25-06-2026, 03:51 AM
No sabía si estar en público era una señal de buena o de mala suerte, pues en medio del bullicio del restaurante de mala muerte de aquel mercado, el médico solo podía dedicarse a fingir la mejor de sus sonrisas y a regalarle al marine pelirrojo la mirada más inocente que pudiera tener en su arsenal. ¿Funcionaría? No tenía idea, de hecho, se atrevería a ser un poco negativo: Lo dudaba mucho. ¿Por qué? La situación fue la noche anterior, no la semana pasada ni hace un mes; era claro que la memoria de lo ocurrido estaba fresca en la mente de cualquier persona que no tuviera el mismo problema de amnesia selectiva que él. Aun así, seguiría intentando salirse con la suya, sin importar que.
—Hidromiel, que curiosa elección ¿No tiene alcohol? Creería que un marine en servicio evitaría el licor —. No es que le importara, simplemente quería picar un poco los ánimos de quien lo estaba molestando a él, le parecía un intercambio equivalente. —Aunque no debe preocuparse, no es como que lo vaya a delatar, después de todo, tal vez todo esto se me olvide en un par de horas ¿Sabe? —Una verdad que parecía exagerada, pero que era cierta en muchos sentidos: estaba más que seguro de que olvidaría aquel encuentro tarde o temprano.
—Y claro que soy inocente, oficial. No sé que habrá visto anoche, pero le aseguro que no era yo —. Mentir era algo a lo que estaba tan acostumbrado que las palabras salían con suma facilidad. No tenía que hacer esfuerzo alguno; sin embargo, a pesar de su rostro sereno, su mente empezaba a colapsar tanto que tuvo que apretar sus puños bajo la mesa cuando fue cuestionado con cosas tan sencillas como un nombre o una residencia. Debía estar acostumbrado a dar esas respuestas, pero siempre era igual de molesto tener que inventarse una mentira tras otra.
—Jmmm…Lamentablemente no tengo una residencia actual en esta isla. No soy lugareño —. Rápidamente se inventó una excusa creíble, una en la que realmente no había una mentira, después de todo, no era un local, venía de lejos…de muy lejos. —Vengo de otro océano, pero llegué al South hace mucho tiempo, aunque si tuviera que elegir una isla de residencia, le diría que esa es Sorbet —. Continuó con sus palabras a la vez que relajaba sus puños, entrando más en ambiente y en confianza, a fin de cuentas, esa tampoco era una mentira. Se inclinó hacia adelante en la mesa y apoyó sus codos sobre la mesa para después apoyar, despreocupadamente, su mentón sobre una de las palmas de sus manos. —Es donde he pasado la mayor parte de mi tiempo en estos mares —. Dejó escapar un suspiro que parecía ser el de una persona que “añoraba” su hogar, eso si que era una mentira.
—Perdone, pero lo cierto es que aquí solo estoy como visitante… ¿Si me entiende? Por simple esparcimiento —. Normalmente habría dicho que era un viaje de negocios, pero eso solo empeoraría las cosas y lo sabía bien. —Así que no, no puedo darle una residencia, pero me estoy quedando en uno de los hoteles cercanos al puerto ¡Ah! ¿Cómo era su nombre? —Mordió su labio con fuerza, una señal clara de que, si se estaba esforzando en buscar un nombre real en su cabeza, porque lo cierto es que, aunque pasaba la mayor parte del tiempo en su barco, había creado una buena relación con el administrador de un hotel con el que a veces pasaba tiempo, por lo que solo le bastaba llamarlo para decirle que le hiciera el favor de apoyarlo si es que llegaba alguien para interrogar a alguno de los empleados del local. —¡Cierto! ¡Las Vides! Ese es su nombre…incluso podría llevarlo allí para que compruebe que es mi “residencia” en esta isla —. Sí, era mejor eso que dejar cabos sueltos, solo bastaba que el marine aceptara.
—¿Y en serio tengo que darle un nombre? Siento que estoy siendo interrogado en público ¿Esto es legal? Bueno, mi nombre es…Hans —. El mismo nombre falso que le entregó al administrador del hotel con el que a veces compartía sus horas, de esa manera no tendría que pensar en algo extra y todo estaría conectado. —Así, sin apellido…No puedo recordarlo, lo siento, creo que padezco de amnesia —. Aunque cierta, detestaba su condición y más aun dar lástima por ella, pero en esta ocasión lo encontró necesario porque ¿Quién sospecharía de un pobre hombre al que se le olvidaba incluso su apellido?
—¿Hay algo que se me esté olvidando? ¡Ah sí! Rafael —. Curiosamente “recordó” el nombre, cuando normalmente lo habría pronunciado mal o, de plano, lo habría cambiado, aunque claro, esta peculiar característica del pelirrosa no era algo que el marine conociera. —No, no conozco a ningún Rafael ¿Podría describírmelo? Ya le dije que le daré mi ayuda si es necesario encontrar a alguien, claro…mientras esté en esta isla…quizá me vaya pronto —. Dejó caer de manera casual, sin importar mucho revelar un plan real, a fin de cuentas, tenía la esperanza de que el marine desistiera de investigarlo, después de todo, no iba a seguirlo ni a mandar a vigilarlo ¿O sí?
Tragó saliva al pensar en la posibilidad de que alguien lo vigilara. No sabía que clase de hombre era el marine frente a él ¿Y si era de esas personas obsesivas? Chasqueó la lengua, sin querer, ahora tendría que preocuparse por estar atento en una isla en la que creyó estar seguro… ¡Mierda! Rafael sí que había metido la pata al dejar la puerta abierta… ¡No! No era momento para pensar en eso. Tomó aire y prefirió mirar al marine directo a los ojos.
—¿Hay algo más en que pueda ayudarlo, oficial? Si necesita alguna prueba de mi inocencia, puedo dársela...dependiendo de que pida, pero creo que al menos sería bueno comer un almuerzo antes y que usted saque sus propias conclusiones sobre mi ¿No lo cree? Porque le aseguro que no soy un criminal —. Al decir eso, el mesero de cara amargada llegó a la mesa con dos vasos de agua. Se lo habría bebido, pero estaba tan concentrado en el sujeto frente a él, intentando memorizar sus rastros y el tono rojo de su cabello, que apenas y notó que lo habían colocado sobre la mesa.
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