[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
#35

Cada aleteo que daba era más fuerte que el anterior, haciendo que mis alas rompieran el aire a su paso, generando un sonido casi imperceptible. Pese a que me liberaron de la diminuta prisión que me mantenía cautivo, hasta este momento no me había sentido del todo libre. Volar… hacía años que no volaba; era la mejor sensación del mundo y lo estaba disfrutando como nunca.

En el ascenso hacia el piso superior sentía que el espacio sobre mí era infinito, y no pude apagar la llama de mi corazón que me pedía a gritos jugar con el viento, poniendo a prueba mis reflejos atrofiados. Empecé a hacer trucos en el aire de forma inconsciente; era casi instintivo. Realicé un giro completo de 360 grados sobre mi propio eje; sentir la fuerza centrífuga empujando la sangre hacia la punta de mis alas fue una descarga de pura electricidad y adrenalina. Con ese movimiento me separé cuatro o cinco metros más del cuerpo del gigante en una parábola perfecta, para justo después ascender en un zig-zag que cortaba los vórtices de aire caliente en mi avance. Cerré los ojos mientras sonreía, disfrutando del silbido del viento contra mis plumas, antes de regresar con suavidad a mi posición original.

Un par de estallidos brutales retumbaron en el suelo del nivel. Abrí los ojos sin perder la sonrisa que se dibujaba en mi rostro y miré hacia abajo.

-¡Kikikiki! -reí nervioso.

Eran los dos viejos saltando con tanta fuerza que parecía que estuvieran volando, e iban tan rápido que me estaban alcanzando. Las llamas de mi espalda ardieron con un fulgor sin igual y, con un golpe seco de mis alas, mi cuerpo se disparó hacia arriba como un auténtico misil.

-¡Que os lo habéis creído! -grité mientras superaba en altura al gigante, quedándome a bastantes metros por encima de su cabeza.

El agujero que dividía el nivel cada vez estaba más próximo, apreté los dientes forzando mi cuerpo al máximo para salir a toda velocidad y entonces aparecí en un paisaje desértico enorme. Agité las alas para frenar mi avance y de mis plumas se desprendieron unas brasas. Volví a mirar hacia abajo y pude ver cómo del agujero emergía la cabeza del gigante. Eso quería decir que habíamos llegado todos, desde luego que era para celebrarlo, pero no debíamos relajarnos. A los sonidos de alarma, gritos y golpes, se unieron los disparos, espadas chocando contra el metal y pisadas, muchas pisadas. Los guardias de la prisión estaban peleando contra los prisioneros sin intención alguna de detenerlos; los estaban matando.

-¡...!

Fruncí el ceño cabreado; me gustaría rescatar a todos, pero por desgracia, no podía evitar el conflicto. La mejor manera de ayudarlos era no perder el tiempo. Mi haki detectó el avance de tres figuras que caían del cielo directas hacia mí, abrí los ojos de par en par por la adrenalina del momento y casi de milagro pude esquivar a dos de ellos con un ágil desplazamiento aéreo. Nuestras miradas se cruzaron durante un instante. Los dos que habían venido directos a por mí parecían marines, pero el otro que pasó de largo parecía un auténtico caballero medieval.

Volví mi mirada hacia abajo y el caballero pegó un grito atronador mientras impactaba la cabeza del gigante con su espada, precipitando su cuerpo por el mismo agujero por el que acabábamos de salir.

-¡Mierda! -pensé mientras apretaba con fuerza los dientes.

Ese loco se había lanzado directo a por el titán que nos acompañaba y lo había logrado devolver al infierno del que habíamos salido. Tenía que ser alguien tremendamente poderoso y un auténtico cabezahueca… yo habría hecho lo mismo y por eso mismo se acababa de ganar mi respeto.

Giré la cabeza nervioso buscando al resto de mis compañeros, que por suerte habían podido bajar del hombro del gigante. Olimpia estaba frente al marine con aspecto de gato que había intentado interceptarme y la niña repelente se encontraba delante de un muchacho de pelo violeta que me recordaba a una especie de versión adulta y alternativa de Kenzo, que se convirtió en un toro humanoide, seguramente por el efecto de una Fruta del Diablo. Pero por sorprendente que parezca, la niña también tenía un as bajo la manga; se convirtió en una armadura gigantesca de colores.

-¡¡INCREÍBLE!! -grité sorprendido mientras mi boca se quedaba abierta, duplicando el tamaño de mi cabeza y teniendo que cerrarla con ayuda de mi mano derecha.

Esos dos pusilánimes se habían convertido en dos arietes de batalla, chocando entre ellos con una potencia envidiable.

Me quedé paralizado apenas dos segundos hasta que la voz de Strahd me devolvió a la realidad. Aquel viejo dirigió al Equipo Hormiga hasta una puerta, diciendo que era la única forma de salir de este lugar y de seguir avanzando. Los que se habían quedado atrás eran más que válidos para salir de este lugar; debían terminar con sus rivales lo más rápido que pudieran para unirse a nosotros. Nuestro trabajo era allanar el camino para que pudieran avanzar con rapidez. Mi maestro, el Señor Urutora, dijo que atravesar era la palabra correcta.

-¡¡ESO DIJO ELLA!! -grité sin mucho acierto. Aún intentaba encajar esa broma tan original y moderna. Poder meterla bien era tremendamente difícil, ojalá encontrar una situación en la que poder encajarla, la broma. Lo iría practicando.

Los dos viejos se coordinaron para golpear la puerta con una fuerza tremenda. Urutora giró sobre sí mismo para propinar un fortísimo golpe cargado de electricidad y Strahd convirtió uno de sus brazos en el de un gigantesco simio con el que hizo temblar el metal que nos separaba del siguiente nivel; pero sólo la consiguieron abollar. Miré a Aspros y sonreí, hacía tiempo que no combinábamos fuerzas:

-¿Preparado? -dije confiado mientras me cruzaba de brazos.

De mis hombros brotaron varios brazos que se combinaron hasta generar dos brazos monstruosos. Cuatro extremidades brotaron de cada lado, entrelazándose entre sí como gruesas lianas de carne y músculo; sus manos se fusionaron firmemente para formar una suerte de codo articulado del que, de inmediato, nacieron otros cuatro brazos que se trenzaron con una fuerza salvaje. El resultado fueron dos extremidades titánicas, de cuatro metros de largo y cuatro veces más gruesas que las mías. Eran una masa compacta de músculos hipertrofiados, cruzados por venas gruesas como cables que latían con fuerza, rematados por dos puños gigantescos listos para demoler lo que fuera. El peso de semejante masa muscular me obligó a encorvarme hacia delante, teniendo que apoyar los colosales nudillos en el suelo para mantener el equilibrio, adoptando la imponente postura de un gorila. Esto era algo temporal, desde mi pelea con Joe no usaba esos brazos; me terminaría acostumbrando de nuevo.

-¿Eso es un brazo grande? -le dije a Strahd.

Entonces, con un fuerte aleteo me lancé volando a por la puerta con una velocidad envidiable. Mi puño derecho impactó con fuerza en la puerta, seguido del izquierdo e inmediatamente después el derecho de nuevo.

-¡ORA, ORA, ORA…!

Entonces puse todo mi corazón en este último golpe. Girando la cadera para maximizar la potencia y cargándolo directamente desde el hombro, mi puño izquierdo impactó como un obús contra la puerta. Era la Tierra Dorada que abriría el camino a la libertad.

-¡¡OORAAAAAAAA!!

Aquel grito iba con todas mis fuerzas, era el grito de la liberación.


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RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - por Yojimbo - 06-07-2026, 12:27 PM

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