Día 81 del año 11, Primavera - 8:00 p.m.
West Blue - Isla Toroa - Ciudad Murkhold
West Blue - Isla Toroa - Ciudad Murkhold
Después de sus aventuras del Reino de Ilisia junto al que sería su primer amigo, Panko, Kevin consiguió arribar, al fin a la Ciudad Murkhold, lugar en el que esperaba su posible nuevo puesto de trabajo. Con su siniestra, como es habitual, se ajustó su corbata, mientras que en su diestra llevaba, como siempre su maletín. Como la ciudad estaba en el interior de la isla, desde el lugar donde desembarcó, alquiló un carruaje que, cruzó el sombrío bosque hasta llegar a aquella ciudad rodeada de misterio. Toda la isla parecía respirar un aire misterioso y tétrico, al mismo tiempo que mágico y bohemio. Kevin jamás había estado antes en aquella isla, pero estaba enterado, gracias a los periódicos, que, en aquel lugar, era la cuna de numerosos artistas y, al ver el sitio pudo entender por qué. El oficinista, con la lengua sacada y con sus ojos apuntando al cielo, metió su mano izquierda en el bolsillo interior de su chaqueta, ubicado al lado derecho de la misma, con el propósito de buscar el cártel que le había llevado hasta allí.- A-aquí está - Pensó al tocar un trozo de papel doblado, mientras volvía a meter su lengua en la boca y fijaba su mirada al frente. Lo agarró, lo sacó de su bolsillo y, lo desdobló, con el objetivo de confirmar que, su contenido, decía que la "entrevista de trabajo" se daría en la posada de Ciudad Murkhold.- E-efectivamente, ¡es aquí! - Respiró aliviado el joven al ver que no había cometido otro fallo. Aprovechó para echarle otro vistazo a los retratos que venía en el folleto. Múltiples preguntas aparecían en la mente de Kevin, ¿se tratarían de sus jefas? ¿Habrían escogido a dos modelos para llamar la atención de más candidatos? ¿Tendrían de verdad esos colores de piel tan vivos? Podrían ser gyojin, así que no era imposible... Pero no era el momento de preguntarse esas tonterías, ¡ya lo descubriría el mismo! Así que, tras agitar su cabeza hacia los lados para espabilarse, se ajustó, una última vez su corbata, y emprendió su caminata hacia la posada.
Tras preguntar amablemente a tres ciudadanos, que uno de ellos le escupieran y que otro pasara de él, el pobre desgraciado consiguió llegar a la posada. El edificio, que al verlo, podía tener perfectamente 100 años de antigüedad, tenía la fachada gris y estaba lleno de enredaderas que caían del tejado. Al entrar por la puerta, estaba una pequeña sala que correspondía al vestíbulo, en el cuál se ubicaba el recepcionista, un hombre de, mínimo, 40 tacos, que estaba hurgándose la nariz mientras leía, lo que parecía ser, una revista. Kevin, al no saber en que habitación se daría el encuentro, fue al hombre detrás del mostrador a preguntarle.- Di-disculpe, señor.- Llamó su atención mientras volvía a sacar el folleto donde aparecían los rostros de sus posibles jefas. Al volver a extraerlo de su chaqueta, se lo mostró al hombre, el cual se sacó su dedo de su orificio nasal.- ¿Sabe si, en esta posada, se encuentran estas dos personas?- El recepcionista se llevó su diestra a la barbilla, y se quedó un rato dubitativo.- Hmmm, diría que se hospedan en la habitación 4, de la planta dos.- Volvió a fijar su mirada en la revista.- Ge-genial, ¡muchas gracias, señor! - Una vez que conocía la habitación, Kevin subió por las escaleras y se dirigió hacia la puerta marcada por el número cuatro. Nervioso, inspiró y expiró para intentar calmarse, y se ajustó, una vez más, su corbata con su mano izquierda. Seguidamente, con la misma mano cerrada, tocó a la puerta, ¿qué le depararía en esa habitación?
RESUMEN DEL TURNO
KARMAS
