[Aventura T3 Autonarrada] High Noon
#1
Día 79 de primavera. Año 11.
10:36 AM. Isla Toko. Barco de los Shogun Gari.


Cargado de energía tras ese espectacular desayuno que había preparado Aurora, Tobías no podía seguir sentado en su escritorio. No estaba demasiado inspirado y tenía en mente adquirir alguna herramienta y materiales para sus cachivaches. Salió de su despacho. "Tendría que haber ido a vigilar a Sasha y a Garnet... Hubiera podido aprovechar para hacer mis compras mientras tanto, solo espero que no se metan en ningún lío. Bueno, igual me los encuentro. ¿Dónde habrán ido?"

El carpintero cargó su petate con una botella de agua, munición y bastantes billetes. Revisó sus revólveres y los enfundó. Ya estaba listo para salir del barco, su brújula interna apuntaba al pueblo que todavía no había visitado, Goruden. Esperaba encontrar allí las tiendas adecuadas y de paso conocer un nuevo lugar, siempre es emocionante ver algo por primera vez. Montó en la balsa que había construido el primer día y remó hasta la orilla. El calor pesaba sobre el joven barba naranja, se colocó bien el sombrero y comenzó la caminata hasta el puente que cruzaba el barranco. Aprovechó el tramo para intentar seguir imaginando artilugios, pero seguía espeso, no se le ocurrió nada digno. Parecía que iba a ser un día aburrido, solo y sin ideas ni temas que tratar internamente. Esperaba al menos encontrar a sus traviesos compañeros, igual eso animaba la jornada. Y al fin alcanzó el puente flotante, pero esta vez lo cruzó para dirigirse al otro pueblo. No sabía cuan largo era el camino, puso la mente en blanco y dio un paso tras otro mientras admiraba el austero paisaje. 

Al poco de cruzar el puente se encontró con un bosque bastante seco, casi sin vida. El camino era ascendente, tenía que llegar hasta lo alto de una loma, así que no forzó el paso y ascendió con calma. El sol seguía subiendo pero en dirección contraria a la que seguía el joven barba naranja, como si de una carrera se tratara. El primero en llegar a lo alto de la montaña no ganaría nada, pero ambos proseguían sin preguntarse porque. Bueno, para Tobías el premio sería dejar de subir de una vez y seguir el camino ya de bajada. Algo es algo. Solo de pensar que después tendría que volver al barco por ese desierto rocoso amargaba al carpintero, y encima cargado con trastos si las compras fueran fructíferas. Decidió que esperaría al atardecer para su regreso, el calor no era un buen compañero de viaje.


Día 79 de primavera. Año 11.
11:44 AM. Isla Toko. Pueblo Goruden.

El mediodía acechaba, el sol casi había alcanzado el zenit y descargaba su energía sin piedad sobre el secarral que transitaba. Tobías había ganado la carrera hacía casi treinta minutos, el tiempo que llevaba descendiendo. Ya casi se había bebido toda el agua y eso que la caminata había durado solo una escasa hora, tendría que comprar otra cantimplora y llenar ambas para la vuelta, pues la que llevaba la estaba racionando con cautela. No sabía cuantos días iban a estar en esa calurosa isla ni si procedería realizar alguna excursión más larga, así que ir con dos, incluso tres cantimploras, no era una mala idea. 

Al fin se divisaba el pueblo, a no más medio kilómetro. Libre de preocupaciones, Tobías se terminó el agua que le quedaba de un trago y aceleró el paso, el ansia por llegar y sentarse un rato a la sombra le invadía. Un viejo cartel citaba "Goruden Town, hogar del oro." Con una arquitectura muy similar a Kakutasu, un polvoriento pueblo se erguía frente a barba naranja. Sus calles desiertas, seguramente por ser la peor hora para ser transitadas, forzaron a Tobías a seguir caminando por las afueras en busca de algún bar donde sentarse y recabar algo de información acerca de los comercios locales. Anduvo mirando intermitentemente a ambos lados de la primera calle que tomó, solo pequeñas casas y algún local de compraventa de oro. Ni un alma. Por fin un cartel que animó al joven a cruzar la puerta que custodiaba, "Saloon". 

