28-06-2026, 04:46 PM
(Última modificación: 28-06-2026, 06:06 PM por Max D. Bambú.)
El ensordecedor ruido de la marea alterada del Grand Line en Mogaro ocultó el sonido de las pisadas de Kisuke hasta que estuvo a unos buenos 15 metros del panda. En ese momento, Bambú se giró para recibirle con una sonrisa de pura emoción. Extendió la versión avanzada de su haki de observación hasta el radio de 10 metros, distancia a la que Kisuke se detuvo, y leyó su aura mientras escuchaba sus palabras y analizaba sus expresiones. Podía sentir que la emoción era compartida. ¿Cuánto hacía ya que no entrenaban el uno con el otro? Ambos, aunque Kisuke le ganaba en eso, eran amantes de una buena contienda. Kisuke siempre estaba dispuesto a darse de hostias con quien le retase y aunque Bambú fuera algo más comedido, una vez empezaban las hostilidades no daba tregua a nadie. La conversación empezó como muchas otras con su comandante. Con una apuesta interesante. —¡HONHONHON! Me parece razonable. Nuestros nuevos pupilos y pupilas agradecerán un pequeño descanso y una cuantiosa cena después de lo que les hemos hecho pasar. —Siguió la mano derecha de Kisuke hasta Yamigiri, la que debía de ser su espada favorita. Todavía no la había desenvainado, pero su camarada era un maestro en el arte de desenvainado de esa espada. El inicio de su filo destelló contra la luz del atardecer que le llegaba desde el oeste. Casi pareciera estar hecha de oro desde aquella perspectiva. Le parecía curioso que el oeste favoreciera tanto el aspecto del comandante de sus ejércitos, como si la misma naturaleza proyectase el fanatismo del panda sobre su superior. Aquel destello dorado era la promesa de una dura contienda. Conocía, sin embargo, el pequeño deje de Kisuke en sus entrenamientos: no se aprovechaba de su mayor ventaja al usar armas de filo. Solía golpear a Bambú siempre con la parte sin filo de las mismas, evitando así provocarle heridas sangrantes que le fuesen drenando poco a poco. No esperaba de su camarada contención alguna, porque él no pensaba concedérsela, y para demostrarlo comenzaría aquella pelea con su facultad más poderosa. Tenía la sensación de que Kisuke podría resistirla de todas formas, pero si algún día planeaban llegar a poder plantarle cara a Sohem, y por extensión a cualquier otro usuario del haki del conquistador, necesitaba de su compañero una voluntad férrea.
En cuanto Kisuke dio la señal de salida, una característica luz eléctrica empezó a iluminar todo el cuerpo de Bambú. Su voluntad se expandió a toda velocidad, ejerciendo una presión aplastante en un radio de diez metros a su alrededor, igual que su percepción extrasensorial con el haki. Verdaderamente planeaba ir con todo. El panda se inclinó hacia delante de tal forma que su torso se quedó perpendicular al suelo y sus brazos se enterraron en la arena de la playa para proporcionarle el apoyo necesario para lo que iba a hacer. Sus manos, ocultas bajo la arena, se tiñeron del negro característico del haki armadura en conjunto con su cabeza, esta última visible para todo el mundo. Las piernas del mink se flexionaron para proporcionarle el impulso necesario. —¡ALLÁ VOY! —Con aquel aviso, Don Bambú se propulsó como si fuera un misil contra Kisuke. La arena sobre la que estaba apoyado se dispersó en todas las direcciones por la potencia del salto y su enorme cuerpo úrsido cruzó la estrecha distancia que le separaba de su camarada como si fuera un tridente. Su cabeza buscaba el torso de Kisuke y sus brazos pretendían impactar en los hombros. Después de su ofensiva apoyó primero su pie derecho en el suelo y se irguió cuan alto era allí donde se había provocado el choque. No planeaba mantener las distancias con su letal camarada, pues quería enfrentarse de cara contra todo lo que él pudiera hacerle, así que no se alejó de él.
En cuanto Kisuke dio la señal de salida, una característica luz eléctrica empezó a iluminar todo el cuerpo de Bambú. Su voluntad se expandió a toda velocidad, ejerciendo una presión aplastante en un radio de diez metros a su alrededor, igual que su percepción extrasensorial con el haki. Verdaderamente planeaba ir con todo. El panda se inclinó hacia delante de tal forma que su torso se quedó perpendicular al suelo y sus brazos se enterraron en la arena de la playa para proporcionarle el apoyo necesario para lo que iba a hacer. Sus manos, ocultas bajo la arena, se tiñeron del negro característico del haki armadura en conjunto con su cabeza, esta última visible para todo el mundo. Las piernas del mink se flexionaron para proporcionarle el impulso necesario. —¡ALLÁ VOY! —Con aquel aviso, Don Bambú se propulsó como si fuera un misil contra Kisuke. La arena sobre la que estaba apoyado se dispersó en todas las direcciones por la potencia del salto y su enorme cuerpo úrsido cruzó la estrecha distancia que le separaba de su camarada como si fuera un tridente. Su cabeza buscaba el torso de Kisuke y sus brazos pretendían impactar en los hombros. Después de su ofensiva apoyó primero su pie derecho en el suelo y se irguió cuan alto era allí donde se había provocado el choque. No planeaba mantener las distancias con su letal camarada, pues quería enfrentarse de cara contra todo lo que él pudiera hacerle, así que no se alejó de él.
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