27-06-2026, 07:51 PM
No hubo nadie que lo terminara de desatar, por ello, pudo hacerlo él mismo, revelando tras sus espaldas una hoja que logró retirar de dentro de su traje, acelerando un poco más el desatarse que tener que esperar a que alguien lo hiciera con él, utilizando su daga para ello. Su mano acertó al tomar la empuñadura y a sus espaldas, de forma sigilosa, comenzó a cortar la cuerda detrás de detrás de su espalda. Era una ventaja no tener a Cicatriz detrás de él, o las manos atadas al frente, así al menos no lo vería terminar de desatarse en el momento que la cuerda cayera. De hecho, una vez cayó, volvió a ocultar nuevamente la daga en su traje, entre el pantalón y el mismo, cubierto por la tela de su camisa. A su vez, escuchaba a las palabras del hombre frente a él.
Ahora sí, sacudió sus muñecas una vez liberadas, despreocupado por si el contrario le cuestionaba de qué forma lo había logrado. Perder el tiempo no era lo suyo. Descendió su mirada con calma. —¿Cinco millones? Vaya, parece que valgo bastante poco. — No supo distinguir si mentía o decía la verdad, pero por el momento lo mejor era fingir que le creía. Los ojos de Jin voltearon ligeramente hacia el Capitán de los Sepultura. Probablemente eso pudiera llegar a molestarlo... Si es que existía ese tipo de relación que creyó entre esos dos. Volvió la mirada hacia Cicatriz, con calma infinita, manteniendo su tono seguro y firme.
—Creo que te gustaría demasiado joderme, Cicatriz, pero no estamos hoy para eso. — Pronunció con la misma calma inicial, elevando la mirada hacia él, en un tono claramente irónico. Por supuesto, no contestó respecto a la alianza entre el Capitán y él. Sin embargo, fue el propio Capitán quien habló por él. Graso error, era mejor no salirse demasiado de la lengua, pero por ahora lo dejó pasar fingiendo desconocimiento. Eso sí, su confianza incrementó, ahora poniéndose en pie después de terminar de frotar sus muñecas. Esos condenados le habían atado bien fuerte.
Sus ojos se elevaron, ahora caminando hasta salir del baño, o al menos lo intentó, viéndolo a esa distancia de ellos, tomándose la copa del bar. —¿Quieres información de mi boca? Bien, entonces puede interesarte esto, a ver qué tan dulce te parece. — Rebuscó en el bolsillo, una vez más, para encontrarse con su cajetilla de metal, donde tenía el tabaco alineado. Si iban a conversar, efectivamente, se iba a encender un cigarrillo. —Igual que tú no puedes contarme cosas, hay otras que no haré. Solo te daré la información equilibrada respecto a lo que me has contado. — Sus ojos se elevaron, fríos, con el cigarrillo entre sus labios. —Lo que me hace “importante” entre Brandon y sus socios es el hecho que inculparon al hombre equivocado, y lo saben. Conoces el mundo de los negocios, no lo pongo en duda. ¿No llegó a tus oídos? ¿Cómo el clan Onizuka supuestamente “eliminó” al objetivo?
Frenó la conversación por un momento, al menos ahora que veía a la muchacha acercarse a Eros. Una mujer golpeada, rostro nervioso, posiblemente amenazada. —¿Por qué te crees que de un momento a otro nos hemos vuelto “traidores” para ellos? Vamos, sé que tienes cabeza suficiente para eso. — Volvió la mirada, fija, segura, hacia el hombre grande y musculoso. —No somos los únicos que fueron contratados, ni tú, ni yo. ¿Esos diez millones? Para cuando quieran dártelos, te harán lo mismo, contratarán a otros para que vayan a por ti, porque sabes demasiado. — Los ojos del yakuza se entrecerraron, soplando el humo de sus pulmones, con mirada firme. —¿O crees que Raigo no estará furioso por la traición? Si nos han traicionado a nosotros, y al grupo Maeda, ¿Qué te garantiza que no os traicionen a vosotros si no les sois útiles? ¿O si cumplís vuestra función de usar y tirar? Piénsalo bien, Cicatriz.
Los ojos de Jin, esta vez, volvieron a la muchacha que se acercó a él junto con el botiquín Grande que aceptó con un movimiento de cabeza. Su voz, sin embargo, disminuyó en su tono, susurrando a la mujer suavemente de modo que solo ella pudiera escucharlo.
Pero, por ahora, lo mejor sería sonsacar la información de ese hombre primero, luego sí querría encargarse de él junto al hombre topo. —Siguiente pregunta; ¿Qué tanto te involucraste con los Maeda? ¿Qué otros grupos más hay además de ti? ¿En qué isla se encuentran? — Información por información, un clásico. Aprovechó, por supuesto, para utilizar y aplicar y curar sus propias heridas con el botiquín, manteniendo con ello el cigarrillo pegado entre sus labios.

