09-06-2026, 03:56 PM
El robot había ido directo a por Tobías, sin prestar más atención al disparo que me había hecho. En medio de su recorrido, vi cómo este se dio de lleno contra la presión que ejercía el vaquero, lanzándolo contra la pared y estrellándose contra ésta de manera brusca. El impacto había sido tan fuerte que solo pude asentir impresionada al ver que le había encajado en la pared de un solo golpe. Ni las mayores coces de res conseguirían romper algo que no fuera un simple contrachapado. Con Triana envuelta en llamas, Tobías comenzó a aplastar su cabeza poco a poco como si fuera un escarabajo pelotero compactando una bola de estiércol entre sus patas.
Sin que él pudiera hacer nada, Triana se lanzó a rajarle la cara con sus katanas. Tras el corte, se podían ver lo que había debajo de esa piel falsa, y no era más que un puñado de cables y cosas tecnológicas. Como si estuviera loco o hubiese perdido el juicio por completo, aquel robot gritó algo de un protocolo. Según nos gritaba, todas las grabaciones se iban a enviar a la marina y todos sabrían lo que habíamos hecho. Esa parte no me preocupaba porque era lo que todos esperaban. Lo que no me gustó una escama, era que por ello fueran a ejecutar a Yojimbo. Me quedé en blanco y mis ojos se abrieron exageradamente a cada palabra que decía, como que nuestras recompensas se volverían altas y que todos los cazadores vendían a por nuestros pescuezos. Sentí que, en sus últimos momentos de vida, nos estaba echando una especie de maldición de mala entraña, así que comencé a guardar mis cosas con disimulo. Si eso era cierto, en menos de lo que cantaba un grillo tendríamos a gente muy poderosa de la marina esperándonos en la puerta. ¿Merecía la pena? Hoy no. Y menos sabiendo que Jimba sería la primera en toparse con ellos.
Cuando ya estaba a punto de dar media vuelta para ir a rescatarla, la luz de su pecho comenzó a brillar con más intensidad hasta que explotó. Un fogonazo de calor inundó la sala sin que pudiera cubrirme con nada. Durante un tiempo no supe ni dónde estaba. Solo me veía a mí misma corriendo por el campo rodeada de vacas, una fila de gansos y un tejón mordisqueándome una bota. Fui feliz hasta que volví en mí. La explosión me había dejado tan perjudicada que me tambaleé un poco antes de recobrar la consciencia. Todo daba vueltas, igual que cuando participamos en aquel rodeo en Toko y me caí del toro que nos llevaba. Con un par de toques me aseguré de que seguía de una pieza y, aunque había vuelto a mi forma humana, todo seguía donde tenía que estar.
- ¿¡Estáis todos bien!? –Corrí como pude hasta la puerta, preocupada por si se le había ocurrido explotar los alrededores o nuestro barco. Pero lo que había dicho de Yojimbo no dejaba de resonar en mi cabeza. –Lo de que van a ejecutar a Yojimbo será un farol, ¿¡no!? ¡Aún no ha respondido a ninguna de mis cartas! –cartas que, durante meses, me había dedicado a escribirle y que entregaba a Jimba para que las llevara volando a Impel Down. Como siempre desaparecían, supuse que las entregaba por las noches.
Tobías dijo que los demás estaban bien, así que algo menos de lo que preocuparse. No me lo iba a pensar dos veces, si el plan era escapar cuanto antes, me parecía perfecto. Pese a la explosión y nuestra rápida huida hacia el exterior, ya podíamos decir que ese territorio era nuestro. Nos llevaría tiempo reconstruirlo y mejorarlo, pero nos lo habíamos ganado limpiamente a pulso.
Sin que él pudiera hacer nada, Triana se lanzó a rajarle la cara con sus katanas. Tras el corte, se podían ver lo que había debajo de esa piel falsa, y no era más que un puñado de cables y cosas tecnológicas. Como si estuviera loco o hubiese perdido el juicio por completo, aquel robot gritó algo de un protocolo. Según nos gritaba, todas las grabaciones se iban a enviar a la marina y todos sabrían lo que habíamos hecho. Esa parte no me preocupaba porque era lo que todos esperaban. Lo que no me gustó una escama, era que por ello fueran a ejecutar a Yojimbo. Me quedé en blanco y mis ojos se abrieron exageradamente a cada palabra que decía, como que nuestras recompensas se volverían altas y que todos los cazadores vendían a por nuestros pescuezos. Sentí que, en sus últimos momentos de vida, nos estaba echando una especie de maldición de mala entraña, así que comencé a guardar mis cosas con disimulo. Si eso era cierto, en menos de lo que cantaba un grillo tendríamos a gente muy poderosa de la marina esperándonos en la puerta. ¿Merecía la pena? Hoy no. Y menos sabiendo que Jimba sería la primera en toparse con ellos.
Cuando ya estaba a punto de dar media vuelta para ir a rescatarla, la luz de su pecho comenzó a brillar con más intensidad hasta que explotó. Un fogonazo de calor inundó la sala sin que pudiera cubrirme con nada. Durante un tiempo no supe ni dónde estaba. Solo me veía a mí misma corriendo por el campo rodeada de vacas, una fila de gansos y un tejón mordisqueándome una bota. Fui feliz hasta que volví en mí. La explosión me había dejado tan perjudicada que me tambaleé un poco antes de recobrar la consciencia. Todo daba vueltas, igual que cuando participamos en aquel rodeo en Toko y me caí del toro que nos llevaba. Con un par de toques me aseguré de que seguía de una pieza y, aunque había vuelto a mi forma humana, todo seguía donde tenía que estar.
- ¿¡Estáis todos bien!? –Corrí como pude hasta la puerta, preocupada por si se le había ocurrido explotar los alrededores o nuestro barco. Pero lo que había dicho de Yojimbo no dejaba de resonar en mi cabeza. –Lo de que van a ejecutar a Yojimbo será un farol, ¿¡no!? ¡Aún no ha respondido a ninguna de mis cartas! –cartas que, durante meses, me había dedicado a escribirle y que entregaba a Jimba para que las llevara volando a Impel Down. Como siempre desaparecían, supuse que las entregaba por las noches.
Tobías dijo que los demás estaban bien, así que algo menos de lo que preocuparse. No me lo iba a pensar dos veces, si el plan era escapar cuanto antes, me parecía perfecto. Pese a la explosión y nuestra rápida huida hacia el exterior, ya podíamos decir que ese territorio era nuestro. Nos llevaría tiempo reconstruirlo y mejorarlo, pero nos lo habíamos ganado limpiamente a pulso.
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