13-06-2026, 05:44 PM
Karl titubeó al hablar y, cuando lo hizo, lo hizo despacio. La escuché mencionar a Joe con una voz triste que luego se recomposo sola, yendo del horizonte a nosotros y de nosotros al horizonte con la mirada mientras el tarro seguía entre sus manos a dos metros de mí. Cuando dijo que Joe era como el hermano mayor que nunca tuvo no respondí. A veces la gente no busca ni necesita una respuesta, a veces simplemente hace falta alguien que escuche y ya. El Nuevo Mundo seguía indiferente a todo aquello. El viento del oeste soplaba con la misma calma de las últimas horas, moviendo apenas las velas del Eidfrost lo suficiente para mantener el rumbo sin que nadie tuviera que intervenir. En el horizonte las últimas franjas de luz naranja se estrechaban lentamente, empujadas hacia abajo por un cielo que se oscurecía de forma uniforme de este a oeste, sin nubes que lo complicaran, sin tormentas que lo interrumpieran. Un ocaso tranquilo en el Nuevo Mundo era algo tan extraño que casi incomodaba disfrutarlo sin desconfiar de la calma.
Viktor se incorporó de su posición en el suelo con gracia. Lo vi transformarse en humano (o mejor dicho destranformarse en lobo) a poco más de metro y medio de distancia, volviendo a su forma humana con el chaleco desabrochado a la altura de la clavícula, y caminar hacia el barril para tomar uno de los tarros que yo había llenado antes. Seria un suceso que me hubiese impactado si no fuera por el entrenamiento que tuvimos juntos donde aprendi que el peliblanco tenia aquellos poderes raros como los tenian Karl y Apolo. Lo levantó por encima de su cabeza y habló con una voz que sonó diferente a todo lo que había dicho hasta entonces, más densa, más asentada. Me puse de pie despacio, enderezando los casi tres metros de altura que tengo y que sobre la cubierta siempre hacen que tenga que calcular cuánto espacio tengo sobre mi cabeza antes de moverme. Tomé mi tarro del barril, que quedaba a unos tres metros de donde estaba apoyado en la barandilla, y lo levanté también cuando Viktor hizo la pausa antes de pronunciar el nombre de Joe — "Kanpai" — la cerveza olía a cebada fresca, como lo debe hacer una buena cerveza.
Bebí junto a ellos disfrutando de la cerveza que estaba más fría que al principio, el aire de cubierta había hecho su trabajo durante la última media hora. Viktor vació su tarro de un trago largo, lo dejó sobre la tapa del barril con un golpe suave y se giró hacia el puente sin decir nada más. Lo vi caminar unos diez metros hasta que la puerta que daba al interior del barco se cerró detrás de él con un sonido sordo. El Eidfrost crujió levemente en ese momento, como si el barco también quisiera decir algo pero no supiera cómo. Mientras tanto, yo me quedé con Karl. La cubierta era solo nuestra ahora, y el barril, y lo que quedaba de luz antes de que el sol terminara de desaparecer. A unos veinte metros de distancia, en el extremo de popa, una gaviota del Nuevo Mundo se había posado sobre la barandilla sin que ninguno de los dos la hubiera visto llegar. Permaneció ahí quieta unos segundos, mirándonos con indiferencia y luego se marchó batiendo las alas hacia el oeste, en dirección contraria al rumbo del barco. A mi derecha, a esa misma distancia de dos metros que había mantenido toda la conversación, Karl seguía con su tarro en la mano y la expresión algo más liviana que cuando la había encontrado aquí antes.
"Lo que dijiste antes... tienes razón, supongo." — dije sin mirarla, con la vista puesta en el horizonte donde Viktor había estado mirando antes — "No se habla de alguien así si no te ha dejado algo dentro. Joe nos dejó algo a todos, supongo. Aunque algunos tardemos más en darnos cuenta." — levanté el tarro una vez más, esta vez sin brindis formal, simplemente bebiendo otro trago largo mientras las primeras estrellas del Nuevo Mundo empezaban a aparecer sobre nuestras cabezas una a una, como si alguien las fuera encendiendo despacio desde algún lugar muy lejano.
Viktor se incorporó de su posición en el suelo con gracia. Lo vi transformarse en humano (o mejor dicho destranformarse en lobo) a poco más de metro y medio de distancia, volviendo a su forma humana con el chaleco desabrochado a la altura de la clavícula, y caminar hacia el barril para tomar uno de los tarros que yo había llenado antes. Seria un suceso que me hubiese impactado si no fuera por el entrenamiento que tuvimos juntos donde aprendi que el peliblanco tenia aquellos poderes raros como los tenian Karl y Apolo. Lo levantó por encima de su cabeza y habló con una voz que sonó diferente a todo lo que había dicho hasta entonces, más densa, más asentada. Me puse de pie despacio, enderezando los casi tres metros de altura que tengo y que sobre la cubierta siempre hacen que tenga que calcular cuánto espacio tengo sobre mi cabeza antes de moverme. Tomé mi tarro del barril, que quedaba a unos tres metros de donde estaba apoyado en la barandilla, y lo levanté también cuando Viktor hizo la pausa antes de pronunciar el nombre de Joe — "Kanpai" — la cerveza olía a cebada fresca, como lo debe hacer una buena cerveza.
Bebí junto a ellos disfrutando de la cerveza que estaba más fría que al principio, el aire de cubierta había hecho su trabajo durante la última media hora. Viktor vació su tarro de un trago largo, lo dejó sobre la tapa del barril con un golpe suave y se giró hacia el puente sin decir nada más. Lo vi caminar unos diez metros hasta que la puerta que daba al interior del barco se cerró detrás de él con un sonido sordo. El Eidfrost crujió levemente en ese momento, como si el barco también quisiera decir algo pero no supiera cómo. Mientras tanto, yo me quedé con Karl. La cubierta era solo nuestra ahora, y el barril, y lo que quedaba de luz antes de que el sol terminara de desaparecer. A unos veinte metros de distancia, en el extremo de popa, una gaviota del Nuevo Mundo se había posado sobre la barandilla sin que ninguno de los dos la hubiera visto llegar. Permaneció ahí quieta unos segundos, mirándonos con indiferencia y luego se marchó batiendo las alas hacia el oeste, en dirección contraria al rumbo del barco. A mi derecha, a esa misma distancia de dos metros que había mantenido toda la conversación, Karl seguía con su tarro en la mano y la expresión algo más liviana que cuando la había encontrado aquí antes.
"Lo que dijiste antes... tienes razón, supongo." — dije sin mirarla, con la vista puesta en el horizonte donde Viktor había estado mirando antes — "No se habla de alguien así si no te ha dejado algo dentro. Joe nos dejó algo a todos, supongo. Aunque algunos tardemos más en darnos cuenta." — levanté el tarro una vez más, esta vez sin brindis formal, simplemente bebiendo otro trago largo mientras las primeras estrellas del Nuevo Mundo empezaban a aparecer sobre nuestras cabezas una a una, como si alguien las fuera encendiendo despacio desde algún lugar muy lejano.

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