[Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus
#37
Ya fuera con un plan en mente, acatando órdenes o con el deseo de perder de vista un rato a sus compañeros, el grupo se dividió en tres para ir cada uno por un camino. El filósofo de las almas Alzeid, se encaminaría por la ruta de la izquierda, el lobo solitario, Daryl por el central, y el subgrupo conformado por la sectaria Irina, la marina fetichista Ikirami y la escandalosa Jude por el derecho. ¿Qué les depararía a cada en su respectiva aventura?



Camino de la izquierda, ruta de Alzeid

Una vez que el agente empujó la vagoneta, con las cajas y las jaulas apiladas sobre él, esta comenzó a moverse a través de los raíles que definían su trayecto. Para fortuna del peliazul, el sendero era completamente recto y sin ninguna curva pronunciada, lo que evitaba que el montón de cajas se desestabilizara y se cayera debido a los giros. Gracias a su fruta, el agente generó unas cuchillas en sus pies que le permitirían deslizarse a través de los raíles y seguir fácilmente a la vagoneta y, como añadido, esconderse detrás de esta, por su gran capacidad de infiltración y sigilo. La cueva por la que avanzabais no tenía nada en particular, salvo el par de raíles por el que estabais circulando y los otros dos pares, correspondientes a los que visteis en la entrada sin ninguna carretilla encima, que la oscuridad reinaba por la ausencia de faroles y que, los sonidos metálicos que se escuchaban en la cámara anterior se iban escuchando más y más fuerte.

Avanzados unos 800 metros, la vagoneta comenzó a reducir su velocidad a la par que se llegaba a vislumbrar algo de luz. Era el final del trayecto, y con él, la entrada a una nueva sala bajo tierra. En los otros dos raíles, anteriormente sin ocupar, se encontraban las otras dos carretillas que faltaban llenas de piedras preciosas, minerales y pepitas de oro, pero ¿quién las había llenado? La respuesta a esta pregunta se encontraba en la propia caverna, de unos 10 metros de radio, y 12 metros de altura que se extendía frente a ti. En la zona central del techo, abarcando un área circular de unos 5 metros de radio, colgaban varias estalactitas y, del mismo modo, en el suelo, abarcando la misma superficie, sobresalían algunas estalagmitas que dificultaban el paso por aquella zona. En esos salientes pétreos, colgaban múltiples faroles que brindaban a la sala de una gran iluminación. A la izquierda de la entrada a la sala desde la cueva por la que el agente se introduce, aproximadamente a 14 metros de distancia, y pegado a la pared cavernaria, se podían distinguir a nueve hombres picando en la pared y a otro, usando una especie de vehículo rudimentario con una taladradora incorporada, siguiendo el mismo procedimiento que sus compañeros. Si sumabas dos más dos, podías descubrir que el sonido que no parabas de escuchar procedía de aquella maquinaria. A su lado, se podían distinguir varios sacos llenos, aunque no era posible identificar su contenido a esa distancia. A unos dos metros de los trabajadores, a unos ocho metros del centro y a unos 13 metros de ti, se encontraba sentada en una silla una mujer de distinguible apariencia. Lo más destacable de ella era, sin duda, su pelo corto de color morado, sus cejas fragmentadas y el tatuaje rosa que tenía en su mejilla izquierda, que simulaba una mirilla. Al mismo tiempo que los otros diez hombres picaban o perforaban en la pared, la pelimorada se encontraba sacando brillo a lo que parecía ser un revolver.

La figura que formaba la carretilla que habías empujado, con la pila de cajas y jaulas encima, era tan llamativa que llamó la atención de la chica, la cuál paró de su tarea, poniéndose en pie. Estuvo un rato extrañada mirando hacia el vagón, hasta que empezó a reírse.- Pfff, ¿será cosa de Sadine? ¡Esta chica! ... ¡Grihaha! ¡Cómo le gusta asustarme grihaha! – Dijo para si misma y, seguidamente, se giró hacia los diez hombres.- ¡EH! ¡VOSOTROS! ¡ID A COMPROBAD LO QUE NOS HA DEJADO NUESTRA “AMIGA”! – No obtuvo ninguna respuesta, el incesante ruido que provocaba la maquinaria dificultaba con creces escuchar cualquier otro agente externo.- ¡EEEEEEEEEH! ¡HE DICHO QUE VAYÁIS A COMPROBAR ESA VAGONETA! – Seguía en las mismas. La mujer, volteó los ojos al tiempo que chasqueaba su lengua. Con su diestra, cogió su revolver y disparó una bala dirigida al pico de uno de los trabajadores, ¿su misión? Llamar su atención para que pararan. Aunque lo que casi se le para al hombre era su corazón del susto. Los nueves esbirros dejaron de trabajar y, el que estaba a cargo de la taladradora apagó el motor. Por fin, el silencio reinaba en la sala- Perdona vicecapitana Aimi, ¿Qué pasa? – Eran piratas, no hacía falta ser un lince para darse cuenta.- ¡Id a mirar esa vagoneta de allí! – Señalaba con su siniestra a la misteriosa carretilla.- ¡Vosotros cinco! – Señaló uno a uno, con su pipa, a los bucaneros a los que se refería.- Sí, ¡id vosotros mismo! No pienso tragarme la inocentada de esa sosainas grihaha.- ¡A sus órdenes vicecapitana Aimi! – Se dirigieron los cinco hombres hacia donde estaban las tres vagonetas y, junto a ellas, el agente Alzeid, hasta quedarse a unos dos metros de ellas.

