceándose de entre la selva y cayendo desde los cielos entre vosotros.
Es también un simio, idéntico a un orangután. Su aspecto es más redondeado, con una cara circular amable y una barriga resultona. Aún así, sus extremidades son tan largas como un día sin pan, desproporcionadas en tamaño, acabadas en unas manos enormes. Pero lo que más llama la atención no es su fisionomía. Sino su fuerza y tamaño. Un Gran Mink se planta en mitad del escenario, imponiendo respeto y autoridad con un rostro terroríficamente amistoso. - Gran Patriarca Ladit Ladis...- suenan las voces al unísono mientras todos se arrodillan.
Su movimiento es lento, pausado. Aunque no te engaña, pues has visto cómo ha maniobrando desde lo profundo de la jungla para caer de un brinco hasta aquí. Te mira con detalle, te analiza y te valora. Mientras, su mano derecha se rasca la barbilla. -Vaya, vaya... Veo que nuestra invitada ha despertado.- comenta, como si fuera para él mismo pero en voz alta. -Y por lo que veo se encuentra en buen estado...- y gira la cabeza, buscando algo detrás tuyo. Probablemente al monito, que no encuentra pues sigue escondido. Después voltea hacia su tribu y con tono más firme y preciso, les reclama. -No seáis maleducados. Entregad los enseres a la futura reina. Merece descansar antes de pactar los preparativos de nuestro casamiento...-
No sabes si te asusta más la idea de casarte o con la tranquilidad con la que esta criatura afirma las cosas. ¿Cómo que futura reina?¿Casamiento de que, qué narices dice este tipo? Sin embargo, pese a las declaraciones, no parece ser consciente de la barbaridad que acaba de decir. Se está retirando tranquilo, como si nada. Los chimpancés, diminutos a comparación, se te acercan medio mosqueados para entregarte tus cosas, aunque parecen susurrar entre burlas sobre tu futura situación y que tan perdida estás en la jungla.
En tu despertar, la presencia de aquel monito te sorprende, aunque ya estás acostumbrada a que en este basto mundo, uno se puede encontrar de todo. Parece más asustado él que tú, y ya es normal, pues lo inmenso de la envergadura de un Buccaner hace palidecer a cualquier criatura. Más cuando el mink no levantará mucho más de medio metro del suelo.
Actúas con aparente calma, aunque con firmeza, pues no solo acabas de sufrir una derrota, sino que no tienes tu equipamiento a mano. Y una valkiria sin sus armas no es nada. El simio, temblando, parece mirar hacia el exterior de la tienda de campaña, pero lo hace por un segundo, de forma fugaz. Su cuerpo ha actuado por instinto, aunque es demasiado cobarde para desvelar la verdad. A pesar de haberte dado una, decide darse media vuelta e intenta correr en dirección a los límites de la cabaña donde te encuentras, buscando escabullirse por debajo de la misma escarbando un poco el suelo y levantando la tela.
Vas a atraparlo. No te costaría nada. No solo es bastante lento para tu nivel, sino que es torpe y le cuesta cruzar de un lado al otro para escapar. Pero hay algo que llama tu atención poderosamente. A tus oídos llega el silbido del acero cortando el viento. Pero no el de un pedazo de metal aluso. Sino de un arma grande, preparada para la guerra, capaz de cortar cualquier cosa por la mitad... Alguien está usando Stormhogg sin tu consentimiento. Tras ese sonido, suena el estruendo del arma siendo maltratada contra la roca. Y después unas risas agudas y malévolas.
Si sales a buscar respuestas o a recuperar tu arma, chocas de frente con una escena que avergonzaría a cualquier guerrero. Un puñado de cinco simios, tan grandes como un humano pero más robustos, juegan con todo tu arsenal. Uno de ellos parece estar masticando diferentes útiles del botiquín para ver si se doblan o no, otro lleva puesto tu uniforme y lo arrastra por el suelo mientras corretea en círculos, un par juega a poner a prueba el filo de la inmensa alabarda... Maltratan el material mientras se lo pasan bien. Si miras a tu alrededor al salir de la cabaña, estás en un claro de 10 metros de radio. Estás en centro, saliendo por la mitad el mismo. Tras de tí, hay un complejo de media docena de cabañas, mientras que el resto del semicírculo es claro llano, bordeado por antorchas elevadas. Más allá del círculo, jungla profunda.
Cuando te ven, frenan en seco sus acciones. Te miran de arriba abajo atónitos. No todos los días ven a una mujer, sino a una fémina de cuatro metros de alto, tan grande como su líder. Tu aspecto salvaje, cubierta de vendas y heridas, les paraliza de pavor, aunque también sienten cierta atracción hacia tu silueta. No obstante, reniegan de la idea de entregarte lo que es tuyo, pese a tu imponente postura y carácter.
Sus pelajes se erizan como escarpias. Bajan el torso y flexionan las rodillas, tomando una postura salvaje y ofensiva. Extienden sus manos al frente y enseñan los dientes en señal de duelo. Están dispuestos a enfrentarte después de todo. Pero antes de que el conflicto estalle, una figura aparece, balanceándose de entre la selva y cayendo desde los cielos entre vosotros.
Es también un simio, idéntico a un orangután. Su aspecto es más redondeado, con una cara circular amable y una barriga resultona. Aún así, sus extremidades son tan largas como un día sin pan, desproporcionadas en tamaño, acabadas en unas manos enormes. Pero lo que más llama la atención no es su fisionomía. Sino su fuerza y tamaño. Un Gran Mink se planta en mitad del escenario, imponiendo respeto y autoridad con un rostro terroríficamente amistoso. - Gran Patriarca Ladit Ladis...- suenan las voces al unísono mientras todos se arrodillan.
Ladit Ladis, líder simio
Su movimiento es lento, pausado. Aunque no te engaña, pues has visto cómo ha maniobrando desde lo profundo de la jungla para caer de un brinco hasta aquí. Te mira con detalle, te analiza y te valora. Mientras, su mano derecha se rasca la barbilla. -Vaya, vaya... Veo que nuestra invitada ha despertado.- comenta, como si fuera para él mismo pero en voz alta. -Y por lo que veo se encuentra en buen estado...- y gira la cabeza, buscando algo detrás tuyo. Probablemente al monito, que no encuentra pues sigue escondido. Después voltea hacia su tribu y con tono más firme y preciso, les reclama. -No seáis maleducados. Entregad los enseres a la futura reina. Merece descansar antes de pactar los preparativos de nuestro casamiento...-
No sabes si te asusta más la idea de casarte o con la tranquilidad con la que esta criatura afirma las cosas. ¿Cómo que futura reina?¿Casamiento de que, qué narices dice este tipo? Sin embargo, pese a las declaraciones, no parece ser consciente de la barbaridad que acaba de decir. Se está retirando tranquilo, como si nada. Los chimpancés, diminutos a comparación, se te acercan medio mosqueados para entregarte tus cosas, aunque parecen susurrar entre burlas sobre tu futura situación y que tan perdida estás en la jungla.
Datos de interés

![[Imagen: SWJKGNW.jpeg]](https://i.imgur.com/SWJKGNW.jpeg)