[Presente Relativo - Entrenamiento] Marshal & Commander
#1
Día 82 de invierno, año 17
17:00

Entrenar a las nuevas generaciones era una tarea noble y de la que uno debería enorgullecerse. Haber alcanzado tal nivel dentro del Ejército como para ser considerado digno de transmitir tus conocimientos a los que vienen detrás de ti, para alguien como Bambú, era un sueño hecho realidad. Pero por mucho que entrenase a Berry y a Kelvin, a Shirohime y a Dean, ninguno de los cuatro, ni por separado ni en conjunto, era capaz todavía de hacer que el úrsido mariscal derramase una sola gota de sudor. Para Kisuke debía de ser peor todavía, suponía el panda, ya que Berry y Kelvin estaban todavía en pleno desarrollo de sus capacidades espirituales y no serían capaces de poner en riesgo al Comandante aunque quisieran. Era un honor y un placer entrenarles y un orgullo que eso les hiciera la mínima ilusión. Pero no era lo más emocionante del mundo.

Sin embargo, el hecho de tener la tarea de preparar a estas jóvenes promesas para el duro futuro que les esperaba en el Nuevo Mundo no quería decir que ambos revolucionarios, Kisuke y él, no pudieran entrenar el uno con el otro. Era, de hecho, deseable que lo hicieran, ya que ambos debían de demostrar el máximo nivel de coordinación si querían tener una mínima posibilidad frente a los titanes que navegaban con aquellas aguas. Garnet era su aliado, sin duda, pero no así lo eran Sohem, Viktor, la división 9 y mucho menos los piratas Mushoku. Tampoco debían menospreciar la presencia de Yonkos en aquellas aguas ni el ocasional almirante que pudiera entrometerse en sus revolucionarios asuntos. Lo cierto es que los Toros Negros eran carpas en un estanque de tiburones y poco podrían hacer si no levantaban cabeza y empezaban a mover ficha, aunque fuera discretamente. Por estos motivos, el día anterior, Bambú se personó en el despacho de su Comandante después de su entrenamiento matutino con sus jóvenes discípulos y le propuso un enfrentamiento por la tarde para ponerse a prueba el uno al otro. —Quiero ver qué está preparando, comandante, que veo que se ausenta muchas veces, ¡honhonhon! —En efecto, su superior y amigo desaparecía ocasionalmente, probablemente en algún lugar apartado, para llevar a cabo duros entrenamientos o apasionados encuentros románticos.

Citó a Kisuke a las cinco de la tarde en una de las playas del norte, más allá del linde del bosque en el que se encuentra el pueblo de Kara. La hora era perfecta, ya que a las cinco la comida estaba digerida, la segunda deposición del día hecha, el café tomado y el espíritu renovado para proceder con el último tramo de la tarde con una amena y saludable sesión de violencia desmedida. El lugar también era idóneo. Una playa enorme con una longitud de varios kilómetros que muy rara vez se usaba para algo que no fuera el ocio veraniego. En estas fechas invernales, con el frío que hacía fuera de casa, nadie se atrevía a disfrutar la tibieza de la luz del atardecer que ahora bañaba la costa junto con las embravecidas aguas del Grand Line. Nadie excepto Bambú, que se había personado en el lugar del encuentro con excesiva antelación, como era habitual. No era solamente que no le gustase nada llegar tarde, sino que la emoción de un posible entrenamiento con su comandante le había movido a salir de casa con tiempo de sobra. A treinta metros de donde el agua del Grand Line finalizaba su recorrido y se retiraba de nuevo hacia las profundidades oceánicas había un panda esperando. Estaba de cara al horizonte infinito del norte, con el sol bañando su figura desde su izquierda. Aguardaba la llegada de su contrincante con los brazos cruzados. No se había traído gran cosa porque no quería utilizar trucos con Kisuke. Quería ir directo al grano y usar su repertorio habitual. Ver dónde estaban sus debilidades y dónde se encontraban sus fortalezas. Llevaba puestos sus guantes, como casi siempre, y en su espalda reposaba una hermosa lanza de aspecto extremadamente ligero. En sus bolsillos había dos den den mushis, uno en cada uno. El blanco en el derecho y el normal en el izquierdo. Los llevaba por si acaso había algún tipo de emergencia en otro lugar de la isla y tenía que acudir inmediatamente alertado por algún otro miembro del escuadrón. Había dejado sus botiquines, su té y el resto de sus armas en casa para mantenerlo simple. No quería parar el combate para vendarse cualquier herida que Kisuke le provocara, ya que eso arruinaría el ritmo del mismo. Si se quedaba inconsciente como la primera vez que se peleó con él y con Zorak así debía ser.

Un estornudo arruinó la esencia auracultora de la escena. —Joder qué frío, a ver si viene Kisuke ya y empezamos para entrar en calor. ¿Por qué vengo tan temprano siempre?—

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[Presente Relativo - Entrenamiento] Marshal & Commander - por Max D. Bambú - 26-06-2026, 10:17 PM

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