14-06-2026, 05:16 PM
Plantado frente aquella colosal celda, brazos en jarra, observaba con detenimiento los gruesos y desgastados barrotes, oscuros como el tizón, que penetraban la dura roca de la pared. Paradójicamente, habitar dentro de una de esas celdas se me antojaba una salvación, un lugar donde resguardarse de los peligros con los que nos habíamos estado topando durante el tedioso descenso al infierno. En aquel nivel de la prisión el calor era sofocante, lo que provocaba que pequeñas perlas de sudor comenzasen a formarse en rincones inimaginables de mi hermoso cuerpo. El pelo postizo comenzaba a perder su forma y a arremolinarse en mi frente, y la ropa me resultaba cada vez más y más molesta.
—Vivir aquí tiene que estropear muchísimo el cutis— le dije a mi acompañante al alcanzar la celda de Yojimbo, abanicándome con la diestra. Fue con esa misma mano con la que aferré el enganche de la corbata, a la altura del cuello, y lo desabroché, dejando que el fino trozo de tela se deslizase por delante de mí y callese frente mis botas.
Di un par de pasos hacia delante. El olor allí abajo era denso, rancio, carente de glamour. El silencio sepulcral se fusionaba con gritos distantes y el borboteo de la enorme cazuela de barro. Mientras caminaba, crucé mis brazos por delante del torso, deslizando mis manos por el blanco uniforme hasta alcanzar al dobladillo inferior de la camisa. La aferré y tiré de ella hacia arriba, lentamente, mostrando parte de un vientre definido y ligeramente bronceado. Continué tirando de la prenda hasta que cubrió mi rostro. Cuando acabé de sacar la camisa por la cabeza, revelando de nuevo mi cara, esta había cambiado drásticamente: la peluca de pelo rubio se había desprendido, al igual que las gruesas cejas y las facciones toscas y bobaliconas que había maquillado sobre las mías propias. Ahora mi pelo recobraba su tono verdoso, a juego con unos labios carnosos y brillantes pintados de verde oscuro.
Mi mirada, sarcástica y acentuada por un potente eyeliner negro, pasó de mi compañero, cuyo aspecto real era el de un colosal y atractivo lunarian, al interior de la oquedad rocosa que actuaba como celda del capitán. Agarré con fuerza los pantalones, remanente de aquel horrible uniforme, y tiré con fuerza para rasgarlos y desprenderme de ellos. Ahora lucía un conjunto morado de chaqueta y pantalón, con un potente escote en forma de corazón y cuello alto, bordados ambos en dorado.
—Siento la espera, marichocho-– comenté mientras sacudía mi pelo en un gesto grácil y elegante. Seguía observando el entorno, con una mezcla de asombro y asco–. Cuanta inmundicia, mi presencia aquí es como el descenso de un ángel a los infiernos, una especie de espejismo divino, ¿no crees? —Pero el enternecedor y sumamente atractivo reencuentro entre Yojimbo guapo y Yojimbo todavía aún más guapo debía esperar; las alarmas comenzaron a sonar, ya estábamos en el punto de mira—. Agh, y todavía no he podido retocarme el maquillaje…en fin— espolsé de mi hombro el polvo que había caído sobre él durante el lanzamiento de la reja de la celda de Yojimbo: acababa de presenciar una demostración del porqué del mote “El Puño”. Introduje la mano en uno de mis bolsillos y extraje un pequeño Den den Mushi, rosado y brillante—. Sí, sí, tú déjamelo a mí —abaniqué el aire con la mano, restando importancia a las palabras de El Puño.
Me aproximé a Yojimbo hijo y posé una mano sobre su hombro, mientras que con la diestra mantenía el Den Den cerca del oído. Las enormes cadenas que aferraban los miembros del capitán desprendían una energía desagradable que me repelía de forma inconsciente.
—¿Triana?¿Tri…? Ay tía, si, cuánto tiempo, ¿Cómo te va? Siempre decimos de quedar y al final nada. Bueno…sí…sí…¿qué dices? ¿Y has visto tu foto del periódico? Menudo cul... Espera un segundo, luego me lo cuentas. Estoy aquí en Impel Down… no marichocho, ¿cómo voy a estar aquí dando un concierto? He venido a rescatar al capi… No, no estoy solo. Osea, PODRÍA haberlo hecho solo pero ha venido conmigo su padre… ¿Qué padre? El de Yojimbo, ¿Quién va a ser? ¿Te acabas de despertar o es que estás borracha?
Mientras contactaba con los Alas Negras para informar de lo que estaba sucediendo, le dediqué una larga mirada a Yojimbo, como queriéndole decir que nos íbamos a ir de allí juntos, que regresaríamos a los mares, que volveríamos con la banda, y que yo iba a ser su navegante.
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![[Imagen: rvCfBMF.png]](https://imgur.com/rvCfBMF.png)

