12-06-2026, 12:13 AM
Bambú se había abandonado a sus ensoñaciones más profundas. Con los ojos cerrados, en aquel pabellón de entrenamiento, levantaba sin pensarlo aquellas pesas improvisadas una y otra y otra vez. Por su cabeza pasaban las caras de los miembros más recientes del escuadrón al que él pertenecía. Berry, Shirohime, Dean y Kelvin. Hacía ya día y medio que había revisado todos los informes con Kisuke y habían concluido que eran los más adecuados, aunque a decir verdad, había muchos candidatos con un enorme potencial. El secreto era que no había una decisión incorrecta y que en manos del comandante y del mariscal, cualquier joven promesa podría convertirse en una figura relevante para el Ejército. Una sonrisa cruzó su rostro ante la mera idea de haber llegado tan lejos. Se vio a sí mismo, un joven panda con unas ideas muy claras pero poco más que eso en su primera misión. Aquel fue el día que obtuvo su misterioso poder, el cual había estado descuidando últimamente en pos de potenciar sus atributos espirituales. Se acercaba el momento, sin embargo, en el que tendría que volver a dedicarse en cuerpo y alma a potenciar los poderes de su fruta del diablo: la Oshi Oshi no mi.
Pero aquel no era el momento. No quería causar estragos en la base revolucionaria sin necesidad. —Bueno, con esto no hago nada más. —Dobló su espalda ligeramente, flexionando sus enorme piernas para bajar poco a poco las barras de metal que llevaba en sus manos. El suelo hizo un sonido preocupante cuando el panda depositó las pesas en el suelo, pero por suerte no se cargó la tarima y pudo proceder a desmontar las pesas de la barra y a ordenarlas por tamaños y peso en el suelo al lado de las barras, ahora desnudas. Una vez todas estuvieron ordenadas, el panda las fue llevando por grupos a sus respectivos hogares, no muy lejos de la puerta desde la que le espiaba un jovenzuelo al cual no podía ver ni sentir. No se imaginaba siquiera que alguien pudiera estar espiándole a esas horas de la noche, de modo que no se molestó en activar el Kenbunshoku. Una vez las pesas y las barras estuvieron colocadas donde debían, el panda regresó a su esterilla y empezó a hacer abdominales, ejercitando el vientre sobre el que tenía una terrorífica cicatriz relampagueante, recuerdo de su pelea con Nottingham.
Tal vez si seguía así, podría empezar a sudar un poco.
Pero aquel no era el momento. No quería causar estragos en la base revolucionaria sin necesidad. —Bueno, con esto no hago nada más. —Dobló su espalda ligeramente, flexionando sus enorme piernas para bajar poco a poco las barras de metal que llevaba en sus manos. El suelo hizo un sonido preocupante cuando el panda depositó las pesas en el suelo, pero por suerte no se cargó la tarima y pudo proceder a desmontar las pesas de la barra y a ordenarlas por tamaños y peso en el suelo al lado de las barras, ahora desnudas. Una vez todas estuvieron ordenadas, el panda las fue llevando por grupos a sus respectivos hogares, no muy lejos de la puerta desde la que le espiaba un jovenzuelo al cual no podía ver ni sentir. No se imaginaba siquiera que alguien pudiera estar espiándole a esas horas de la noche, de modo que no se molestó en activar el Kenbunshoku. Una vez las pesas y las barras estuvieron colocadas donde debían, el panda regresó a su esterilla y empezó a hacer abdominales, ejercitando el vientre sobre el que tenía una terrorífica cicatriz relampagueante, recuerdo de su pelea con Nottingham.
Tal vez si seguía así, podría empezar a sudar un poco.
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