10-06-2026, 07:19 PM
—¿Mi culpa dices? — La pregunta salió cargada de incredulidad. de rabia, de esa clase de indignación que nace cuando alguien intenta culpar a otro por algo que ambos saben perfectamente quién provocó. Miré alrededor y toda aquella multitud que hacía apenas unos instantes parecía despertar había vuelto a convertirse en una estampida aterrorizada. Hombres, mujeres y niños corrían buscando refugio mientras el sonido de los disparos seguía resonando entre las calles y en medio de todo aquello Marie. La anciana Marie, tirada en el suelo inmóvil y rodeada por un charco de sangre. Mis orejas descendieron lentamente, mi sonrisa desapareció por completo. — Míralos. — dije señalando a la gente que huía. — ¿Eso es lo que llamas orden? ¿Eso es lo que tanto defiendes? Personas aterradas corriendo por sus vidas porque alguien decidió abrir fuego contra su propio pueblo. — Giré la vista hacia el pequeño hombre del mostacho, ya ni siquiera parecía enfadado.
Parecía decepcionado. — ¿Mi culpa? — repetí. — Yo di un discurso y tú disparaste. — Di un paso hacia adelante. — Yo hablé de hambre y tú creaste cadáveres. —Luego di un paso más. — Yo pedí que pensaran y tú respondiste con balas. — Mi voz comenzó a elevarse nuevamente, porque jamás podía quedarme callado cuando veía una injusticia. — ¡¿QUÉ MALDITO GOBIERNO ASESINA A SUS ANCIANOS?! — rugí señalando el cuerpo de Marie. — ¡RESPONDE ESO! ¡Porque yo todavía no he visto a Louis dispararle a nadie! ¡No he visto al gyojin matar a nadie! ¡Y tampoco he visto a Marie amenazar al reino! — Extendí ambos brazos hacia la plaza. — ¡Pero sí acabo de ver a representantes de este gobierno disparar contra su propio pueblo! ¡Eso sí lo vi! ¡Todos lo vimos! — La sangre me hervía, pero incluso así, seguía siendo yo, no quería que entendieran que estaba enfadado, quería que entendieran que estaban equivocados.
— ¡Escúchame bien! — señalé directamente al hombre. — El problema de ustedes es que creen que la autoridad les da la razón. ¡Y no funciona así! Una corona no convierte a un hombre en justo. Un uniforme no convierte a un hombre en bueno. ¡Y un fusil definitivamente no convierte una mentira en verdad! — Entonces señalé nuevamente a Marie. — Porque al final del día ella está muerta y eso ya nadie puede ocultarlo con discursos, uniformes o decretos. — Mi mirada permaneció fija sobre él.
— Dime, cuando regreses al palacio esta noche, ¿también vas a culpar a una anciana por haber recibido el disparo? ¿O vas a admitir por una vez quién apretó el gatillo? — Ni siquiera esperé una respuesta Porque ya había escuchado suficiente. Mis piernas se tensaron y salí disparado hacia adelante en un sprint explosivo, levantando polvo y escombros bajo mis pies mientras la distancia entre nosotros desaparecía rápidamente, pero incluso mientras corría, seguía hablando, porque ese es mi estilo de pelea, no puedo pelear en silencio y menos cuando el pueblo amerita escuchar que alguien lo defiende. — ¡¿Sabes cuál es tu problema?! — rugí mientras avanzaba. — ¡Que llevas tanto tiempo obedeciendo órdenes que olvidaste pensar por tu cuenta! — Mi enorme puño se cerró con fuerza. — ¡Mira a tu alrededor! ¡Mira lo que has defendido! ¡Un pueblo hambriento, inocentes en una horca y una anciana muerta en medio de una plaza! — y entonces lancé el golpe directo hacia su rostro, pequeño rostro, pero rostro, al fin y al cabo
— ¡Y QUE ME APRESEN SI QUIEREN! — bramé mientras descargaba toda la fuerza de aquel puñetazo. — ¡PORQUE HOY VAS A ESCUCHAR TODO LO QUE EL PUEBLO LLEVA AÑOS INTENTANDO DECIRTE! — Mis orejas permanecían completamente erguidas, mi sangre hervía, pero no estaba golpeando simplemente por rabia. Estaba golpeando porque, en mi mente, hombres como aquel eran el muro que impedía que el pueblo pudiera ser escuchado. — ¡LA REVOLUCIÓN NO EXISTE PORQUE LA GENTE AME PELEAR! — continué rugiendo mientras mantenía la presión sobre él. — ¡EXISTE PORQUE PERSONAS COMO TÚ HACEN QUE HABLAR DEJE DE SER SUFICIENTE! — y por encima del caos, de los gritos y de los disparos que todavía resonaban en la plaza, mi voz volvió a imponerse una vez más.
