19-06-2026, 10:27 PM
—No espero menos. —Dijo ante la promesa del esfuerzo. Shiryuko también tenía una cicatriz en el torso, la cual debió ser producto de alguna clase de enfrentamiento doloroso del pasado. Física y psicológicamente quizás. No indagó en el asunto porque no era de su incumbencia lo que en el pasado le hubiera sucedido al mink. Todos tenían uno y habitualmente ninguno era agradable. El mundo era un lugar jodido. —Con toda probabilidad, honhonhon. —Se reía ante lo ridículo de la idea de darle un puñetazo al mink. Sería un ticket rápido hacia la ejecución sumaria por alta traición. No tenía la certeza de que los altos cargos del Ejército se hubieran marchado ya, pero aunque así fuera tenían efectivos de sobra en la base para plantarle cara si se convertía en un traidor. Probablemente ni siquiera hiciera falta. Lo más seguro es que el panda se quitase la vida si algún día incurría en un acto de traición sin la mayor de las causas de por medio. Una causa que, sinceramente, ni siquiera podía imaginarse.
Después de enfundar Preypiercer, Shiryuko hizo un comentario al respecto. —Oh, ¿estaba pensando en voz alta? No me hagas caso. Seguro que lo descubres por ti mismo. —Una vez en su postura defensiva, el espadachín decidió emplear una táctica menos directa para lidiar con el panda. Le disparó una masa de seda blanca directamente de su abdomen hacia el rostro. Sin duda planeaba dejarle sin visión para que no pudiera reaccionar al ataque que se le venía encima. Él ya había dicho, sin embargo, que se defendería. No le costó esfuerzo alguno seguir la trayectoria del disparo en el aire. Interpuso su mano derecha entre la seda y su cara y atrapó en el aire la viscosa sustancia, algo asquerosa también, por qué no decirlo, que se enganchó alrededor de su mano inmovilizándola con un débil agarre. Era una habilidad fascinante que debía ser desarrollada por medio de técnicas, sin duda alguna. La ofensiva del tigre no terminaba ahí, sin embargo. Avanzó dos metros hacia delante para tener a su alcance al panda y descargó un espadazo sobre su torso. Antes de que el metal pudiera acariciar de nuevo la piel de Bambú, este interpuso su mano derecha entre la espada y su objetivo, parándola y aprovechándose de la fuerza misma del espadazo para cortar la seda que envolvía su mano. La mayor parte de la sustancia cayó al suelo produciendo un sonoro chapoteo bastante desagradable. —Ha sido un buen intento, HONHONHON. Eso nadie te lo podrá negar. Me parece que se acerca el desenlace de este entrenamiento, joven recluta. —Anunció el panda mirando por la ventana. El sol se empezaba a vislumbrar en el horizonte. Pensó por un momento en su yo del pasado, en el joven panda que no sabía nada del mundo y se preguntó si habría algo que le hubiera ayudado a mejorar y hacerse más fuerte. Sólo se le ocurría una cosa, aunque dudaba que en los Blues fuera a encontrarse a nadie con la capacidad de hacerlo. Dudaba también que fuera a tener la oportunidad de entrenar a Shiryuko en el Grand Line, así que... ¿Por qué no darle un poco de conocimiento avanzado?
—Voy a enseñarte una cosa más, y espero por tu bien que nunca tengas que enfrentarte a ella. Te animo a que intentes moverte con todas tus fuerzas y que registres la sensación de impotencia que te puede llegar a causar. —Panda frunció el ceño mientras se concentraba. De repente, su voluntad se manifestó como una agobiante presión sobre Shiryuko, que repentinamente perdería la facultad de moverse. —Esto se llama haoshoku. Se trata del color de la ambición del conquistador y aquellos que lo poseen pueden inmovilizar o incluso dejar inconscientes a otras personas. Sólo aquellos con una voluntad férrea y unas convicciones inamovibles son capaces de resistir su influencia. Naturalmente cuesta más según la fuerza del que lo use sobre ti. Hay otros dos hakis, el color de la armadura y el color de la observación, ambos muy útiles y no tan raros como este. —De repente, la presión dejó de existir y la voluntad del panda se disipó como si nunca hubiera existido. —Ahora ya sabes cómo se siente. Son muy pocos los que nacen con la capacidad de usarlo, así que tendrías que tener muy mala suerte para encontrarte con uno. Además, gasta muchísima energía espiritual utilizarlo, así que no podrán usarlo indefinidamente. —Le dio una palmadita en la espalda. —Anda, vamos a desayunar, honhonhon. —Y con esta última lección, se dirigió a la puerta del pabellón.
