24-06-2026, 07:01 PM
(Última modificación: 24-06-2026, 07:07 PM por Kisuke Kageyama.
Razón: corrección de error de tipeo
)
Cuartel de la Armada Revolucionaria, República de Mogaro
8:00 AM, día 76 de invierno, año 17.
8:00 AM, día 76 de invierno, año 17.
Dos días después de su retorno a Mogaro, o casi dos días después, había llegado el momento. Como había sido un viaje muy largo desde Báltigo, Panda y Kisuke les habían dado lo que quedaba del día que llegaron y el siguiente de asueto para que pudiesen visitar la isla, conocer a la gente que había allí y familiarizarse un poco con el entorno, así como para desconectar un poco de sus labores marineras y habituarse a estar de nuevo en tierra firme. Ahora bien, no podían perder más el tiempo y tenían que ponerse manos a la obra con el entrenamiento de los jóvenes brotes revolucionarios, que dejasen de ser promesas y se convirtiesen en realidades.
"Pues manos a la obra... A ver de qué están hechos estos muchachos..."
Tras su habitual ritual matutino, consistente en comer, cagar y asearse, Kisuke se preparó con ropa cómoda para el entrenamiento y se ajustó al cinto sus katanas, como venía siendo habitual, Sode no Shirayuki y Onikiba en la cadera derecha y Yamigiri en la izquierda. Con mimo, sacó del armario dos paquetes que había guardado allí, que contenían unos mantos de los Toros Negros para los jóvenes reclutas, una tradición desde que fundaron el escuadrón Zorak y él, hacía ya tanto tiempo. Sonrió y se puso los paquetes bajo el brazo izquierdo, tras ajustarse su propio manto, y, sacando un cigarrillo, se lo prendió dando una profunda calada, a la par que salía de su cuarto, que hacía también las veces de oficina, mucho más espartano y austero que el que le asignaron en Báltigo, donde entraba sin problemas un gigante como Kelvin.
"Supongo que Panda habrá convocado a Kelvin y Berry a la misma hora..."
Con paso tranquilo, pues iba bien de tiempo, se encaminó hacia uno de los campos de entrenamiento del Cuartel de la Armada Revolucionaria, saludando a los operarios, trabajadores y reclutas que iban saliendo a su paso, y le brindaban respetuosos saludos, algunos agradecimientos, y, en algunos casos, proposiciones para citas románticas. Kisuke declinaba esto último lo mejor que sabía y de la manera más educada que le era posible. Aquello no dejaba de incomodarle al antiguo pescador, pero no podía evitarse, teniendo en cuenta que habían cambiado la vida de esas personas.
"No me acostumbro a esta popularidad..."
Él sabía que habían ayudado mucho a toda esa gente, pero no necesitaba que se lo agradeciesen constantemente ni que le adulasen, Kisuke sólo esperaba que su vida hubiese mejorado tras su intervención en aquella isla y fuesen más felices. No obstante, el antiguo pescador centró sus pensamientos, mientras caminaba hacia el campo de entrenamiento, en sus alumnos aquel día. Shirohime, atraída por el encanto salvaje de Berry había sido muy poco clara en lo que respecta a sus habilidades, así que tendría que apretarle un poco para saber que era lo que tenía aquella muchacha. Dean, por su parte había sido mucho más explícito y directo, cosa que Kisuke agradeció teniendo en cuenta lo entrópico de su recién formado escuadrón, así que una persona del carácter de Dean, le venía bien para darle al Comandante algo de paz espiritual. Su fruta parecía muy interesante, más aún siendo espadachín, puesto que le confería mucha más resistencia y capacidad de aguante frente a los ataques cortantes que cualquier otra persona.
"Bueno no se que saldrá de todo esto, pero sin dudas va a ser interesante..."
Las nueve de la mañana y allí, en el centro del campo de entrenamiento que Kisuke les había indicado el día anterior cuando les convocó, estaban los dos muchachos. El sitio era perfecto con unas dimensiones de una hectárea de superficie y varias zonas irregulares como rocas, algún arbolito no muy grande (de unos quince metros a lo sumo) y poco más. Parecían algo nerviosos, pero podía ver en sus miradas la determinación y la voluntad de hacer las cosas lo mejor posible. Sintió orgullo y cierta ternura por aquellos jovencitos dispuestos a dar todo de si mismos por la causa y ser de utilidad en su misión de dar la vuelta al sistema opresor y oligárquico reinante en el mundo. No era algo sencillo, ellos lo sabían, al igual que Kisuke, y, aún así, ahí estaban, dispuestos a aprender y mejorar por el bien de todo el mundo. Les lanzó los paquetes que tenían en su interior los mantos que había encargado para ellos.