Sólo estaban el barman y un parroquiano que roncaba sentado en una silla con el ala del sombrero cubriéndole hasta la comisura de los labios. - Buenos días. Que ambientazo... Un poco de agua, por favor. Vengo desde muy lejos y hace un calor de mil demonios. - Tobías se había acercado hasta la barra y se había sentado en uno de los taburetes. - Lo siento, no tenemos de eso aquí. Tenemos aguardiente de tres a nueve equis, o si la señorita lo prefiere, zarzaparrilla. - El señor tras la barra era alto, canoso y bastante seco. Parecía no haber tenido un buen día, o una buena vida en general. - Bueno, pues una zarzaparrilla bien fresquita, por favor. - El barman se rio asintiendo. Cogió una botella, la destapó y sirvió su contenido en un vaso translúcido. Le acercó el pegajoso recipiente al carpintero de los Shogun Gari. - Aquí tiene bella dama. - Menos mal que Tobías era un tipo tranquilo y le resbalaba todo, si no esa tensión hubiera desembocado en una pelea física. La bebida estaba a temperatura ambiente, unos treinta grados. - ¿No tiene hielo? - El barman volvió a reírse, esta vez más escandalosamente que la anterior. - Es una pena, un grupo de bebes de tu edad me ha agotado las existencias esta mañana con sus zumitos de fresas silvestres. - Estaba gracioso el tipo. - ¿También se han terminado esos zumitos? Me entraría de perlas uno ahora mismo y más si me lo sirvieras en un vaso limpio. - El joven comenzaba a mosquearse con la actitud del camarero y sus respuestas iban aumentando el nivel de sarcasmo. El barman hizo caso omiso del último comentario y siguió con sus tareas. Ahí tenia esa infusión de raíces, si no la quería ya sabía donde estaba la puerta. Le dio un sorbo y aunque estaba dulce, la temperatura no iba a ayudarle a rebajar su temperatura corporal. 

Iba a darle un segundo trago cuando irrumpieron bruscamente en el local diez hombres con cara de pocos amigos. Entraron riendo y, obviando al pirata, cruzaron el bar hasta apoderarse de dos mesas que juntaron para formar una. Iban vestidos con ropas oscuras propias del lugar. Le pidieron un par de botellas de siete equis y diez vasos. El barman cambió su actitud al instante, volviéndola menos agresiva y más servicial, por lo visto los respetaba en cierta manera. Atendió raudo al grupo con una amabilidad exagerada y volvió tras la barra para seguir con sus quehaceres. Tobías seguía a su bola cuando detectó que el volumen de las voces provenientes de los diez tipejos había disminuido gradualmente. Sin girarse, observó a través del reflejo de la metálica caja registradora que lo miraban entre casi susurros. El pirata se mantuvo alerta, no le olía bien esa actitud. No sabía si era por esa razón, pero tenía que acostumbrarse a que su recompensa fuera a ser motivo de peligro. Como no quería problemas, le dio tres tragos largos al brebaje en apenas treinta segundos y se levantó para hurgar en su petate y dejar un billete sobre la barra. - Quédese con el cambio, estaba deliciosa... Le recomendaré el local a mis amiguitos del colegio. - El barman ni lo miró, parecía nervioso y realizaba tareas repetitivas y absurdas de manera precipitada y torpe.

Tobías iba a salir del cochambroso establecimiento cuando una voz firme y grave le interrumpió el paso. - ¡Eh muchachito! ¿Tienes prisa? Ven. Siéntate un rato con nosotros, te invitamos a una copa. - El joven barba naranja se giró antes de contestar. - Lo siento, mi mamá siempre me dice que no debo juntarme con extraños. Nos vemos. - Volvió a orientarse hacia la puerta y siguió andando, pero antes de cruzarla sonó un fuerte estruendo provocado por un arma de fuego, seguido de la aparición de un agujero en el marco superior de la salida que proyectó varia astillas de madera hacia el pirata. No parecía haberles gustado su actitud, estaba en desventaja numérica y territorial, así que se volvió a girar para intentar calmar la situación, no quería volver a destrozar un local, por muy sucio y vagamente ordenado que estuviera. - Mirad chicos, no parecéis mala gente. No hay necesidad de problemas, seguid bebiendo y ya está. Ni vosotros os cansáis ni yo pierdo más tiempo. ¿Qué queréis, dinero? - Sacó varios billetes del petate y los dejó sobre la barra. - A esta ronda y las dos siguientes invito yo. Camarero, que no les falte de nada a mis queridos colegas. -

