09-07-2026, 06:50 PM
El impacto conjunto de nuestros golpes había logrado desencajar la colosal puerta de acero de su marco, haciendo que parte de esta se precipitase hacia el interior del acceso al nivel 2; una densa capa de polvo se propagó veloz tras la caída contra el macizo suelo rocoso. El fuerte estruendo opacó por un segundo los gritos de los presos, para instantes después volver a sumergirnos en aquella histeria colectiva. No obstante, la molesta alarma no volvió a sonar más.
— Soy Aspros, entro —dije caminando sobre la hoja de acero tendida sobre las escaleras que ascendían hacia el nivel superior.
No teníamos tiempo que perder, por lo que sin mucha dilación el grupo se abalanzó hacia las escaleras para llegar al nivel de las bestias. Y era un buen nombre para aquel piso del infierno, puesto que nada más llegar nos vimos rodeados de horrendas criaturas: azulados seres peludos armados con amenazantes hachas, enormes leones con rostro humano y… ¿baba?
— Dios santo, qué asco —exclamé mientras observaba cómo caía sobre el hombre mono una enorme masa viscosa de aspecto pestilente. Formé con mis dedos una pinza para cerrar mis orificios nasales, a la vez que rebuscaba en uno de mis bolsillos un pañuelo que lancé en dirección a Strahd. En un visto y no visto, el anciano grafitero se deshizo de la enorme abominación productora de baba, la cual cayó sobre el resto de esbirros que acometían contra nosotros—. Tenemos una flor en el culo.
Ambos presos habían mostrado una fuerza pasmosa, haciendo palpable el motivo por el cual estaban encerrados en niveles inferiores de la prisión. Sin embargo, no era el único bando que contaba con verdaderas bestias; ni tampoco con cuentas pendientes.
Junto con Yojimbo y Urutora, dejando atrás al viejo grafitero con sus asuntos, avanzamos por el pasillo del nivel, rodeado de jaulas de presos rabiosos, deseosos de salir, ansiosos de libertad. Al final de este, un enorme agujero se expandía sobre nuestras cabezas, a gran altura. Miré a ambos lados, pero parecía que aquella era la única opción plausible para seguir ascendiendo.
— Agradezco el ofrecimiento marichocho —respondí reverenciándome hacia el hombre mono, inclinando mi cabeza con elegancia ante su oferta de ayudarme a salir de allí. De uno de mis bolsillos extraje un pequeño cilindro negro que, con el pulgar de la misma mano con la que lo sujetaba, desencapuché para descubrir un brillante pintalabios color carmín—, pero me las apaño.
Me agaché, apoyé la punta del pintalabios sobre el suelo empedrado y comencé a dibujar amplios trazos de color tan negro como la noche. No es que rechazase la ayuda del hombre mono o del propio Yojimbo por orgullo— Bueno, un poco sí —, sino que buscaba poder maniobrar con mayor facilidad sin ser una carga para nadie— Más bien honor —. Me deslizaba con gracia para abarcar el enorme espacio que proyectaba el dibujo sobre el suelo, el cual una vez finalizado comenzó a cobrar vida. Una enorme silueta de plumas rosadas se alzó ante mí, extendiendo sus alas en un gesto imperial.
— ESTOY VIIIIIIIIIVOOOOOOOOOO —graznó el enorme flamenco, como si se hubiese despertado de un largo sueño. Giró su cabeza, que coronaba un enorme y fuerte cuello, hacia varias direcciones antes de inclinarla y dedicarme una mirada altiva; o eso intuía, ya que sus grandes ojos negros siempre estaban cubiertos por aquellas filosas gafas de sol blancas—. Ah, eres tú.
— ¿Y quién leches iba a ser? Yo soy tu amo —contesté, crispado. A pesar de ser producto del poder de mi fruta, Miss Pink Prada siempre adquiría una personalidad arrogante hacia mí.
—Dibujante, di-bu-jan-te —remarcó, abriendo y cerrando de forma exagerada aquel enorme y filoso pico—. “Amo” es una palabra muy fea, casi tanto como tú.
—Agh —apreté el arco de mi nariz con el pulgar y el índice, lamentando el momento en el que se me había ocurrido dar vida al pajarraco rosa—. ¿Me vas a ayudar o no? Necesito escapar de aquí —señalé el enorme agujero del techo.
—Mmmmm no sé, no sé —respondió dubitativo— Supongo que sí, al fin y al cabo si te mueres, yo también, HIAHIAHIAHIA.
—¿Gracias? —tapé el pintalabios y lo guardé de nuevo en el bolsillo— A la próxima lo dibujo sin pico.
Flexioné mis rodillas y di un salto que me posicionó sobre el mullido lomo del ave. Una vez posicionado, me aferré su cuello a modo de agarre. Pink Prada, tras sacudirse suavemente, extendió sus alas y, con un potente salto, alzó el vuelo.
—Bienvenidos a aerolíneas Miss Pink Prada, les habla su comandante HOMOnima…
—¡VAAMOOOOS! —grité, perdiendo la calma.
—Vaaaale, vaaale… amargada.
INFO
![[Imagen: rvCfBMF.png]](https://imgur.com/rvCfBMF.png)

