28-06-2026, 10:04 PM
Día 81 de Invierno, año 17.
7:37 p.m.
Royal Flush, habitación de Hyak
7:37 p.m.
Royal Flush, habitación de Hyak
Hay viento del este y sol desde el oeste.
El caluroso viento de la tarde quedó en el pasado, ahora es una brisa fría lo que se cuela por las escotillas del Royal Flush, en otro momento le habría molestado, pero luego de haberse comprado colorida sábanas de lana y seda, además de múltiples piezas de ropa que lo favorecían mucho mejor que las múltiples capas de ropa que tenía que usar en Drum y que mostraban la suficiente piel para que se notara su trabajado cuerpo, ni siquiera el frío de la noche podría ponerlo de mal humor.
En la tarde, junto con sus compañeras, exploró parte de la ciudad, más bien los mercados de ropa y especias. Compraron hasta que no pudieron cargar más bolsas. No pudo estar más complacido en el sitio. La gente, su amabilidad, sus cuerpos y, sobre todo, la presencia de posibles víctimas, todo era perfecto, así que ahora que estaba solo en su habitación, sonreía mientras se miraba al espejo al probarse un nuevo conjunto de ropa. Sí, usaría ese al día siguiente; sin embargo, algo desencajaba: sus guantes.
Miró los guantes de cuero que llevaba puestos, estaban desgastados. Era cierto que, al ser de combate, entrenaba con ellos y además, quisiera o no, había tenido que usarlos para pelear en alguna que otra ocasión, pero no eran eternos, todo el uso ya les estaba pasando factura. Se mordió su labio…tenía que hacer algo con ellos y rápido.
Recordó los mercados que conoció apenas hoy, a la gente comprando cosas viejas para darles una segunda oportunidad. Bien, ya tenía potenciales clientes pues, a fin de cuentas, él no usaría más esos guantes y ahora, en una tierra en donde el comercio parecía brillar más que el sol, seguramente encontraría a un interesado. —Aunque supongo que también tendré que revisar mis botas.
Y eso hizo. Se fijó en un par de botas de combate, luego en las otras, ambas lo decepcionaron al verse tan desgastadas como sus guantes. También tendría que venderlas…Bueno, él no, Merlot era mejor en eso.
Metió sus guantes y botas en una bolsa antes de salir de su habitación, estaba a punto de ir a tocar la puerta del cuarto de las chicas cuando vio una maraña de pelo rosa subir hasta cubierta. Decidió seguirla y lo que encontró, terminó alineándose mucho con lo que él mismo pensaba en hacer.
—¿También necesitas nuevas armas? —preguntó al ver que colocaba bolsas con sus armas a un lado de Cara Melo. —Parece que todos estamos en las mismas… ¿Crees que podrías encargarte de vender mis botas y guantes? Me vendría bien sacar algo de berries de ellos en lugar de tirarlos a la basura —. El mismo médico se encargó de colgar su bolsa con armas a un lado de Cara Melo, al día siguiente lo arreglaría y saldría con las chicas a probar suerte en el mercado. —Y creo que a ti se te da mejor eso de vender.
El médico sonrío y se despidió de la semi sirena antes de regresar a su habitación. Mañana tendría que levantarse temprano para intentar comerciar. No era su tarea preferida, pero seguro en grupo sería más llevadera.
Día 82 de Invierno, año 17.
10:19 a.m.
Nanohana, Arabasta
10:19 a.m.
Nanohana, Arabasta
Cuando salieron del barco, el médico se subió junto con Maki sobre Rochallor y como dijo la mujer, tuvo que sujetarse con fuerza de ella para evitar caer. El ave no era la criatura más dócil sobre la faz de la tierra, pero era lo que había; Merlot, en cambio, llevaba consigo a Cara Melo.
No pasó mucho tiempo cuando ya estuvieron en medio de uno de los mercados. Hacía calor y el sitio no estaba precisamente vacío, aunque si algo lo incomodaba eran las miradas impertinentes que algunos sujetos de mal ver le dirigían a Merlot, de hecho, la incomodidad fue suficiente como para colocarse a un lado de ella y pasar su brazo sobre sus hombros, claro, sin avanzar demasiado ni dejar atrás a Maki que… ¿Por qué mierda era ahora calva? Verla así no solo hizo que su cerebro tuviera que cargar más información de la cuenta para saber quién era, si no que, al reconocerla, se le bajó tanto la presión que creyó que no podría salir al mercado. Solo el olor de su esencia de menta lo hizo volver a la realidad.
—Sí, he visto ese talento en acción, pero no beses a nadie esta vez para convencerlo de comprar nuestras armas —. El pelirrosa ayudó a la chica a bajar las bolsas de encima de Cara Melo, revisó bien el interior y se aseguró que sus dos pares de botas y dos pares de guantes gastados estuvieran dentro. —Y Maki tiene razón, no pierdas nuestras bolsas ni nuestras listas de pedidos: yo necesito una daga, guantes y punteras nuevas. Solo eso, es fácil de recordar, pero te lo dejo anotado —. Irónico que el hablara de “recordar”, pero sea como sea, lo prometido era deuda y le pasó a la chica un papelito en que tenía escrito, con letra muy elegante para ser de un médico, sus únicos pedidos.
Con eso se cruzó de brazos y se quedó afuera de la tienda, junto a Maki, esperando que la sirena hiciera lo que mejor se le daba hacer: convencer a las personas de cerrar un trato con ella.
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