-Buenos días, Shirohime, Dean... Espero que hayáis desayunado fuerte porque soy incansable y no espero menos de vosotros... kuhahahaha... En esos paquetes tenéis el manto de los Toros Negros que ayer me encargué de conseguir para vosotros, lucidlos con orgullo... Ahora, ha llegado lo que lleváis más de un mes esperando... comencemos con esto...
Dijo esto con una torva sonrisa mientras desenvainaba a Yamigiri con su mano derecha y se ponía en guardia delante de aquellos dos pequeños diamantes en bruto en una fría mañana invernal en la República de Mogaro; había llegado el momento de hacerse más fuertes, había llegado la hora de entrenar.
"Pues manos a la obra... A ver de qué están hechos estos muchachos..."
Tras su habitual ritual matutino, consistente en comer, cagar y asearse, Kisuke se preparó con ropa cómoda para el entrenamiento y se ajustó al cinto sus katanas, como venía siendo habitual, Sode no Shirayuki y Onikiba en la cadera derecha y Yamigiri en la izquierda. Con mimo, sacó del armario dos paquetes que había guardado allí, que contenían unos mantos de los Toros Negros para los jóvenes reclutas, una tradición desde que fundaron el escuadrón Zorak y él, hacía ya tanto tiempo. Sonrió y se puso los paquetes bajo el brazo izquierdo, tras ajustarse su propio manto, y, sacando un cigarrillo, se lo prendió dando una profunda calada, a la par que salía de su cuarto, que hacía también las veces de oficina, mucho más espartano y austero que el que le asignaron en Báltigo, donde entraba sin problemas un gigante como Kelvin.
"Supongo que Panda habrá convocado a Kelvin y Berry a la misma hora..."
Con paso tranquilo, pues iba bien de tiempo, se encaminó hacia uno de los campos de entrenamiento del Cuartel de la Armada Revolucionaria, saludando a los operarios, trabajadores y reclutas que iban saliendo a su paso, y le brindaban respetuosos saludos, algunos agradecimientos, y, en algunos casos, proposiciones para citas románticas. Kisuke declinaba esto último lo mejor que sabía y de la manera más educada que le era posible. Aquello no dejaba de incomodarle al antiguo pescador, pero no podía evitarse, teniendo en cuenta que habían cambiado la vida de esas personas.
"No me acostumbro a esta popularidad..."
Él sabía que habían ayudado mucho a toda esa gente, pero no necesitaba que se lo agradeciesen constantemente ni que le adulasen, Kisuke sólo esperaba que su vida hubiese mejorado tras su intervención en aquella isla y fuesen más felices. No obstante, el antiguo pescador centró sus pensamientos, mientras caminaba hacia el campo de entrenamiento, en sus alumnos aquel día. Shirohime, atraída por el encanto salvaje de Berry había sido muy poco clara en lo que respecta a sus habilidades, así que tendría que apretarle un poco para saber que era lo que tenía aquella muchacha. Dean, por su parte había sido mucho más explícito y directo, cosa que Kisuke agradeció teniendo en cuenta lo entrópico de su recién formado escuadrón, así que una persona del carácter de Dean, le venía bien para darle al Comandante algo de paz espiritual. Su fruta parecía muy interesante, más aún siendo espadachín, puesto que le confería mucha más resistencia y capacidad de aguante frente a los ataques cortantes que cualquier otra persona.
"Bueno no se que saldrá de todo esto, pero sin dudas va a ser interesante..."
Las nueve de la mañana y allí, en el centro del campo de entrenamiento que Kisuke les había indicado el día anterior cuando les convocó, estaban los dos muchachos. El sitio era perfecto con unas dimensiones de una hectárea de superficie y varias zonas irregulares como rocas, algún arbolito no muy grande (de unos quince metros a lo sumo) y poco más. Parecían algo nerviosos, pero podía ver en sus miradas la determinación y la voluntad de hacer las cosas lo mejor posible. Sintió orgullo y cierta ternura por aquellos jovencitos dispuestos a dar todo de si mismos por la causa y ser de utilidad en su misión de dar la vuelta al sistema opresor y oligárquico reinante en el mundo. No era algo sencillo, ellos lo sabían, al igual que Kisuke, y, aún así, ahí estaban, dispuestos a aprender y mejorar por el bien de todo el mundo. Les lanzó los paquetes que tenían en su interior los mantos que había encargado para ellos.
-Buenos días, Shirohime, Dean... Espero que hayáis desayunado fuerte porque soy incansable y no espero menos de vosotros... kuhahahaha... En esos paquetes tenéis el manto de los Toros Negros que ayer me encargué de conseguir para vosotros, lucidlos con orgullo... Ahora, ha llegado lo que lleváis más de un mes esperando... comencemos con esto...
Dijo esto con una torva sonrisa mientras desenvainaba a Yamigiri con su mano derecha y se ponía en guardia delante de aquellos dos pequeños diamantes en bruto en una fría mañana invernal en la República de Mogaro; había llegado el momento de hacerse más fuertes, había llegado la hora de entrenar.
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