04-07-2026, 03:37 AM
¿Kutsukku?, ¿Cuándo?...
Sí, lo recuerdo… ese viaje, ese destino, esos sueños, ¿sueños?
Su voz comenzó a sentirse lejana como si cada palabra se hubiera lentamente en la profundidad de mis recuerdos hasta volver apenas murmullos en mi cabeza, apenas alcanzaba a comprender lo que me contaba, porque… sin darme cuenta mi mente ya había emprendido otro camino. Enji también tuvo que bailar con el verdugo de su propio destino para llegar hasta donde se encontraba ahora, frente a mí.
Mis recuerdos me arrastraron a aquella prisión de paredes blancas, fría, hostigante, un lugar donde incluso respirar parecía un privilegio en ese momento, un sitio que nos invitaba a abandonar cualquier esperanza de seguir viviendo, nos empujaba a volver las armas contra quienes compartían nuestro mismo encierro. Un verdugo cobarde, sostenido únicamente entre sus mentiras e idolatrías… pero un verdugo al fin y al cabo.
¿Bailar?... ¿Acaso tú no amabas bailar, Enji?.
Sí, lo recuerdo… te ví aquella noche, en la playa…
Estabas danzando frente a mí con una libertad genuina, feliz, complacido de poder darle vida a tus pies, Entonces… ¿Cómo fue que bailar dejó de ser libertad para convertirse en una maldición?, ¿Poder?, ¿Frutas?... ¿Qué?
Mis pensamientos nunca abandonaron el refugio de mi mente aunque seguí escuchando con atención cada detalle que él decidió compartirme, me alegraba, de verdad me alegraba saber que había logrado salir de aquel lugar, que su destino no terminó siendo silenciado como el de quien murió en su lugar.
Y, aun así… dolía saberlo, ¿Por qué?
Mi pecho se encogió al comprender que nunca me había detenido a pensar en los demás, en esa verdad, en todos aquellos que… cuando aquellas puertas finalmente se abrieron… jamás volvieron a cruzarlas para recuperar su libertad, todas esas personas que quizá murieron allí dentro consumidas por un destino que nunca eligieron. ¿Por qué es que existen personas tan crueles como esas?, ¿Por qué?
¿Qué tiene de divertido arrebatarles todo a otros?
“Casi morimos todos, eso fue emocionante”
Nada de aquello me parecía emocionante, solo imaginarlo me provocaba latidos muchos más dolorosos.
—- Tonto… no digas esas cosas… — murmuré con el rostro aún escondido entre mis brazos — me pondría triste saber que has muerto.
Lo sentí cómo se acercaba, cuando lo escuché llamarme fue que lentamente abrí los ojos y abandoné aquel pequeño refugio que había formado entre mis brazos, lo encontré a un lado de mi asiento en cuclillas y su rostro mostraba esa sonrisa serena, me hacía saber que era momento de volver a mi hogar…
¿Hogar?
Siempre había sido atento conmigo, desde el primer día que nos conocimos aunque al principio rechazó mi cercanía pero fue gracias a él que encontré a mi familia en el camino, me llevó entre la multitud y un escenario caótico para él, para los dos, fue él quien me sacó de aquella tormenta para encontrar un refugio del huracán, me ayudó a salir de aquel laberinto cuando yo sola no habría encontrado la salida… y también defendió mi dignidad frente a quienes se atrevieron a ponerme una mano encima. ¿Por qué…?
—- Enji… — murmuré aún acunada entre mis brazos sin apartar la mirada de aquellos ojos carmesí — ¿Por qué me cuidas tanto?
Aunque probablemente conocía la respuesta.
Cuando el mesero regresó con la cuenta, me incorporé lentamente sobre la silla, la cabeza todavía me daba vueltas pero entendí que era momento de marcharnos, por eso… sin perder tiempo, abrí el estuche de mi violín y busqué el dinero con la intención de pagar antes de que Enji siquiera pudiera ofrecerse, no pensaba permitir que me arrebatara aquella oportunidad, Había sido yo quien lo invitó.
Además… aquel encuentro merecía celebrarse despues de tanto tiempo sin vernos, estaba feliz de escuchar sus logros, de saber que le ha ido bien en su travesía de ser Marine, estaba tan feliz de saber que sigue aquí, sonriéndome después de todo lo que había vivido, sí, aquella invitación era lo mínimo que podía hacer para demostrarle lo mucho que me importaba.
Salir de allí no fue complicado, apenas un cruce de las puertas para que el aire del exterior acariciara mi rostro, quizás recobrando algo de mi lucidez ahora, aguardé en silencio a que Enji terminara de salir.