Quedarme quieto era una estupidez, retrocedí de un salto y giré sobre mis talones, fijando la vista en la plataforma donde seguían los condenados. Mis orejas permanecían completamente erguidas, captando gritos, y el caos que aún seguía extendiensose por toda la plaza. Entonces vi a Louis y recordé exactamente por qué estaba allí. — ¡LOUIS, NO TE ME MUERAS TODAVÍA! ¡AÚN NO HEMOS TERMINADO DE MOLESTAR A ESTE REINO! —Salí disparado hacia la horca, no tenía la daga, la había perdido en el caos anterior y normalmente eso seria un problema, pero soy un conejo y los conejos llevan siglos resolviendo problemas con los dientes, incluso mucho antes de que alguien inventara las dagas. Me lancé contra las cuerdas y sujeté la soga con ambas manos mientras inclinaba la cabeza. Abrí la mandíbula y clavé los dientes sobre la cuerda hasta que esta se partió.
— ¡ESO ES! ¡ESO ES! ¡ESO ES EXACTAMENTE LO QUE QUERÍA VER! — exclamé casi celebrándolo mientras lo ayudaba a recuperar el equilibrio. — ¡¿VES?! ¡NI SIQUIERA UNA HORCA BIEN CONSTRUIDA PUEDEN HACER! ¡Y PRETENDEN GOBERNAR UN REINO! — La situación era desesperada, los guardias seguían movilizándose y viendo la cara del enano ese los disparos podían volver en cualquier momento. — ¡Vamos, compañero! — le dije a Louis mientras me colocaba entre él y los guardias. — ¡La revolución todavía tiene demasiadas reuniones pendientes como para dejar que te cuelguen hoy! —
Parecía decepcionado. — ¿Mi culpa? — repetí. — Yo di un discurso y tú disparaste. — Di un paso hacia adelante. — Yo hablé de hambre y tú creaste cadáveres. —Luego di un paso más. — Yo pedí que pensaran y tú respondiste con balas. — Mi voz comenzó a elevarse nuevamente, porque jamás podía quedarme callado cuando veía una injusticia. — ¡¿QUÉ MALDITO GOBIERNO ASESINA A SUS ANCIANOS?! — rugí señalando el cuerpo de Marie. — ¡RESPONDE ESO! ¡Porque yo todavía no he visto a Louis dispararle a nadie! ¡No he visto al gyojin matar a nadie! ¡Y tampoco he visto a Marie amenazar al reino! — Extendí ambos brazos hacia la plaza. — ¡Pero sí acabo de ver a representantes de este gobierno disparar contra su propio pueblo! ¡Eso sí lo vi! ¡Todos lo vimos! — La sangre me hervía, pero incluso así, seguía siendo yo, no quería que entendieran que estaba enfadado, quería que entendieran que estaban equivocados.
— ¡Escúchame bien! — señalé directamente al hombre. — El problema de ustedes es que creen que la autoridad les da la razón. ¡Y no funciona así! Una corona no convierte a un hombre en justo. Un uniforme no convierte a un hombre en bueno. ¡Y un fusil definitivamente no convierte una mentira en verdad! — Entonces señalé nuevamente a Marie. — Porque al final del día ella está muerta y eso ya nadie puede ocultarlo con discursos, uniformes o decretos. — Mi mirada permaneció fija sobre él.
