[Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres
#8
—Pequeño monito, dime, ¿dónde están mis cosas? — Sigrid llevó ambas manos a la cintura con toda la autoridad que una buccaner desnuda y cubierta únicamente por vendas podía transmitir. El pequeño mono la observó unos instantes, aún sujetando la cuchara como si fuera un sable legendario. La vikinga no tenía la menor idea de si la criatura entendía una sola palabra de lo que decía, pero sí entendió otra cosa, era un cobarde. En cuanto la mirada del animal se dirigió hacia la salida de la tienda improvisada, Sigrid supo exactamente cuáles eran sus intenciones. —¡Eh, mono culiao! ¡Regresa aquí! — El pequeño simio salió disparado hacia el exterior. Sigrid intentó ir detrás de él, pero el mareo provocado por el veneno todavía seguía presente y apenas dio dos pasos antes de detenerse.
 
Fue entonces cuando escuchó el sonido metálico que atravesó su cabeza con la precisión de una flecha, no era cualquier sonido. Sus ojos se abrieron de golpe. Era imposible confundirlo, el acero de su alabarda había golpeado contra roca, pero había algo peor. La forma en que había sonado, la vibración había sido incorrecta, el peso mal distribuido, el impacto descuidado. Aquel no era el sonido de alguien que respetara el arma, aquel era el sonido de alguien maltratándola. —No.— Otro golpe se escuchó y después risa, la expresión de Sigrid se petrificó, mientras con pasos todavía algo torpes, atravesó la entrada de la tienda. La claridad del exterior golpeó sus ojos y el mareo amenazó con hacerla caer hacia adelante, pero entonces vio la escena frente a ella y algo dentro de la vikinga murió un poco.
 
Cinco simios, no, no, no cinco criminales, tampoco, lo que era para ella en ese momento eran cinco desgracias de la naturaleza. Uno de ellos estaba masticando utensilios de su botiquín, doblando pinzas y probando con los dientes diferentes herramientas médicas como si fueran juguetes, otro llevaba puesto el uniforme de marine de Sigrid, demasiado grande incluso para él, arrastrándolo por el barro mientras corría en círculos completamente feliz, dos más sostenían la inmensa alabarda, su propia alabarda, la golpeaban contra piedras, intentaban cortar troncos de maneras absurdas y se la pasaban entre ellos entre chillidos y carcajadas. El quinto observaba el espectáculo desde una roca usando el casco vikingo como si fuera un recipiente para frutas. La vena de la frente de Sigrid comenzó a palpitar, sus ojos se clavaron sobre la alabarda, el arma que había empuñado desde la adolescencia. La que había pertenecido a generaciones anteriores de su familia, la que había acompañado cada batalla, cada misión y cada paso de su vida como marine. La estaban usando para jugar.
 
No había risas en el rostro de la vikinga, no hubo una sonrisa amable, ni siquiera un comentario optimista. Sigrid dio un paso al frente y hasta el otro lado del complejo pudo escucharse las vendas crujiendo bajo la tensión de sus músculos. —Escuchen pedazos de anormales con cara de mono— habló con una calma inusual mientras sus ojos permanecían fijos en los simios —Voy a contar hasta tres. — Su voz sonó sorprendentemente seria. —Y cuando termine de contar me devolverán mi alabarda, mi uniforme y mi botiquín. — Un silencio incómodo se instaló durante unos segundos, pero los monos continuaron jugando. La vena de la frente de Sigrid volvió a palpitar. —Uno.—
 
Los simios se detuvieron en seco al escuchar el tres de Sigrid. Poco a poco giraron la cabeza hacia ella y la observaron de arriba abajo y siendo honestos, la imagen era bastante intimidante. Una buccaner de cuatro metros de altura, cubierta únicamente por vendas, con músculos capaces de partir árboles y una expresión que rara vez mostraba. Aun así, aunque el miedo apareció en sus rostros, no alcanzó el nivel del pequeño monito de la cuchara. Los cinco intercambiaron miradas y, para horror absoluto de la vikinga, comenzaron a aferrarse aún más a las pertenencias robadas. —¿Van a obligarme a hacer esto?— preguntó mientras flexionaba los dedos de una mano y luego los del otro puño. —Porque me costó mucho conseguir algunas de esas medicinas— Uno de los simios golpeó nuevamente la alabarda contra el suelo, la vena en la frente de Sigrid palpitó con violencia. —Y ese uniforme lo tuve que lavar yo misma.— Los monos comenzaron a separarse unos de otros.  Sigrid respiró profundamente. —No quería arruinar mi día libre.— comentó mientras adelantaba una pierna, pero justo cuando el primer simio pareció dispuesto a lanzarse hacia ella, una presencia completamente nueva irrumpió en la escena.
 
