29-11-2023, 01:43 AM
Emma no parecía comprender del todo bien que la tontería de disputar el liderazgo no era algo dependiente de su interés. Se trataba de algo que iba a suceder más allá de lo que Enma o Don Bambú decidiesen. El panda lo veía como la única forma de adquirir algo de respeto por parte del peliblanco, una manera de hablar uno de los idiomas que su compañero entendía. No apreciaba sus mentiras ni sabía seguirle el juego muy bien cuando pretendía engatusar a alguien. No tenían la misma filosofía de vida ni los mismos objetivos. Pero si en aquellos mares había una forma de entenderse era luchando, por absurdo que sonase. Un líder tenía que ser capaz de aguantar de pie y recibir aquello que sus compañeros no podían soportar. Un líder fuerte se respetaba, porque te mantenía vivo. —Bueno, no tienes por qué estar de acuerdo. Yo tampoco lo estoy, pero es lo que nos ha tocado. La mesa de debate se nos rompió. —Bromeó. Tenía un sentido del humor un poco raro. Lo que decía era obviamente una broma, pero lo decía con un semblante tan serio que uno podría preguntarse si verdaderamente ese era el problema.
Finalmente, Enma aceptó la oferta del entrenamiento. Esto alegró al panda, que por fin tendría un compañero contra el que probar sus nuevas habilidades sin temor a hacerle daño. —Perfecto. Cuando toquemos tierra nos separaremos de los demás y buscaremos algún claro en toda esa selva que se ve en el horizonte. Estamos llegando, por cierto, por si quieres salir a mirar. —Y dando la conversación por terminada, Panda abrió la puerta y salió a recibir una brisa de aire fresco. Su camisa hawaiana ondeó como una bandera a la fruta.
En la cubierta se encontraban Nadja y Kovashi. Como costumbre, no había rastro de Khruner, que debía de estar hibernando antes de tiempo. Kovashi iba como un pincel el cabrón. Panda no lo demostró, pero le pareció que la elegancia con la que iba vestido le sentaba como un guante. Le gustaban los trajes, para qué mentir, pero nunca se había decidido a comprarse uno. No parecían muy revolucionarios. Tampoco las piñas, ahora que lo pensaba. Nadja, por su parte, iba con un top negro sin mangas y unos pantalones muy cortos. Vestimentas muy adecuadas para un clima tan cálido como aquel en el que el sol no sería problemático debido a la densidad selvática. —Buenos días, camaradas. —Les saludó el panda y sacó un cigarrillo de la nada. Había hablado con Nadja alguna noche sobre sus reservas de tabaco y sobre el comunismo, y de repente Panda tenía acceso a la nicotina de nuevo. Pero con moderación, que no se gana para vicios.
Finalmente, Enma aceptó la oferta del entrenamiento. Esto alegró al panda, que por fin tendría un compañero contra el que probar sus nuevas habilidades sin temor a hacerle daño. —Perfecto. Cuando toquemos tierra nos separaremos de los demás y buscaremos algún claro en toda esa selva que se ve en el horizonte. Estamos llegando, por cierto, por si quieres salir a mirar. —Y dando la conversación por terminada, Panda abrió la puerta y salió a recibir una brisa de aire fresco. Su camisa hawaiana ondeó como una bandera a la fruta.
En la cubierta se encontraban Nadja y Kovashi. Como costumbre, no había rastro de Khruner, que debía de estar hibernando antes de tiempo. Kovashi iba como un pincel el cabrón. Panda no lo demostró, pero le pareció que la elegancia con la que iba vestido le sentaba como un guante. Le gustaban los trajes, para qué mentir, pero nunca se había decidido a comprarse uno. No parecían muy revolucionarios. Tampoco las piñas, ahora que lo pensaba. Nadja, por su parte, iba con un top negro sin mangas y unos pantalones muy cortos. Vestimentas muy adecuadas para un clima tan cálido como aquel en el que el sol no sería problemático debido a la densidad selvática. —Buenos días, camaradas. —Les saludó el panda y sacó un cigarrillo de la nada. Había hablado con Nadja alguna noche sobre sus reservas de tabaco y sobre el comunismo, y de repente Panda tenía acceso a la nicotina de nuevo. Pero con moderación, que no se gana para vicios.
