19-06-2026, 05:53 PM
(Última modificación: 19-06-2026, 08:09 PM por Saint Sheperd Ju Peter.
Razón: Inventario
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¿Cuánto hacía que llevaba parada en Risky Red? ¿Días? ¿Semanas? ¿O quizás meses? La cuestión es que había pasado tiempo, mucho tiempo recorriendo cada rincón de la isla en busca de Nimda Legos y, hasta el momento, no había tenido demasiado éxito. Habiéndome pasado de primeras por Ciudad Escarlata, pregunté a los distintos transeúntes y ciudadanos del lugar por su paradero, estando este en paradero desconocido incluso para la figura de autoridad del lugar. Afortunadamente, eran todos encantadores. Eso sí, pude ver que mantenían en el lugar una tradición algo ¿violenta?. Sí, soy la primera a la que le sale el instinto de lucha cuando la pelea comienza, pero también soy una fiel partidaria de que, entendiéndose y hablando, se puede solucionar cualquier problema.
No pasó mucho tiempo cuando vi que mi estancia en la ciudad no merecía la pena, cuando decidí partir hacia la población vecina, Ciudad Bermellón. Y tampoco hubo manera ninguna de dar con la ubicación de Nimda… Sabía que, sí había permanecido oculto tanto tiempo del ojo de la autoridad, no iba a ser tarea fácil dar con él. Pero el tiempo apremiaba y, ante todo, mis ahorros comenzaban a esfumarse. Si bien Bermellón era bastante parecida a Escarlata, opté por hospedarme más tiempo allí porque, primero, el alquiler estaba mucho más barato y, segundo, la comida estaba riquísima. Había hasta una taberna en la que servían pizzas, ¡era increíble! Y así estuve hasta el mismo día de hoy.
Tras comprobar el dinero que me quedaba en la cartera, pude ver que mis fondos se habían visto reducidos a la alarmante cantidad de 1.000 berries. El sólo dormir en la posada ya me costaba 500 berries. La comida, en cambio, fácilmente se podía ir a 1.500 berries. Suspiré. — Me niego a pasar hambre. — Cerré la cartera, y la introduje en uno de los bolsillos de mi gabardina. — Pero ante todo, me niego rotundamente a volver a estar endeudada. — . Sentencié, decidida y determinada, comenzando a andar para salir del poblado, dirigiéndome hacia el yermo desértico y, ante todo, hacia la parte del lago. Era de noche y, por fortuna, el rastro de calor se había disipado ya por el día de hoy. Con suerte, ante la entrada del frío de la noche, la fauna autóctona del lugar podía salir para poder saciar mi hambre. Y de paso, quizás, era capaz de averiguar algo sobre el escondite de Nimda.
Pero mi gozo en un pozo. Conseguí llegar hasta el oscurecido lago pero no había atisbado nada de vida a mi alrededor, ni una pequeña culebra aunque fuera. Tenía mi Kenbunshoku activado en un rango de 100 metros, pero no era capaz de dar con nada hasta que, mi vista, captó un movimiento en la superficie del agua. — Espera, ¿y eso? — Centré mi mirada hacia el centro del lago, llegando a ver un remolino en su interior que parecía estar tragándose todo el agua. En ese momento, por pura inercia, extendí el rango de mi haki de observación en 700 metros, pudiendo sentir y percibir el aura de varias entidades, todas ellas de gran poder. — ¡Jackpot! — Exclamé de alegría, dando un pequeño un brinco. Todo este tiempo estaban bajo tierra, razón por la cuál no había sido capaz de detectarlos en ningún momento. — Bien, está claro lo que tengo que hacer. — Me dije a mi misma, cogiendo carrerilla para, una vez llegada a la orilla, dar un salto que me zambulliría hasta los hombros el agua, salpicándome algo de agua en la boca y, notando de este modo, lo salada que estaba esta. Conforme me iba acercando al ojo del remolino, cerré los ojos, comencé a coger aire y, en ese momento, me sumergí. Si aquello estaba ocurriendo en la superficie, y considerando la existencia de personas bajo mis pies, sólo podía significar que había una guarida allí abajo y que, el propio agua se estaba filtrando en ella. — Prepárate Leyos… — Pensé, mientras me abría paso en el agua, nadando a braza para poder llegar antes hacia el lugar dónde desembocaba todo el agua.