— Dime, cuando regreses al palacio esta noche, ¿también vas a culpar a una anciana por haber recibido el disparo? ¿O vas a admitir por una vez quién apretó el gatillo? — Ni siquiera esperé una respuesta Porque ya había escuchado suficiente. Mis piernas se tensaron y salí disparado hacia adelante en un sprint explosivo, levantando polvo y escombros bajo mis pies mientras la distancia entre nosotros desaparecía rápidamente, pero incluso mientras corría, seguía hablando, porque ese es mi estilo de pelea, no puedo pelear en silencio y menos cuando el pueblo amerita escuchar que alguien lo defiende. — ¡¿Sabes cuál es tu problema?! — rugí mientras avanzaba. — ¡Que llevas tanto tiempo obedeciendo órdenes que olvidaste pensar por tu cuenta! — Mi enorme puño se cerró con fuerza. — ¡Mira a tu alrededor! ¡Mira lo que has defendido! ¡Un pueblo hambriento, inocentes en una horca y una anciana muerta en medio de una plaza! — y entonces lancé el golpe directo hacia su rostro, pequeño rostro, pero rostro, al fin y al cabo
— ¡Y QUE ME APRESEN SI QUIEREN! — bramé mientras descargaba toda la fuerza de aquel puñetazo. — ¡PORQUE HOY VAS A ESCUCHAR TODO LO QUE EL PUEBLO LLEVA AÑOS INTENTANDO DECIRTE! — Mis orejas permanecían completamente erguidas, mi sangre hervía, pero no estaba golpeando simplemente por rabia. Estaba golpeando porque, en mi mente, hombres como aquel eran el muro que impedía que el pueblo pudiera ser escuchado. — ¡LA REVOLUCIÓN NO EXISTE PORQUE LA GENTE AME PELEAR! — continué rugiendo mientras mantenía la presión sobre él. — ¡EXISTE PORQUE PERSONAS COMO TÚ HACEN QUE HABLAR DEJE DE SER SUFICIENTE! — y por encima del caos, de los gritos y de los disparos que todavía resonaban en la plaza, mi voz volvió a imponerse una vez más.
Contenido Oculto
Quedarme quieto era una estupidez, retrocedí de un salto y giré sobre mis talones, fijando la vista en la plataforma donde seguían los condenados. Mis orejas permanecían completamente erguidas, captando gritos, y el caos que aún seguía extendiensose por toda la plaza. Entonces vi a Louis y recordé exactamente por qué estaba allí. — ¡LOUIS, NO TE ME MUERAS TODAVÍA! ¡AÚN NO HEMOS TERMINADO DE MOLESTAR A ESTE REINO! —Salí disparado hacia la horca, no tenía la daga, la había perdido en el caos anterior y normalmente eso seria un problema, pero soy un conejo y los conejos llevan siglos resolviendo problemas con los dientes, incluso mucho antes de que alguien inventara las dagas. Me lancé contra las cuerdas y sujeté la soga con ambas manos mientras inclinaba la cabeza. Abrí la mandíbula y clavé los dientes sobre la cuerda hasta que esta se partió.
— ¡ESO ES! ¡ESO ES! ¡ESO ES EXACTAMENTE LO QUE QUERÍA VER! — exclamé casi celebrándolo mientras lo ayudaba a recuperar el equilibrio. — ¡¿VES?! ¡NI SIQUIERA UNA HORCA BIEN CONSTRUIDA PUEDEN HACER! ¡Y PRETENDEN GOBERNAR UN REINO! — La situación era desesperada, los guardias seguían movilizándose y viendo la cara del enano ese los disparos podían volver en cualquier momento. — ¡Vamos, compañero! — le dije a Louis mientras me colocaba entre él y los guardias. — ¡La revolución todavía tiene demasiadas reuniones pendientes como para dejar que te cuelguen hoy! —
Un Saltito a la Revolución (Off)
