22-06-2026, 05:30 PM
El chico redireccionó su cuerpo en el aire y comenzó a caer ganando algo de distancia, sin hacer nada, sin aprovechar su verticalidad ni su disposición aérea. Realmente poder volar y controlar su cuerpo en ese medio le daría una cantidad ingente de posibilidades en el futuro: evitar caer al agua, salvar a otros de caer contra el suelo, perseguir enemigos en movimiento en el aire, asaltar otros barco, alcanzar zonas elevadas - maldito ascensor de Foodvalten... - y poder maniobrar en un espacio que no todo el mundo puede acceder. Su fruta era versátil, muy versátil.
Podía producir daño en grandes superficies, o enemigos de grandes proporciones, generar quemaduras con este, derribar o empujar objetivos, impulsarse para ganar velocidad, impulsar sus extremidades para hacerlas sorprendentemente rápidas antes del impacto, y ahora si se daba cuenta y con tiempo y la práctica, volar.
Observé fijamente los ojos del muchacho mientras descendía, mientras me devolvía la mirada, y justo cuando estuvo a punto de morir estampado contra el suelo generó una explosión que no sólo frenó su caída, si no que lo propulsó directamente hacia mi, volando a ras de suelo por encima de la arena y levantando esta a su paso mientras reducía la distancia de cinco metros que nos separaba. Sonreí abiertamente volviendo a arrugar mi gesto mientras veía cómo aquel chico iba creciendo.
Se plantó frente a mi a una velocidad considerable preparando su brazo - sano - para golpearme con una ingeniosa combinación de dos explosiones en la articulación, una para impulsar el brazo y otra para golpearme directamente. Una técnica en mi opinión poco pulida y algo disfuncional en cuanto a optimización, que dejaba un hueco inequívoco y que hacía que pudiera aprovechar aquel despiste en mi favor. Y cuando el brillo de nuestros ojos se cruzó estando tan cerca el uno del otro, por un momento, mi mente retrocedió en el tiempo varios años hasta aquel día en la isla Ramirals en la que yo obtuve el poder de mi akuma no mi. Un instante que me hizo salir de dudas completamente. Entrenaba a este muchacho para que fuera como yo, pero él no era como yo. Ni iba a serlo.
El movimiento rodante del oso terminó con él impactando contra la pared, la sacudida de la misma y un nuevo resquebrajamiento de esta... algo que me dio una idea. No sabía cuánto más podría aguantarme aquel monstruo, ni cuánto tiempo podría yo seguir su ritmo, así que tenía que acabar con él rápido aprovechándome del entorno. De este modo mientras el animal se levantaba y se rasguñaba la cara preso de la frustración me fui acercando a él para propinarle otro golpe en lugar de quedarme quieto y esperar a que viniera. Fue en el momento exacto en el que - de nuevo - intentó atacarme sin éxito con una de sus zarpas y yo le propinaba mi movimiento estrella por excelencia horizontalmente contra el pecho buscando estamparlo de nuevo y con más fuerza aún contra la pared.
— ¡ ¡ HELL'S BELLS ! ! — grité al mismo tiempo que mi ataque impactaba sobre su piel y huesos, propinando todo mi esfuerzo en hacer un ataque masivo que produjera el máximo daño tanto en la criatura, como en la cueva.
La explosión detonó tras mi cuerpo, al haberme lateralizado para dejar pasar el ataque a mi costado eludiendo por completo todo el daño, mientras golpeaba con mi puño directamente en la cara del muchacho y lo dejaba completamente inconsciente, estampándolo contra el suelo.
El impacto fue seco y sin epicidad ninguna, simplemente un puñetazo normal. No llevaba guantes de combate, ni estaba dando mi máximo esfuerzo o estaba potenciando mis capacidades de impacto con alguna habilidad extraña que amplificase la potencia de mis músculos.