Otra bala pasó a medio palmo de la oreja izquierda de Tobías. - Claro que queremos dinero, "vaquero", pero no nos conformamos con esa miseria. Preferimos los cincuenta y cinco millones y medio que ofrecen por esa barbita tan peculiar, Tobías Murray. Vamos, colabora y al menos podrás seguir con vida a la sombra. Como bien has dicho, no somos mala gente, si quisiera matarte la primera bala ya te habría atravesado el cráneo. - La misma voz de antes, proveniente del que parecía el cabecilla del grupo, un tipo corpulento con coleta y barba grises y una expresión más bien malhumorada contrapuesta a la media sonrisa que dibujaban sus labios. Ya había evidenciado que conocían la identidad y precio del pirata, o huía o los enfrentaba. Tobías escogió la opción B. 

- Solo os pediré una cosa, salgamos a fuera, no quiero reventar el local. No es que sea muy bonito, pero este pobre señor no tiene ninguna culpa de nada. - Tobías había cambiado su expresión a una más seria. - ¡Garhahaha! ¿Quieres salir a la calle para pedir ayuda a la desesperada? Que patético, piratilla. Ya me he hartado de tanta palabrería. Venga muchachos ¡ENSEÑAD A ESTE BASTARDO QUIEN MANDA EN ESTE PUEBLO! - El grupo entero se levantó y desenfundo sus armas de fuego para apuntar al joven barba naranja. - Bueno, parece que no vais a entrar en razón. Yo lo he intentado. Perdón de antemano por las molestias que voy a causar, señor camarero. - Tobías estaba frustrado por no tener la capacidad de lidiar con ese tipo de situaciones siendo menos destructivo. Ya no había vuelta atrás. - ¡ACABAD CON ÉL! - Sonaron varios disparos casi al unísono. Diez balas se aproximaban en línea recta hacia el pirata. 

- YOU SHALL NOT PASS - 

Emanó un halo esférico desde el interior del cuerpo de Tobías que fue aumentando su tamaño mientras se alejaba de él en todas las direcciones comenzando a arrastrar a su paso todo lo que se iba encontrando. Las balas, las sillas, las mesas, las botellas, los vasos, el barman... Absolutamente todo, incluso los maleantes que arremetían contra el carpintero. Éstos impactaron contra las paredes que también comenzaban a ceder, el techo comenzaba a combarse y alejarse del suelo. Como si hubieran explotado cien cartuchos de dinamita, el edificio entero fue repelido por la onda expansiva. Solo quedó Tobías intacto en un radio de más de treinta metros, sobre la tarima de madera, bajo el sol del mediodía. 

El joven se acercó hasta el propietario del local que estaba medio grogui, sacó todo el dinero que llevaba encima y se lo dejo sobre el pecho. - Lo siento viejo, no tenía otra opción. Se que no es mucho pero no llevo más encima. Volveré mañana con más. - Los asquerosos atacantes yacían en el suelo inconscientes, una pena que las consecuencias de sus actos hubieran desembocado en ese desastre, pero el mal ya estaba hecho.

Como no podía seguir con su plan de adquirir herramientas y demás enseres, tomó la calle que llevaba a la salida del pueblo para regresar al barco. Sin agua y a pleno sol comenzó la travesía de vuelta, dándole vueltas a como podría en el futuro afrontar esos imprevistos sin destrozar nada. Tras un rato caminando bajo la abrasante luz del mediodía se le ocurrió como, iba a necesitar un arma mejor. No sería fácil de fabricar pero ya sabía como la iba a bautizar. High Noon.
[Imagen: l47Ucve.png]

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Para. Respira. Ordena. Apuesta.

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[Aventura T3 Autonarrada] High Noon - por Tobias Murray - 01-12-2023, 03:30 AM
RE: [Aventura T3 Autonarrada] High Noon - por PX-2 - 02-12-2023, 02:59 PM

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