El bosque se silenció. Los cinco monos abrieron enormemente los ojos y Sigrid parpadeó confundida. —¿Hm? — Entre la vegetación apareció otro simio, no, no, Akira le había explicado, este era un orangután enorme. Su pelaje rojizo caía sobre unos hombros anchos y robustos, y su sola presencia bastó para congelar a todos los demás. Caminaba lentamente apoyándose sobre los nudillos, con una tranquilidad impropia de una criatura salvaje. Sigrid ladeó la cabeza. —Akira-chan habría sabido qué hacer aquí.— murmuró para sí misma. —Seguro hacía eso raro que hizo con Gorgie y todos terminaban haciendo tonterías. —Para sorpresa absoluta de la vikinga, los otros simios soltaron todo lo que tenían entre manos. Acto seguido, todos se arrodillaron al unísono inclinando la cabeza frente al recién llegado.
 
—¡Gran Patriarca Ladit Ladis! — exclamaron con absoluta devoción. Sigrid observó la escena durante varios segundos, luego miró al enorme orangután, después a los monos postrados y finalmente volvió a mirar al orangután. —¿Patriarca? — preguntó. La vikinga llevó una mano al pecho desnudo y sonrió con total naturalidad. —¡Yo soy Sigrid Birkisson, doctora aprobada por la Marina y el Gobierno Mundial! — anunció con orgullo. —Y ellos estaban maltratando mi alabarda. — añadió señalando a los simios arrodillados.
 
Hizo una breve pausa antes de levantar ligeramente una ceja. Los simios seguían arrodillados, temblando ante la presencia del enorme orangután mientras recuperaban poco a poco la compostura suficiente para obedecer y entonces Sigrid sonrió, una sonrisa enorme, orgullosa. Con ambas manos apoyadas en la cintura y el pecho inflado de confianza, la vikinga asintió con fuerza. —¡Exacto! — exclamó como si acabara de entender perfectamente la situación. —¡Devuelvan las cosas a su futura reina! — El silencio se apoderó del lugar, los simios comenzaron a moverse. Uno recogió cuidadosamente el uniforme, otro cargó el botiquín. Los dos que habían estado maltratando la alabarda se acercaron con la cabeza inclinada, sosteniéndola con una delicadeza que antes parecía imposible. Sigrid observó la escena completamente satisfecha. —VIKYKYKYKYKY, así está mucho mejor.— comentó mientras tomaba su alabarda entre las manos. Sus dedos recorrieron la asta revisando posibles daños y, al comprobar que el arma seguía entera, soltó un enorme suspiro de alivio. —Ay, menos mal. Ya estaba pensando en quién iba a pagar las reparaciones. —
 
 Luego recuperó el botiquín e Inspeccionó su contenido, tal cual como lo esperaba, las pinzas estaban dobladas, absolutamente todos los frascos desordenados, las vendas ni se diga, parecían estar desaparecidas. La vena de su frente volvió a palpitar. —Vamos a ignorar esto por ahora.— murmuró con una sonrisa forzada. Sin embargo, algo finalmente alcanzó a su cerebro. La vikinga parpadeó y luego giró lentamente la cabeza hacia el enorme orangután. —Espera. — Miró a los simios, volvió a mirar al orangután, luego señaló hacia sí misma con un dedo. —¿Cómo que futura reina? — toda la seguridad desapareció de golpe. —¡Espera, espera!— exclamó, dando un paso hacia atrás. —¡¿Qué parte de esta conversación me perdí?!— Los simios continuaban inclinándose respetuosamente mientras le entregaban cada una de sus pertenencias.
 
—¡No, no, no! ¡Yo soy marine! — continuó agitando ambas manos. —¡Y doctora! y vikinga! ¡No tengo tiempo para ser reina! — El pequeño mono de la cuchara reapareció detrás del grupo y también se inclinó ante ella. Sigrid abrió los ojos como platos. —¡Tú también no! — Apretó con fuerza la alabarda contra su pecho mientras observaba a todos los presentes con genuina confusión. —¿Las reinas tienen vacaciones? — preguntó de pronto, completamente seria. —Porque esto empezó siendo mi día libre y siento que se está complicando muchísimo. — La enorme buccaner miró al cielo durante unos segundos, luego bajó la vista hacia el Gran Patriarca Ladit Ladis.
 
—Y otra pregunta importante.— comentó señalando a los demás monos. —¿Quién fue exactamente el genio que decidió que yo sería reina?— Hizo una pausa, porque Sigrid no ha sido nunca la mas inteligente de su grupo, es dedicada si, amable, también, pero inteligente, bueno, eso se podría cuestionar un poco.  Su expresión se volvió sospechosamente esperanzada. —¿Y eso viene con corona?— Sigrid preguntó mientras se acercaba al Orangutan. 

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RE: [Aventura T3][Presente Absoluto] Hasta los héroes tienen días libres - por Sigrid Birkisson - 09-06-2026, 09:40 PM

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