— Si... el dinero ayuda — dije, respondiendo a su pregunta de antes, y desactivé el uso de mi técnica Steam Engine para que el vapor de mi cuerpo dejase de salir y la piel volviese a su tono habitual. Lo miré desde esa perspectiva, inconsciente tendido en el suelo, con resignación y algo de decepción. Pues después del tiempo que había pasado con ellos y de las cosas que le había enseñado no me esperaba que esto fuera a tener esta conclusión.
En mi cabeza, Owen debería haber podido impactarme ese último golpe, yo estaría feliz de ver su progreso y le reconocería como mi discípulo comenzando la carrera hacia la cima en cuanto a su evolución. Pero en cambio estaba tirado en las dunas del desierto, como el que abandona todo simplemente se deja morir.
Escupí en dirección contraria a su cuerpo, sacando restos de sangre de mi boca, fruto de mi técnica y quedé en silencio escuchando sólo el crepitar de las olas del mar y el sonido del viento pasando junto a mis orejas. Volví a mirarle, recordando cuando le conocí en aquella jungla de lagartos gordos, y cuando decidieron subirse a mi barco. Las veces que le vi a bordo, hablando con la muchacha ciega, peleando con Jin, su brazo roto por su temeridad, su entrenamiento en el casino... Cerré los ojos e inspiré profundo, volviendo a centrarme en aquel sonido. Era un sonido que conocía bien.
Era el sonido de alguien que estaba solo y que viajaba solo.
— Lo siento Owen — dije volviendo a abrir los ojos y mirándole — Creo que no he sabido ser quien querías que fuera para ti — añadí, con seriedad y sequedad — Y créeme que quería... — alcé la vista hacia el horizonte, sobre el manto brillante de las olas del mar — Es la primera vez que sentía ilusión por algo, y no ambición — y desde ahí, sin mirarle a la cara una última vez me giré en al Jagd Hund para volver con los demás — Cuídate mucho, Rojo — añadí, consciente de que con este entrenamiento fallido nuestros caminos habrían de separarse. Independientemente de que viajasen a Skypiea o no, mi destino era volver a Foodvalten y descansar. Ya había tenido suficientes aventuras y emociones por un tiempo.
Ojalá hubiese llegado el día en el que este chico tan explosivo hubiese podido derrotarme.
Podía producir daño en grandes superficies, o enemigos de grandes proporciones, generar quemaduras con este, derribar o empujar objetivos, impulsarse para ganar velocidad, impulsar sus extremidades para hacerlas sorprendentemente rápidas antes del impacto, y ahora si se daba cuenta y con tiempo y la práctica, volar.
Observé fijamente los ojos del muchacho mientras descendía, mientras me devolvía la mirada, y justo cuando estuvo a punto de morir estampado contra el suelo generó una explosión que no sólo frenó su caída, si no que lo propulsó directamente hacia mi, volando a ras de suelo por encima de la arena y levantando esta a su paso mientras reducía la distancia de cinco metros que nos separaba. Sonreí abiertamente volviendo a arrugar mi gesto mientras veía cómo aquel chico iba creciendo.
Se plantó frente a mi a una velocidad considerable preparando su brazo - sano - para golpearme con una ingeniosa combinación de dos explosiones en la articulación, una para impulsar el brazo y otra para golpearme directamente. Una técnica en mi opinión poco pulida y algo disfuncional en cuanto a optimización, que dejaba un hueco inequívoco y que hacía que pudiera aprovechar aquel despiste en mi favor. Y cuando el brillo de nuestros ojos se cruzó estando tan cerca el uno del otro, por un momento, mi mente retrocedió en el tiempo varios años hasta aquel día en la isla Ramirals en la que yo obtuve el poder de mi akuma no mi. Un instante que me hizo salir de dudas completamente. Entrenaba a este muchacho para que fuera como yo, pero él no era como yo. Ni iba a serlo.
