06-07-2026, 05:13 PM
La noche profunda estaba entrando en el cielo con la caída del sol, y los últimos días habían sido de todo menos tranquilos. Pero ahí me encontraba yo, disfrutando de la amplitud del Ford Transit, tirado en el suelo de la cubierta e iluminando mis mapas, o bueno, medio mapas, con una velita, trazando rutas en función de las corrientes que notaba con el movimiento del barco y escribiendo la aventura de la Reverse Mountain por si nos tocaba volver en algún momento—. Qué locura.
Mis compañeros estaban cada uno a lo suyo, tanto Sigrid como Masami estaban por ahí en algún lugar del barco o explorando la isla y ahí abajo, en la arena de la playa, Enji y Juan, hablando de sus cosas alrededor de una fogata que tenía de tonos naranjas el cielo oscuro de la noche. Una hoguera que creaba sombras largas y parpadeantes en la arena que podía diferenciar de vez en cuando al poner un ojo a través de los palos de la baranda de nuestro nuevo barco.
Pero como no podía evitarlo, aun estando a lo mío con las escuadras y cartabones, tuve que poner la oreja en la conversación que estaban teniendo mis compañeros. Los guantes de Enji se habían destrozado en aquella isla de corruptos marines esclavistas, pero en cierto modo había sido un buen sacrificio, se ha ganado el título de capitán—. ”Qué fuerte, el pervertido siendo capitán, ahora va a tocar hacerle caso” —pensaba mientras trazaba una nueva línea con tinta roja que advertía de una fuerte corriente que arrastraba los barcos mar adentro, cerca de donde estábamos, y que succionaba cualquier cosa que entrara en una área pequeña que se convertía en un vórtice—. Ajam, por aquí no.
—”Tenemos mucha suerte, sobre todo Enji… Juan es un manitas y le arreglará sin mucho esfuerzo sus guantes” —pensaba atento a su conversación mientras seguía trazando líneas—. ¡Listo! ¡Voy por la comida, ahora la bajo! —grité con entusiasmo una vez terminé de dibujar mis garabatos, levantándome del suelo y acercándome a la despensa a por un bote de caldo que habíamos preparado unos días antes, junto con un poco de pescado conservado en sal y algo de carne lista para asar. Por suerte también teníamos alguna especia para sazonar la comida, aunque ninguno de nosotros estábamos muy puestos en el tema de la cocina, quizá Juan se estaba animando un poco más que los demás, pero había que darle tiempo.
—Bueno chicos, aquí está la comida, algo podremos con ella, supongo… Os he estado escuchando desde el barco… Se respira calma aquí, ¿no creéis? Comparado con estos últimos días, digo —dije tras bajar de un salto del barco y sentarme junto con ellos alrededor del fuego.
Mis compañeros estaban cada uno a lo suyo, tanto Sigrid como Masami estaban por ahí en algún lugar del barco o explorando la isla y ahí abajo, en la arena de la playa, Enji y Juan, hablando de sus cosas alrededor de una fogata que tenía de tonos naranjas el cielo oscuro de la noche. Una hoguera que creaba sombras largas y parpadeantes en la arena que podía diferenciar de vez en cuando al poner un ojo a través de los palos de la baranda de nuestro nuevo barco.
Pero como no podía evitarlo, aun estando a lo mío con las escuadras y cartabones, tuve que poner la oreja en la conversación que estaban teniendo mis compañeros. Los guantes de Enji se habían destrozado en aquella isla de corruptos marines esclavistas, pero en cierto modo había sido un buen sacrificio, se ha ganado el título de capitán—. ”Qué fuerte, el pervertido siendo capitán, ahora va a tocar hacerle caso” —pensaba mientras trazaba una nueva línea con tinta roja que advertía de una fuerte corriente que arrastraba los barcos mar adentro, cerca de donde estábamos, y que succionaba cualquier cosa que entrara en una área pequeña que se convertía en un vórtice—. Ajam, por aquí no.
—”Tenemos mucha suerte, sobre todo Enji… Juan es un manitas y le arreglará sin mucho esfuerzo sus guantes” —pensaba atento a su conversación mientras seguía trazando líneas—. ¡Listo! ¡Voy por la comida, ahora la bajo! —grité con entusiasmo una vez terminé de dibujar mis garabatos, levantándome del suelo y acercándome a la despensa a por un bote de caldo que habíamos preparado unos días antes, junto con un poco de pescado conservado en sal y algo de carne lista para asar. Por suerte también teníamos alguna especia para sazonar la comida, aunque ninguno de nosotros estábamos muy puestos en el tema de la cocina, quizá Juan se estaba animando un poco más que los demás, pero había que darle tiempo.
—Bueno chicos, aquí está la comida, algo podremos con ella, supongo… Os he estado escuchando desde el barco… Se respira calma aquí, ¿no creéis? Comparado con estos últimos días, digo —dije tras bajar de un salto del barco y sentarme junto con ellos alrededor del fuego.