IMAGEN DE AIMI




Camino del centro, ruta de Daryl

Ahh la calma, el silencio, ¡la tranquilidad! Como se echaba en falta esa clase de momentos cuando uno estaba rodeado de gente tan caótica, ¿verdad? Una vez emprendió el agente Daryl su propio camino, tomó una ruta con una notable inclinación. Si ya estaban cinco metros bajo tierra, esa cueva le llevaría más cerca de las entrañas de la tierra. Y aún así era raro, porque, ¿se escuchaba un sonido similar al del agua fluyendo? Sumado a eso, un leve olor a humedad inundó la zona. Conforme seguías descendiendo por aquella gruta, hasta haber recorrido 500 metros y haber descendido otros 120 metros de profundidad, ibas vislumbrando la razón por la que olía a humedad y se escuchaba agua circular, un lago subterráneo del cuál, como si de un cuento de hadas hubiera salido, emanaba de lo más profundo una cálida luz. Frente a ti, se extendía otra gran cámara, aún mayor de la que provenías. En este caso, las dimensiones de la habitación no tenía sentido mencionarlas, de lo inconmensurables que resultaban. Lo que si había que destacar era que, el mencionado lago poseía una forma similar a una estrella de cinco puntas. Si la estrella estuviera circunscrita, el radio de la circunferencia sería de 80 metros y, la distancia entre sus puntas y las paredes de la cámara, sería de 20 metros. Una de las puntas del lago apuntaba hacia donde procedías. A unos 15 metros de ti, podías otear una figura, de, aproximadamente, un metro ochenta de altura, antropomórfica, pero que para nada era un humano. Al ir sin camisera, podías ver que su piel era de un color grisáceo, que hacía un llamativo contraste con el rubio de su pelo ondulado. Dándote la espalda, parecía estar admirando la cristalina superficie.- Ah, l’amour… ¿Cuangdo coguespondegás a monsieur Hund, madame Aimi? – Aquel sujeto parecía estar tan inmerso en sus pensamientos que no había reparado en tu presencia en lo absoluto.

IMAGEN DE HUND




Camino de la derecha, ruta de Irina, Ikirami y Jude

Por último, el grupo, aparentemente, capitaneado por la agente Irina, se adentraba, en compañía de Ikirami y Jude, hacia lo más profundo de su sendero. “Mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”, ¿sería esto lo que tenía en mente la asesina pelirroja cuando decidió sus acompañantes? El tiempo lo diría. Mientras permanecíais en silencio o parloteabais sobre cualquier tema de conversación, el sendero se iba oscureciendo más y más. Al contrario que las otras dos rutas, aquel camino no era recto, sino que tenía cierta curvatura que se iba alternando cada equis metros, como si estuviera serpenteando. 

Recorridos aproximadamente 400 metros, el grupo llegó a una pequeña habitación parcialmente iluminada. En aquella sala, rectangular de 15 metros de profundidad, 12 de ancho y 12 de altura, difícilmente, se podían distinguir varias mesas y sillas de maderas dispuestas en toda la sala. Ese sitio era usado por los trabajadores de la mina como su área de descanso y almuerzo. Lo verdaderamente importante era lo que había al final de sala, a 15 metros de vosotros. Un gran hombre de casi dos metros de alto se sentaba frente a vosotras, sólo iluminando la parte inferior a su cuerpo, quedando oculta su cara de vuestra visión. A su lado, había una caja, más grande sobre la que estaba sentada, de un metro de alto, en la que había apoyado un Den Den Mushi. El hombre, lentamente, se levantó de su asiento improvisado y, con la misma lentitud, comenzó a dirigirse hacia vosotras. Os había visto. 

Si estáis aquí doy por hecho que mis subordinados, Sadine y Marvin han sido asesinados por vosotras, ¿verdad? – Pese a hablar de la posible muerte de sus compañeros, por la tranquilidad y sosiego que hablaba, no parecía importarle en lo absoluto su fallecimiento. Conforme seguía acercándose a vosotras, su cara, anteriormente escondida en las sombras de la habitación, empezaba a salir a la luz, revelando a un hombre de mediana edad, con múltiples arrugas y facciones muy marcadas. Su piel azul grisácea, hacía un perfecto contraste con su penetrante mirada de color amarillo y su pelo de color verde, salvo dos mechones, estaba bien peinado hacia un lado. Su ropa azul denotaba elegancia y poder, sobre todo económico. El atractivo señor comenzó a aplaudir sin detenerse.- Si es verdad que habéis matado a Sadine y Marvin, GWAHAHAHAHA ¡bravo! – Dejó de aplaudir y se paró en seco, a 6 metros de vosotras, al mismo tiempo que ponía su siniestra en su pecho y extendía su diestra hacia vosotras.- Hijas, ¿qué os parecería pasar a estar bajo mi mando, el gran capitán, Glatus? – Efectivamente, frente a vosotras teníais el motivo por el cuál habíais aceptado aquella misión, detener a Glatus “Piel Azul”.

IMAGEN DE GLATUS


RESUMEN DEL TURNO

PERSONAJES


INFO DEL NARRADOR
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RE: [Aventura T2 - Presente Absoluto] - "Piel Azul" Glatus - por Kevin Fojobs - 25-11-2023, 07:38 PM

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