Pronto nuestros caminos volverían a separarse…
De nuevo.
Sí, lo recuerdo… ese viaje, ese destino, esos sueños, ¿sueños?
Su voz comenzó a sentirse lejana como si cada palabra se hubiera lentamente en la profundidad de mis recuerdos hasta volver apenas murmullos en mi cabeza, apenas alcanzaba a comprender lo que me contaba, porque… sin darme cuenta mi mente ya había emprendido otro camino. Enji también tuvo que bailar con el verdugo de su propio destino para llegar hasta donde se encontraba ahora, frente a mí.
Mis recuerdos me arrastraron a aquella prisión de paredes blancas, fría, hostigante, un lugar donde incluso respirar parecía un privilegio en ese momento, un sitio que nos invitaba a abandonar cualquier esperanza de seguir viviendo, nos empujaba a volver las armas contra quienes compartían nuestro mismo encierro. Un verdugo cobarde, sostenido únicamente entre sus mentiras e idolatrías… pero un verdugo al fin y al cabo.
¿Bailar?... ¿Acaso tú no amabas bailar, Enji?.
Sí, lo recuerdo… te ví aquella noche, en la playa…
Estabas danzando frente a mí con una libertad genuina, feliz, complacido de poder darle vida a tus pies, Entonces… ¿Cómo fue que bailar dejó de ser libertad para convertirse en una maldición?, ¿Poder?, ¿Frutas?... ¿Qué?
Mis pensamientos nunca abandonaron el refugio de mi mente aunque seguí escuchando con atención cada detalle que él decidió compartirme, me alegraba, de verdad me alegraba saber que había logrado salir de aquel lugar, que su destino no terminó siendo silenciado como el de quien murió en su lugar.
Y, aun así… dolía saberlo, ¿Por qué?
Mi pecho se encogió al comprender que nunca me había detenido a pensar en los demás, en esa verdad, en todos aquellos que… cuando aquellas puertas finalmente se abrieron… jamás volvieron a cruzarlas para recuperar su libertad, todas esas personas que quizá murieron allí dentro consumidas por un destino que nunca eligieron. ¿Por qué es que existen personas tan crueles como esas?, ¿Por qué?
¿Qué tiene de divertido arrebatarles todo a otros?
“Casi morimos todos, eso fue emocionante”
Nada de aquello me parecía emocionante, solo imaginarlo me provocaba latidos muchos más dolorosos.
—- Tonto… no digas esas cosas… — murmuré con el rostro aún escondido entre mis brazos — me pondría triste saber que has muerto.
Lo sentí cómo se acercaba, cuando lo escuché llamarme fue que lentamente abrí los ojos y abandoné aquel pequeño refugio que había formado entre mis brazos, lo encontré a un lado de mi asiento en cuclillas y su rostro mostraba esa sonrisa serena, me hacía saber que era momento de volver a mi hogar…
¿Hogar?
Siempre había sido atento conmigo, desde el primer día que nos conocimos aunque al principio rechazó mi cercanía pero fue gracias a él que encontré a mi familia en el camino, me llevó entre la multitud y un escenario caótico para él, para los dos, fue él quien me sacó de aquella tormenta para encontrar un refugio del huracán, me ayudó a salir de aquel laberinto cuando yo sola no habría encontrado la salida… y también defendió mi dignidad frente a quienes se atrevieron a ponerme una mano encima. ¿Por qué…?
—- Enji… — murmuré aún acunada entre mis brazos sin apartar la mirada de aquellos ojos carmesí — ¿Por qué me cuidas tanto?
Aunque probablemente conocía la respuesta.
Cuando el mesero regresó con la cuenta, me incorporé lentamente sobre la silla, la cabeza todavía me daba vueltas pero entendí que era momento de marcharnos, por eso… sin perder tiempo, abrí el estuche de mi violín y busqué el dinero con la intención de pagar antes de que Enji siquiera pudiera ofrecerse, no pensaba permitir que me arrebatara aquella oportunidad, Había sido yo quien lo invitó.
Además… aquel encuentro merecía celebrarse despues de tanto tiempo sin vernos, estaba feliz de escuchar sus logros, de saber que le ha ido bien en su travesía de ser Marine, estaba tan feliz de saber que sigue aquí, sonriéndome después de todo lo que había vivido, sí, aquella invitación era lo mínimo que podía hacer para demostrarle lo mucho que me importaba.
Salir de allí no fue complicado, apenas un cruce de las puertas para que el aire del exterior acariciara mi rostro, quizás recobrando algo de mi lucidez ahora, aguardé en silencio a que Enji terminara de salir.
Pronto nuestros caminos volverían a separarse…
De nuevo.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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