Después de enfundar Preypiercer, Shiryuko hizo un comentario al respecto. —Oh, ¿estaba pensando en voz alta? No me hagas caso. Seguro que lo descubres por ti mismo. —Una vez en su postura defensiva, el espadachín decidió emplear una táctica menos directa para lidiar con el panda. Le disparó una masa de seda blanca directamente de su abdomen hacia el rostro. Sin duda planeaba dejarle sin visión para que no pudiera reaccionar al ataque que se le venía encima. Él ya había dicho, sin embargo, que se defendería. No le costó esfuerzo alguno seguir la trayectoria del disparo en el aire. Interpuso su mano derecha entre la seda y su cara y atrapó en el aire la viscosa sustancia, algo asquerosa también, por qué no decirlo, que se enganchó alrededor de su mano inmovilizándola con un débil agarre. Era una habilidad fascinante que debía ser desarrollada por medio de técnicas, sin duda alguna. La ofensiva del tigre no terminaba ahí, sin embargo. Avanzó dos metros hacia delante para tener a su alcance al panda y descargó un espadazo sobre su torso. Antes de que el metal pudiera acariciar de nuevo la piel de Bambú, este interpuso su mano derecha entre la espada y su objetivo, parándola y aprovechándose de la fuerza misma del espadazo para cortar la seda que envolvía su mano. La mayor parte de la sustancia cayó al suelo produciendo un sonoro chapoteo bastante desagradable. —Ha sido un buen intento, HONHONHON. Eso nadie te lo podrá negar. Me parece que se acerca el desenlace de este entrenamiento, joven recluta. —Anunció el panda mirando por la ventana. El sol se empezaba a vislumbrar en el horizonte. Pensó por un momento en su yo del pasado, en el joven panda que no sabía nada del mundo y se preguntó si habría algo que le hubiera ayudado a mejorar y hacerse más fuerte. Sólo se le ocurría una cosa, aunque dudaba que en los Blues fuera a encontrarse a nadie con la capacidad de hacerlo. Dudaba también que fuera a tener la oportunidad de entrenar a Shiryuko en el Grand Line, así que... ¿Por qué no darle un poco de conocimiento avanzado?
—Voy a enseñarte una cosa más, y espero por tu bien que nunca tengas que enfrentarte a ella. Te animo a que intentes moverte con todas tus fuerzas y que registres la sensación de impotencia que te puede llegar a causar. —Panda frunció el ceño mientras se concentraba. De repente, su voluntad se manifestó como una agobiante presión sobre Shiryuko, que repentinamente perdería la facultad de moverse. —Esto se llama haoshoku. Se trata del color de la ambición del conquistador y aquellos que lo poseen pueden inmovilizar o incluso dejar inconscientes a otras personas. Sólo aquellos con una voluntad férrea y unas convicciones inamovibles son capaces de resistir su influencia. Naturalmente cuesta más según la fuerza del que lo use sobre ti. Hay otros dos hakis, el color de la armadura y el color de la observación, ambos muy útiles y no tan raros como este. —De repente, la presión dejó de existir y la voluntad del panda se disipó como si nunca hubiera existido. —Ahora ya sabes cómo se siente. Son muy pocos los que nacen con la capacidad de usarlo, así que tendrías que tener muy mala suerte para encontrarte con uno. Además, gasta muchísima energía espiritual utilizarlo, así que no podrán usarlo indefinidamente. —Le dio una palmadita en la espalda. —Anda, vamos a desayunar, honhonhon. —Y con esta última lección, se dirigió a la puerta del pabellón.
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