—¿Quieres jugar? Adelante. Juguemos a las preguntas.
Ahora sí, sacudió sus muñecas una vez liberadas, despreocupado por si el contrario le cuestionaba de qué forma lo había logrado. Perder el tiempo no era lo suyo. Descendió su mirada con calma. —¿Cinco millones? Vaya, parece que valgo bastante poco. — No supo distinguir si mentía o decía la verdad, pero por el momento lo mejor era fingir que le creía. Los ojos de Jin voltearon ligeramente hacia el Capitán de los Sepultura. Probablemente eso pudiera llegar a molestarlo... Si es que existía ese tipo de relación que creyó entre esos dos. Volvió la mirada hacia Cicatriz, con calma infinita, manteniendo su tono seguro y firme.
—Creo que te gustaría demasiado joderme, Cicatriz, pero no estamos hoy para eso. — Pronunció con la misma calma inicial, elevando la mirada hacia él, en un tono claramente irónico. Por supuesto, no contestó respecto a la alianza entre el Capitán y él. Sin embargo, fue el propio Capitán quien habló por él. Graso error, era mejor no salirse demasiado de la lengua, pero por ahora lo dejó pasar fingiendo desconocimiento. Eso sí, su confianza incrementó, ahora poniéndose en pie después de terminar de frotar sus muñecas. Esos condenados le habían atado bien fuerte.

—¿Importante? Bueno, podríamos decir que lo mismo que te harán a ti.
Sus ojos se elevaron, ahora caminando hasta salir del baño, o al menos lo intentó, viéndolo a esa distancia de ellos, tomándose la copa del bar. —¿Quieres información de mi boca? Bien, entonces puede interesarte esto, a ver qué tan dulce te parece. — Rebuscó en el bolsillo, una vez más, para encontrarse con su cajetilla de metal, donde tenía el tabaco alineado. Si iban a conversar, efectivamente, se iba a encender un cigarrillo. —Igual que tú no puedes contarme cosas, hay otras que no haré. Solo te daré la información equilibrada respecto a lo que me has contado. — Sus ojos se elevaron, fríos, con el cigarrillo entre sus labios. —Lo que me hace “importante” entre Brandon y sus socios es el hecho que inculparon al hombre equivocado, y lo saben. Conoces el mundo de los negocios, no lo pongo en duda. ¿No llegó a tus oídos? ¿Cómo el clan Onizuka supuestamente “eliminó” al objetivo?
Frenó la conversación por un momento, al menos ahora que veía a la muchacha acercarse a Eros. Una mujer golpeada, rostro nervioso, posiblemente amenazada. —¿Por qué te crees que de un momento a otro nos hemos vuelto “traidores” para ellos? Vamos, sé que tienes cabeza suficiente para eso. — Volvió la mirada, fija, segura, hacia el hombre grande y musculoso. —No somos los únicos que fueron contratados, ni tú, ni yo. ¿Esos diez millones? Para cuando quieran dártelos, te harán lo mismo, contratarán a otros para que vayan a por ti, porque sabes demasiado. — Los ojos del yakuza se entrecerraron, soplando el humo de sus pulmones, con mirada firme. —¿O crees que Raigo no estará furioso por la traición? Si nos han traicionado a nosotros, y al grupo Maeda, ¿Qué te garantiza que no os traicionen a vosotros si no les sois útiles? ¿O si cumplís vuestra función de usar y tirar? Piénsalo bien, Cicatriz.
Los ojos de Jin, esta vez, volvieron a la muchacha que se acercó a él junto con el botiquín Grande que aceptó con un movimiento de cabeza. Su voz, sin embargo, disminuyó en su tono, susurrando a la mujer suavemente de modo que solo ella pudiera escucharlo.

—Es muy valiente, señorita. Agradezco su hospitalidad y la tendré en cuenta.
Pero, por ahora, lo mejor sería sonsacar la información de ese hombre primero, luego sí querría encargarse de él junto al hombre topo. —Siguiente pregunta; ¿Qué tanto te involucraste con los Maeda? ¿Qué otros grupos más hay además de ti? ¿En qué isla se encuentran? — Información por información, un clásico. Aprovechó, por supuesto, para utilizar y aplicar y curar sus propias heridas con el botiquín, manteniendo con ello el cigarrillo pegado entre sus labios.
Cajita de Tabaco
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