Tras estar un tiempo prudencial nadando y aguantando la respiración bajo el agua, finalmente vi la luz. El agua, que llegó a su fin de recorrido en forma de una columna descendente de agua, me expulsó desde el techo de una sala en la que parecía reinar el invierno y la tormenta. Mi haki, que detectaba antes dos seres vivos, justo en ese momento percibía que uno de ellos había acabado con el otro. — ¿Qué? — Me pregunté, cayendo agazapada contra el suelo que, lejos de ser tierra o agua, era como una especie de bloque de hielo. Lejos de buscar a entender en el motivo del hielo, mi vista se quedó fijada en un lobo antropomórfico de pelaje blanco como la nieve y de la que salía emitida una borrasca de nieve a su alrededor. No sabía si era una zoan, o un mink con el poder de alguna paramecia, pero estaba claro que debía ser él el causante de todo el hielo a nuestro alrededor. A sus espaldas, estaba el cuerpo sin vida de Nimda, decapitado y, cuya cabeza, residía atada en una suerte de látigo. — Muy tarde, Selene, muy tarde… — Por una parte sentía rabia por no haber sido ella misma la que acabó con la vida de ese maníaco… Pero en parte se alegraba de que su reinado de locura y el ciclo de continua sangre derramada por él y sus esbirros hubiera llegado a su fin.
No fue hasta que me percaté del estado en el que estaba aquel hombre lobo, que no vi lo verdaderamente malherido que estaba. — Oye, ¿estás bien? ¿Necesitas que te ayude con algo? — Corrí hacia él, preocupada y dispuesta a ayudarle con lo que sea, por poco que fuera. Presentaba múltiples hemorragias en distintas partes de su cuerpo, hasta el punto de pintar el hielo bajo nuestros pies con su sangre. Pero si había algo más frío que la tormenta que salía emanada de aquella persona, mi sangre se heló por completo, conociendo un invierno más gélido que el que nos rodeaba cuando vi aquella katana empuñada en su mano derecha.— ¿Shimei Kaeru? — Mi mente viajó al momento en el que madre, portando aquella katana, cargada de tanto valor sentimental, me dejó de polizón en ese barco para alejarme de padre.— ¿Qué haces tú con ella? — Se me quebró la voz, desviando mi mirada hacia el rostro del lobo de las nieves, centrándome ahora aún más en sus rasgos aún estando transformado, siendo su característica más emblemática su pelo, del mismo color que él mío. Una lágrima descendió de mi ojo izquierdo, sin siquiera saber demasiado el por qué.— ¿Acaso tú..? — Mi corazón me decía que debía ser él, pero mi cabeza no quería creer en que aquello fuera real, que era una alucinación.
Pero antes de que pudiera confirmarlo, un temblor resonó en lan guarida y, con ello, el agua que parecía seguir inundando ese habitáculo comenzó a penetrar con mayor intensidad. Por el momento, la tormenta provocada por… El portante de Shimei Kaeru, estaba reteniendo el torrente de agua. Pero, al mismo tiempo, sería ese mismo hielo el que nos sepultaría y aplastaría. Estarse quieto no era una opción por el momento. Me limpié la lágrima con mi brazo derecho.— Ya hablaremos cuando salgamos de aquí. Tengo una idea. — Expresé, mirando hacia el lupino hombre, pasando a empuñar el mango de Aura con ambas manos, manteniéndola posicionada hacia mi derecha— Si generamos un corte en la tierra lo suficientemente grande como para que llegue al fondo del lago, haremos que el agua se filtre por mucho más espacio. — Mirando ahora hacia el techo, flexioné mis piernas, cargando todos mis músculos tanto en ellas como en mis brazos.— Confía en mí, si unimos fuerzas ahora, saldremos de esta, portador de Shimei Kaeru. — Concluí, con una sonrisa de oreja a oreja. Mi corazón me decía que volvía a estar en casa.
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