[Presente Relativo — Entrenamiento] Un panda!!
#6
Bambú observó inmóvil cómo se movía Shiryuko. Lentamente llevó su mano derecha a la empuñadura de su espada, de la cual desconocía el nombre o si tenía uno siquiera. Seguramente, pensó, el samurái la llamaba de alguna forma. Era costumbre entre los espadachines como Kisuke y Kovashi el nombrar las armas que portaban. Qué demonios, incluso él tenía un arma con nombre. Su confiable Preypiercer, un arma diseñada específicamente para acabar con bestias empuñada por una bestia. Se preguntó si la espada de aquel samurái también le hablaría como al parecer lo hacían las de su comandante y su ex-camarada. Y también se preguntó si llegaría el día en el que formaría parte del delirio colectivo que parecía vivirse en aquel mundo con armas con personalidad. Aceptó la inclinación respetuosa de su camarada y la correspondió con solemnidad. —En parte, es mi deber concedértela. —Y así pensaba. No podía pretender ostentar un rango tan alto en el Ejército y no actuar de guía para los jóvenes reclutas que recién comenzaban su aventura. ¿Qué significaría ser un mariscal si no? Vestir ropajes más caros, tener un despacho y mirar por encima del hombro a los reclutas le parecían cosas propias de los marines. En contraposición con todo ello, Bambú vestiría como siempre, dormiría donde duermen el resto de reclutas y les tendería la mano cuando estos necesitasen ayuda.

El felino samurái avanzó dos pasos con la guardia alta, al parecer ligeramente tenso con la situación. ¿Estaba nervioso ante la oportunidad de entrar con un mariscal o tenía miedo a las represalias? Ambas eran válidas. Cuando la distancia entre ambos se redujo a un metro escaso, Shiryuko hizo un movimiento sencillo con la espada. Un corte diagonal de izquierda a derecha desde arriba hacia abajo, empezando por el hombro derecho del mariscal y terminando más o menos por la cresta ilíaca izquierda de su pelvis. La espada cruzó por la piel del mink casi echando chispas al encontrarse con la dureza sobrenatural de la misma. Unos cuantos pelos salieron despedidos del torso del panda y cayeron sobre el suelo entre los combatientes. Tras su ofensiva, Shiryuko retrocedió de un salto hacia atrás una distancia de 3 metros, haciendo que el suelo emitiese un característico chillido propio de las canchas de baloncesto. —Ha sido un buen ataque, sobre todo al final. Sin ceremonias y al lío, que ningún enemigo va a quedarse quieto mientras haces piruetas extrañas. Avanzaste con demasiada precaución, eso sí. Le estarías dando una oportunidad de interrumpirte a alguien más lento que tú. —Mientras hablaba, liberaba a Preypiercer de la atadura con la que la amarraba a su espalda. La hizo girar con soltura en su mano derecha, aunque ante el ojo experto uno podría darse cuenta de que no era el arma predilecta del panda, pero no por ello era menos letal en sus manos. —Y te alejas, eso es buena idea. Uno nunca sabe qué respuesta va a recibir después de un espadazo. Por ejemplo... —Con una velocidad vertiginosa a ojos de Shiryuko, Bambú elevó a Preypiercer por encima de su hombre, sujetándola con toda su mano agarrada alrededor de su empuñadura y con su afilado final apuntando directamente al samurái. Se detuvo unos instantes en esa posición para que Shiryuko pudiera ver con claridad lo que estaba a punto de pasar.

Pero sería una sorpresa igualmente.

Con su monstruosa fuerza, Bambú golpeó el suelo que tenía delante de él y éste empezó a deformarse de forma antinatural, bamboleándose como si de repente estuviera compuesto de arcilla en lugar de madera. El pavimento avanzó despacio, pero lo suficientemente rápido como para que el samurái no pudiera reaccionar a este repentino movimiento. El bamboleo incesante y caótico del suelo le haría bailar un poco, pero en última instancia no le tiraría al suelo. —Te pillé, honhonhon. Soy usuario de una fruta muy particular, pero no te preocupes por eso. He usado la mínima fuerza necesaria para darte un susto, tampoco querríamos tirar el pabellón abajo. —Se quedó quieto en su sitio en esa posición, con la punta de Preypiercer ligeramente metida en un suelo que ya no era liso, sino que estaba lleno de minúsculas elevaciones similares a las que se forman en la madera cuando la humedad es elevada. La mano del panda descansaba sobre el extremo liso de la lanza. La llevaba casi como si fuera un bastón de viejo.

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RE: [Presente Relativo — Entrenamiento] Un panda!! - por Max D. Bambú - 16-06-2026, 12:46 PM

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