Flashback
El movimiento rodante del oso terminó con él impactando contra la pared, la sacudida de la misma y un nuevo resquebrajamiento de esta... algo que me dio una idea. No sabía cuánto más podría aguantarme aquel monstruo, ni cuánto tiempo podría yo seguir su ritmo, así que tenía que acabar con él rápido aprovechándome del entorno. De este modo mientras el animal se levantaba y se rasguñaba la cara preso de la frustración me fui acercando a él para propinarle otro golpe en lugar de quedarme quieto y esperar a que viniera. Fue en el momento exacto en el que - de nuevo - intentó atacarme sin éxito con una de sus zarpas y yo le propinaba mi movimiento estrella por excelencia horizontalmente contra el pecho buscando estamparlo de nuevo y con más fuerza aún contra la pared.
— ¡ ¡ HELL'S BELLS ! ! — grité al mismo tiempo que mi ataque impactaba sobre su piel y huesos, propinando todo mi esfuerzo en hacer un ataque masivo que produjera el máximo daño tanto en la criatura, como en la cueva.
Fin del Flashback
— ¡¡BUMMMMM!! —
La explosión detonó tras mi cuerpo, al haberme lateralizado para dejar pasar el ataque a mi costado eludiendo por completo todo el daño, mientras golpeaba con mi puño directamente en la cara del muchacho y lo dejaba completamente inconsciente, estampándolo contra el suelo.
El impacto fue seco y sin epicidad ninguna, simplemente un puñetazo normal. No llevaba guantes de combate, ni estaba dando mi máximo esfuerzo o estaba potenciando mis capacidades de impacto con alguna habilidad extraña que amplificase la potencia de mis músculos.
— Si... el dinero ayuda — dije, respondiendo a su pregunta de antes, y desactivé el uso de mi técnica Steam Engine para que el vapor de mi cuerpo dejase de salir y la piel volviese a su tono habitual. Lo miré desde esa perspectiva, inconsciente tendido en el suelo, con resignación y algo de decepción. Pues después del tiempo que había pasado con ellos y de las cosas que le había enseñado no me esperaba que esto fuera a tener esta conclusión.
En mi cabeza, Owen debería haber podido impactarme ese último golpe, yo estaría feliz de ver su progreso y le reconocería como mi discípulo comenzando la carrera hacia la cima en cuanto a su evolución. Pero en cambio estaba tirado en las dunas del desierto, como el que abandona todo simplemente se deja morir.
Escupí en dirección contraria a su cuerpo, sacando restos de sangre de mi boca, fruto de mi técnica y quedé en silencio escuchando sólo el crepitar de las olas del mar y el sonido del viento pasando junto a mis orejas. Volví a mirarle, recordando cuando le conocí en aquella jungla de lagartos gordos, y cuando decidieron subirse a mi barco. Las veces que le vi a bordo, hablando con la muchacha ciega, peleando con Jin, su brazo roto por su temeridad, su entrenamiento en el casino... Cerré los ojos e inspiré profundo, volviendo a centrarme en aquel sonido. Era un sonido que conocía bien.
Era el sonido de alguien que estaba solo y que viajaba solo.
— Lo siento Owen — dije volviendo a abrir los ojos y mirándole — Creo que no he sabido ser quien querías que fuera para ti — añadí, con seriedad y sequedad — Y créeme que quería... — alcé la vista hacia el horizonte, sobre el manto brillante de las olas del mar — Es la primera vez que sentía ilusión por algo, y no ambición — y desde ahí, sin mirarle a la cara una última vez me giré en al Jagd Hund para volver con los demás — Cuídate mucho, Rojo — añadí, consciente de que con este entrenamiento fallido nuestros caminos habrían de separarse. Independientemente de que viajasen a Skypiea o no, mi destino era volver a Foodvalten y descansar. Ya había tenido suficientes aventuras y emociones por un tiempo.
Ojalá hubiese llegado el día en el que este chico tan explosivo hubiese podido derrotarme.
Resumen
Belico
Gasto
Inventario

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