Invitación | Pasado
#23
Un año había pasado desde que se volvió usuario y le costaba recordar el momento en que se planteó esas mismas preguntas. Quizá nunca lo había hecho. Quizá asumió desde el primer día todo lo que venía con el paquete de la Doku Doku no Mi, porque nada de lo malo, por grave que fuera, alcanzaba para eclipsar su principal ventaja: era poderosa. En la lotería de las frutas del diablo, dónde algunos ganan poderes y habilidades absurdas o inútiles en batalla, se había topado con una de las pocas frutas especializadas en el combate. Un poder que por sí solo le daba un peso distinto a su nombre y le otorgaría una reputación dentro del mundo donde vivían, un mundo lleno de hombres y mujeres con las cualidades de dioses y monstruos primigenios.

—No —dijo. Ahora entendía a lo que se había referido así que podía responderle de forma más certera—. Yo controlo cuando suelto el veneno y por dónde. Hay otro tipo de frutas, conozco a un marine que se comió una, que convierte el cuerpo del usuario en cosas distintas. Este tipo en particular se convierte en rayitos de luz. Es bastante molesto.

Después de esa pequeña aclaración, llegaron las respuestas. Enji no había hecho preguntas demasiado profundas. Al menos, no al principio. Los datos pequeños, las preferencias mundanas, podían decir mucho de uno. Esas cosas le interesaban. Las habituales, las cotidianas, las que podían servir en el día a día. Ahora sabía, por ejemplo, qué pedirle en caso de visitar una cafetería, dónde ir a pasear, y qué tanto preocuparse por el clima. Coincidían en la preferencia invernal y eso era fundamental, porque Enji no sabía si podía relacionarse con alguien que amaba el verano. Ese tipo de personas no eran de fiar.

El último trago de su jarra de cerveza acabó en labios de Miyori. No tenía queja alguna al respecto, pues siempre podía pedir una recarga. Es más, le estaba dando la excusa perfecta para hacerlo y seguir bebiendo la cerveza fría. Bien fría.

—¿No sabías que estábamos en Kutsukku esa vez? —replicó, escéptico—. Tienes que estar más atenta a las cosas, Naranjita. —Se llevó otro puñado de maní a la boca y sonrió mientras masticaba—. Yo me lo pasé de puta madre. O sea, al principio fue una cagada, nos prometieron juegos y terminé despertándome en una jaula extraña con otros tres idiotas —relató. Su memoria no era la mejor, pero todo lo que pasó ese día era difícil de olvidar—. Cuando salimos, había una sala enorme con una plataforma en el centro. Ahí estaba un enano, un tal “Don Ald” que era más feo que pegarle a una madre. Nos dijo que seríamos esclavos, así que lo golpee. —Para hacer la experiencia más inmersiva, dió un puñetazos suave al aire—. Pero me puso a bailar. No sé cómo. Imagino que tenía una fruta del diablo o algo así. Todos bailamos.

Los recuerdos llegaron, cada vez más claros y concisos. Revivió ese legendario dance off en las profundidades de una guarida subterránea en Kutsukku.

—Uno se murió —puntualizó—. Pero los otros nos las arreglamos para dejar al enano fuera de combate. Después la puerta se abrió y nos fuimos. ¡Ah! Cierto, en un momento se llenó la sala de agua y casi morimos todos. Eso fue emocionante.

Finalizó su resumen con otro puñado de maní. ¿Cuánto quedaba? Después de ese último asalto, el cuenco yacía vacío. Tendría que pedir más cerveza y más maní.

Antes de levantar la mano y llamar al mozo, se fijó en Miyori. Vio como se recostaba sobre su brazo extendido en la mesa, entre somnolienta o demasiado cansada como para seguir sosteniendo la cabeza sobre los hombros. ¿Cómo no se dió cuenta antes? Si hasta admitió estar probando la cerveza por primera vez.

—Estás ebria —señaló, inclinándose para mirarla más de cerca—. Carajo, estás bastante ebria. —Chasqueó la lengua—. No tendríamos que haber bebido sentados.

Negó con la cabeza. Eso era de primer año de borracheras.

Levantó la mano, llamó al mozo y le hizo el gesto de que trajera la cuenta. Después se colocó a un lado de Miyori y se acuclilló para quedar a la misma altura de su rostro, oculto contra el brazo que le hacía de almohada en ese momento.

—Vamos, Naranjita. Te voy a llevar al hotel donde te estés hospedando. —Sonrió para ella, divertido por la situación—. Creo que es suficiente para tu primera experiencia con la cerveza.
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RE: Invitación | Pasado - por Miyori Hoshino - 11-07-2026, 12:23 AM

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