27-06-2026, 08:39 PM
Los muchachos parecían contentos con el regalo que Kisuke les había hecho. Era algo sin importancia, una especie de ceremonia de entrada en los Toros Negros, establecida largo tiempo atrás por el y Zorak durante su "primera misión" en Akarui, que acabo en una emboscada del Ciphe Pol, y que a él le gustaba conservar. No era una imposición el vestirlo, evidentemente, era un gesto del Líder hacia sus compañeros para hacerles sentir parte de una "familia". De hecho, él mismo seguía llevando el mismo que le consiguió su primer compañero en Ilyisia, en el West Blue, hacía tanto tiempo. Ambos, Dean y Shirohime se los pusieron sin dudar, lo cual, aunque no lo reconocería nunca, alegró mucho a Kisuke.
-No te preocupes Dean, la única suciedad no tolerada en ese manto es llevar la deshonra al Escuadrón de los Toros Negros. Para llevar a cabo nuestro cometido, tendremos que bajar al barro y mancharnos las manos así que no os preocupéis por ello.
Acto seguido se pusieron a hablar brevemente entre ellos, diciendo un montón de cosas sin sentido, al menos para el antiguo pescador, que los observaba entre curioso y algo avergonzado, porque se sentía un tanto fuera de lugar, al no entender ni jota de lo que estaban hablando los jóvenes revolucionarios. Al final, parecía que había entrado en el grupo de los adultos que no comprenden a los muchachos cuando hablan la extraña jerga juvenil de cada época. Sonrió al darse cuenta de que hacía mucho que él no era un muchacho, que el tiempo es un monstruo insaciable que todo lo devora y ahora él se había convertido en un carcamal, un pollavieja (como decían en su época a los adultos) o un carroza (como solía decirse en la época de juventud de sus padres. Se rio con fuerza viendo la vitalidad y el entusiasmo de los "cachorros".
-KUHAHAHAHA... No entiendo una puta mierda de qué habláis, pero vamos, quiero ver de que estáis hechos.
Y sin decir más redujo los cinco metros que los separaban y se colocó detrás de los muchachos, primero de Shirohime, y luego yendo hacia Dean que estaba a 6 metros a la izquierda de la muchacha, y les pasó un dedo por la cara a cada uno, manchándolos con su hollín en las mejillas, a Shirohime en la mejilla derecha y a Dean en la izquierda, y dando un saltito hacia atrás de unos cuatro metros, quedando a su espalda con Yamigiri todavía alzada ante él.
-Primera lección... Si no ves al enemigo, estás jodido...
Aquello parece una obviedad pero la gente normalmente se centra mucho en sus propias capacidades de fuerza bruta y velocidad o habilidad con sus armas, y se olvida de lo más esencial, si no ves a tu enemigo no puedes ni atacarle ni defenderte de él, por lo que entrenar tu "visión de combate" es algo crucial, más aún si no tienes habilidad para el haki, cosa que aquellos tiernos muchachitos, no tenían... por el momento.
-Haré que desarrolléis vuestras capacidades, así que venid con todo, como si fuese vuestro enemigo... En el combate no hay que dudar...
Estaba deseoso por ver que tenían aquellos muchachitos tan jóvenes para él, la emoción de poder ayudarles a crecer y medir su capacidad le encantaba. Nunca había pensado que ser "maestro" de alguien pudiese ser tan interesante, pero le estaba gustando la sensación y deseaba que llegasen lo más lejos posible en su camino en el Ejército Revolucionario.
-No te preocupes Dean, la única suciedad no tolerada en ese manto es llevar la deshonra al Escuadrón de los Toros Negros. Para llevar a cabo nuestro cometido, tendremos que bajar al barro y mancharnos las manos así que no os preocupéis por ello.
Acto seguido se pusieron a hablar brevemente entre ellos, diciendo un montón de cosas sin sentido, al menos para el antiguo pescador, que los observaba entre curioso y algo avergonzado, porque se sentía un tanto fuera de lugar, al no entender ni jota de lo que estaban hablando los jóvenes revolucionarios. Al final, parecía que había entrado en el grupo de los adultos que no comprenden a los muchachos cuando hablan la extraña jerga juvenil de cada época. Sonrió al darse cuenta de que hacía mucho que él no era un muchacho, que el tiempo es un monstruo insaciable que todo lo devora y ahora él se había convertido en un carcamal, un pollavieja (como decían en su época a los adultos) o un carroza (como solía decirse en la época de juventud de sus padres. Se rio con fuerza viendo la vitalidad y el entusiasmo de los "cachorros".
-KUHAHAHAHA... No entiendo una puta mierda de qué habláis, pero vamos, quiero ver de que estáis hechos.
Y sin decir más redujo los cinco metros que los separaban y se colocó detrás de los muchachos, primero de Shirohime, y luego yendo hacia Dean que estaba a 6 metros a la izquierda de la muchacha, y les pasó un dedo por la cara a cada uno, manchándolos con su hollín en las mejillas, a Shirohime en la mejilla derecha y a Dean en la izquierda, y dando un saltito hacia atrás de unos cuatro metros, quedando a su espalda con Yamigiri todavía alzada ante él.
-Primera lección... Si no ves al enemigo, estás jodido...
Aquello parece una obviedad pero la gente normalmente se centra mucho en sus propias capacidades de fuerza bruta y velocidad o habilidad con sus armas, y se olvida de lo más esencial, si no ves a tu enemigo no puedes ni atacarle ni defenderte de él, por lo que entrenar tu "visión de combate" es algo crucial, más aún si no tienes habilidad para el haki, cosa que aquellos tiernos muchachitos, no tenían... por el momento.
-Haré que desarrolléis vuestras capacidades, así que venid con todo, como si fuese vuestro enemigo... En el combate no hay que dudar...
Estaba deseoso por ver que tenían aquellos muchachitos tan jóvenes para él, la emoción de poder ayudarles a crecer y medir su capacidad le encantaba. Nunca había pensado que ser "maestro" de alguien pudiese ser tan interesante, pero le estaba gustando la sensación y deseaba que llegasen lo más lejos posible en su camino en el Ejército Revolucionario.
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