05-07-2026, 11:16 PM
Un suspiro leve delató el estado real de Bambú en aquel combate: se estaba cansando. Podía seguir peleando, claro, pero había empleado gran parte de sus energías en realizar todos aquellos movimientos, en desplegar su repertorio frente a su comandante con la esperanza de hacer justicia a lo que pensaba de él como contrincante. Había tenido suerte de poder contar con la ventaja del electro a lo largo de la pelea. Sin aquella técnica racial propia de la tribu de los mink, el samurái habría sido un adversario imbatible.
Su percepción extrasensorial le revelaba que Kisuke seguía vivo mientras Bambú se acercaba. Vivo pero débil. A aquella pequeña contienda no le quedaba mucho para el final y él también debía de ser consciente de esta circunstancia. Sin embargo ahí estaba, levantándose de nuevo. Empuñaba a Sode no shirayuki con su mano derecha, algo atípico pero necesario dadas las circunstancias. Caminaba erráticamente y miraba sin ver en dirección al panda. Sonreía. —Kisuke... —Dejó que su comandante se prendiese aquel cigarro en silencio, dándole tiempo de sobra para recuperarse de los efectos secundarios de su Maximum Luna. Pensó en si había algo que pudiera decir. Algo que expresase la admiración que sentía por aquel hombre que avanzaba renqueante hacia él y que esgrimía sus espadas con orgullo. No encontró las palabras y tampoco estaba seguro de que aquel fuera el momento de pronunciarlas. Kisuke había acortado la distancia a los cinco metros. Sus espadas absorbían la luz del atardecer con su recién adquirido color azabache y su percepción extrasensorial le alertaba de que se acercaba una poderosa ofensiva. Iba directo a su torso. Bambú sonrió ante la nueva tentativa de su superior, que verdaderamente había ido con todo en aquella pelea. Que le había reconocido como un rival tal que ni siquiera se contemplaba la opción de emplear las espadas como herramientas contundentes o de golpear otras partes del cuerpo donde el panda no sufriera tanto las heridas.
Antes de que el torbellino de espadas en el que se había convertido Kisuke llegase a alcanzar el torso del panda, éste lo imbuyó con la característica armadura azabache que ambos llevaban empleando toda la pelea. En el Nuevo Mundo no eras nadie si no la dominabas a la perfección. No fue ninguna sorpresa que la ofensiva del espadachín tuviera tal potencia que atravesase con escasa dificultad la defensa del mink, pero no esperaba menos. El golpe dolió, pero no tanto como para nublar sus sentidos ni impedirle el uso continuado de su manto eléctrico. Tampoco logró empujarle si bien Bambú tuvo que inclinarse hacia delante para evitarlo y sus pies acabaron medio enterrados en la arena de la playa. Recubrió su brazo izquierdo, mano incluida, con haki armadura avanzado para que el último golpe fuera decisivo. No necesitaba acortar distancias, no después de que Kisuke se acercase tanto para golpearle y no se alejase inmediatamente. Catapultó su izquierda a toda velocidad hacia el pecho del samurái, allí donde reposaba la herida provocada por Yugu Dimípalo hacía ya unos cuantos años en Sabaody. Si aquel puñetazo impactaba, el combate habría terminado.
Su percepción extrasensorial le revelaba que Kisuke seguía vivo mientras Bambú se acercaba. Vivo pero débil. A aquella pequeña contienda no le quedaba mucho para el final y él también debía de ser consciente de esta circunstancia. Sin embargo ahí estaba, levantándose de nuevo. Empuñaba a Sode no shirayuki con su mano derecha, algo atípico pero necesario dadas las circunstancias. Caminaba erráticamente y miraba sin ver en dirección al panda. Sonreía. —Kisuke... —Dejó que su comandante se prendiese aquel cigarro en silencio, dándole tiempo de sobra para recuperarse de los efectos secundarios de su Maximum Luna. Pensó en si había algo que pudiera decir. Algo que expresase la admiración que sentía por aquel hombre que avanzaba renqueante hacia él y que esgrimía sus espadas con orgullo. No encontró las palabras y tampoco estaba seguro de que aquel fuera el momento de pronunciarlas. Kisuke había acortado la distancia a los cinco metros. Sus espadas absorbían la luz del atardecer con su recién adquirido color azabache y su percepción extrasensorial le alertaba de que se acercaba una poderosa ofensiva. Iba directo a su torso. Bambú sonrió ante la nueva tentativa de su superior, que verdaderamente había ido con todo en aquella pelea. Que le había reconocido como un rival tal que ni siquiera se contemplaba la opción de emplear las espadas como herramientas contundentes o de golpear otras partes del cuerpo donde el panda no sufriera tanto las heridas.
Antes de que el torbellino de espadas en el que se había convertido Kisuke llegase a alcanzar el torso del panda, éste lo imbuyó con la característica armadura azabache que ambos llevaban empleando toda la pelea. En el Nuevo Mundo no eras nadie si no la dominabas a la perfección. No fue ninguna sorpresa que la ofensiva del espadachín tuviera tal potencia que atravesase con escasa dificultad la defensa del mink, pero no esperaba menos. El golpe dolió, pero no tanto como para nublar sus sentidos ni impedirle el uso continuado de su manto eléctrico. Tampoco logró empujarle si bien Bambú tuvo que inclinarse hacia delante para evitarlo y sus pies acabaron medio enterrados en la arena de la playa. Recubrió su brazo izquierdo, mano incluida, con haki armadura avanzado para que el último golpe fuera decisivo. No necesitaba acortar distancias, no después de que Kisuke se acercase tanto para golpearle y no se alejase inmediatamente. Catapultó su izquierda a toda velocidad hacia el pecho del samurái, allí donde reposaba la herida provocada por Yugu Dimípalo hacía ya unos cuantos años en Sabaody. Si aquel puñetazo impactaba, el combate habría terminado.
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