19-06-2026, 05:50 PM
El banco de megalodones impactarían de lleno en su cuerpo, perforándole y arráncandole cada pedazo de su piel como si el propio mar le estuviera devorando, observando, además, como con cada impacto de cada proyectil hacía que su cuerpo retrocediera más y más, hasta al punto de llegar hacia dónde estaba mi escritorio, tirado en el suelo.
Con cada metro que retrocedía, el agua estancada que había por el resto de la sala y que, por tanto, no estaba congelada al estar fuera del alcance de la ventisca de Viktor comenzó a sufrir las consecuencias de la gélida aura y tormenta de mi contrincante pudiendo observar, además de sentir en mis carnes, que ni el daño ni el empuje de mi técnica había sido suficiente como para poder hacer que cesara de una maldita vez aquella tormenta tan molesta. Chasquée la lengua, sin dejar de mostrar y enseñar mi hilera de dientes, que seguro que debían hacerme ver como un auténtico psicópata. Sin embargo, al ver como el hielo se tornaba rojo por su propia sangre, sonreí. Y ahora que tenía la distancia en mi mano, sólo debía seguir haciéndole un colador. O eso creía.
Cuando comencé a acumular la humedad del ambiente en ambos brazos de nuevo, la postura de Viktor pareció relajarse o, mejor dicho, con su postura parecía que su sed de sangre se incrementaba, hasta el punto de que podía oler a la mismísima muerte a través de él. Comenzó a hablarme, preguntando si sabía algo mientras empuñaba su katana envainada, añadiendo que si para mi él era el plato principal. Se equivocaba, pues no era sólo él, sino que también el héroe, Joe Joestar, era objetivo de mi venganza, una venganza que era capaz incluso de hacer que retrasase mi plan de convertirme en uno de los mayores de traficantes de armas en el bajo mundo. Entonces, de forma centelleante, como si estuviera envuelto dentro de una red eléctrica, VIktor desenfundó su katana con una velocidad parecida al rayo si es que no lo era mismamente, dando la sensación de que con cada corte que asestaba al aire, se rasgaba el continuo espacio-tiempo. Y sin embargo, no sentía nada. No entendía nada, haciendo que mi risa se acentuara más ante aquel inservible juego de luces.
Antes de que pudiera mover un sólo músculo, antes de que pudiera decir una sola palabra, ensimismado en el movimiento de Viktor por enfundar una vez más su arma, al mínimo clic, pude sentir como en un abrir y cerrar de ojos todo mi cuerpo se desgarraba, en múltiples cortes procedentes de todos lados que me cercenaban como si estuviera dentro de una triturador.- - GAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGHHHHHHH. - Grité de dolor, sintiendo como mi sed de sangre se desvanecía junto a todos mis sentidos, causando que cayera desplomado al suelo de frente. La muerte llegó a mí mucho antes de que pudiera darme cuenta siquiera. Pero no pasaba nada porque no tenían ninguna manera de salir. Todos esos papanatas de la marina, incluyendo Viktor, serían pasto para los peces. Si con mi muerte eso significaba llevarme a todos ellos… Moriría feliz de al menos haber matado a uno de los que una vez osaron frustrar mis planes. Estando frente a las puertas del infierno, sólo escuchaba los solemnes pasos de Viktor andar, el agua chisporrotear desde distintas partes y, de forma única, el sonido de una salpicura seguida de la colisión de algo contra el suelo. Y entonces, todo se volvió negro. Nos veremos en el infierno, Vik.
Con cada metro que retrocedía, el agua estancada que había por el resto de la sala y que, por tanto, no estaba congelada al estar fuera del alcance de la ventisca de Viktor comenzó a sufrir las consecuencias de la gélida aura y tormenta de mi contrincante pudiendo observar, además de sentir en mis carnes, que ni el daño ni el empuje de mi técnica había sido suficiente como para poder hacer que cesara de una maldita vez aquella tormenta tan molesta. Chasquée la lengua, sin dejar de mostrar y enseñar mi hilera de dientes, que seguro que debían hacerme ver como un auténtico psicópata. Sin embargo, al ver como el hielo se tornaba rojo por su propia sangre, sonreí. Y ahora que tenía la distancia en mi mano, sólo debía seguir haciéndole un colador. O eso creía.
Cuando comencé a acumular la humedad del ambiente en ambos brazos de nuevo, la postura de Viktor pareció relajarse o, mejor dicho, con su postura parecía que su sed de sangre se incrementaba, hasta el punto de que podía oler a la mismísima muerte a través de él. Comenzó a hablarme, preguntando si sabía algo mientras empuñaba su katana envainada, añadiendo que si para mi él era el plato principal. Se equivocaba, pues no era sólo él, sino que también el héroe, Joe Joestar, era objetivo de mi venganza, una venganza que era capaz incluso de hacer que retrasase mi plan de convertirme en uno de los mayores de traficantes de armas en el bajo mundo. Entonces, de forma centelleante, como si estuviera envuelto dentro de una red eléctrica, VIktor desenfundó su katana con una velocidad parecida al rayo si es que no lo era mismamente, dando la sensación de que con cada corte que asestaba al aire, se rasgaba el continuo espacio-tiempo. Y sin embargo, no sentía nada. No entendía nada, haciendo que mi risa se acentuara más ante aquel inservible juego de luces.
Antes de que pudiera mover un sólo músculo, antes de que pudiera decir una sola palabra, ensimismado en el movimiento de Viktor por enfundar una vez más su arma, al mínimo clic, pude sentir como en un abrir y cerrar de ojos todo mi cuerpo se desgarraba, en múltiples cortes procedentes de todos lados que me cercenaban como si estuviera dentro de una triturador.- - GAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGHHHHHHH. - Grité de dolor, sintiendo como mi sed de sangre se desvanecía junto a todos mis sentidos, causando que cayera desplomado al suelo de frente. La muerte llegó a mí mucho antes de que pudiera darme cuenta siquiera. Pero no pasaba nada porque no tenían ninguna manera de salir. Todos esos papanatas de la marina, incluyendo Viktor, serían pasto para los peces. Si con mi muerte eso significaba llevarme a todos ellos… Moriría feliz de al menos haber matado a uno de los que una vez osaron frustrar mis planes. Estando frente a las puertas del infierno, sólo escuchaba los solemnes pasos de Viktor andar, el agua chisporrotear desde distintas partes y, de forma única, el sonido de una salpicura seguida de la colisión de algo contra el suelo. Y entonces, todo se volvió negro. Nos veremos en el infierno, Vik.
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