09-07-2026, 10:12 PM
“ Me pondría triste saber que has muerto. ”
Ah, ahí estaba. Otra vez.
“ Enji… ¿Por qué me cuidas tanto? ”
«¿Quien sabe? Quizá porque creo que eres débil. Desde que volví a encontrarte en Baterilla que tengo esa impresión de ti. Eres… demasiado buena, Miyori. Demasiado amable. Ya te lo dije y aún así, sigues igual. Te empecinas en dejar ir al borracho y perdonar al desalmado, solo porque tu corazón parece ser incapaz de guardar rencor, sentir rabia o concebir odio. ¿Y sabes qué es lo peor? Que te envidio por eso. Eres luminosa, cálida, reconfortante; eres un soplo de aire fresco en mitad del desierto; una caricia de pétalo entre las espinas; un abrazo de contención al borde del abismo. A veces lo olvido, y espero que sepas perdonarme. Olvido que fuiste fuerte cuando yo era débil. Olvido que tu amabilidad me abrió las puertas a ser mejor. ¿Por qué te cuido? Porque eres rara, Miyori. Personas como tú, personas buenas, escasean tanto, y hay tantas personas que miran a otro lado... Mereces que te cuide. Mereces que siempre haya una mano para ti cuando la necesites»
Demasiados pensamientos surcaron su mente en ese momento. Sus ojos permanecían fijos en ella, firmes en su mirada, sin retroceder un centímetro pese a lo profundo del escrutinio. Azul y rojo hacían un gran contraste.
—Porque… me agradas, Naranjita. Aunque seas pirata y una pésima bebedora, realmente me agradas. —Le guiñó un ojo y se incorporó, justo a tiempo para recibir al mesero que regresaba con la cuenta. Miyori, sin embargo, se le adelantó y pagó por las cervezas antes de que pudiera echar mano al monedero—. Bueno, supongo que esto se siente tener una sugar mommy —señaló, cruzado de brazos—, ¿Intentas ganarte el favor de un marine? ¡Shihahahaha! Venga, vamos. La próxima te invito yo.
Emergieron del bar a la calle, juntos. Arropados en la luz de una farola solitaria empezó su camino. Encabezaba la caminata Miyori, pero él se mantenía cerca, a su derecha, listo para asistirla en caso de que la torpeza del alcohol le atacara. La hora les procuró un poco de privacidad en el sendero, andando por calles vacías y aceras solitarias. En las ventanas se podía sentir el calor de los hogares que dejaban atrás, la cháchara familiar, las risas y los juegos. Ese mundo al que ambos se negaron para ser quienes eran hoy. El contraste con la oscuridad del camino solo acentuaba esa sensación de soledad y nostalgia al escucharlos y saber que nada parecido los esperaba en casa. Que no había una casa a la que regresar.
Enji sacó un cigarrillo de su chaqueta y lo sostuvo entre sus dientes, mas nunca lo encendió.
—Quédate cerca, no te vayas a caer —advirtió, sin apartar la mirada del frente—. La próxima vez beberemos limonada. ¿O prefieres los batidos de frutas? Porque el alcohol claramente no es lo tuyo, shihaha.
«La próxima vez»
—Oye, Naranjita. —La sujetó del brazo y tiró de ella para acercarla y así poder abrazarla por encima de los hombros, pegándole a su torso—. No andes lejos, eh. Y cuídate. A mí también me pondría triste si algo malo llegara a pasarte.
Ah, ahí estaba. Otra vez.
“ Enji… ¿Por qué me cuidas tanto? ”
«¿Quien sabe? Quizá porque creo que eres débil. Desde que volví a encontrarte en Baterilla que tengo esa impresión de ti. Eres… demasiado buena, Miyori. Demasiado amable. Ya te lo dije y aún así, sigues igual. Te empecinas en dejar ir al borracho y perdonar al desalmado, solo porque tu corazón parece ser incapaz de guardar rencor, sentir rabia o concebir odio. ¿Y sabes qué es lo peor? Que te envidio por eso. Eres luminosa, cálida, reconfortante; eres un soplo de aire fresco en mitad del desierto; una caricia de pétalo entre las espinas; un abrazo de contención al borde del abismo. A veces lo olvido, y espero que sepas perdonarme. Olvido que fuiste fuerte cuando yo era débil. Olvido que tu amabilidad me abrió las puertas a ser mejor. ¿Por qué te cuido? Porque eres rara, Miyori. Personas como tú, personas buenas, escasean tanto, y hay tantas personas que miran a otro lado... Mereces que te cuide. Mereces que siempre haya una mano para ti cuando la necesites»
Demasiados pensamientos surcaron su mente en ese momento. Sus ojos permanecían fijos en ella, firmes en su mirada, sin retroceder un centímetro pese a lo profundo del escrutinio. Azul y rojo hacían un gran contraste.
—Porque… me agradas, Naranjita. Aunque seas pirata y una pésima bebedora, realmente me agradas. —Le guiñó un ojo y se incorporó, justo a tiempo para recibir al mesero que regresaba con la cuenta. Miyori, sin embargo, se le adelantó y pagó por las cervezas antes de que pudiera echar mano al monedero—. Bueno, supongo que esto se siente tener una sugar mommy —señaló, cruzado de brazos—, ¿Intentas ganarte el favor de un marine? ¡Shihahahaha! Venga, vamos. La próxima te invito yo.
Emergieron del bar a la calle, juntos. Arropados en la luz de una farola solitaria empezó su camino. Encabezaba la caminata Miyori, pero él se mantenía cerca, a su derecha, listo para asistirla en caso de que la torpeza del alcohol le atacara. La hora les procuró un poco de privacidad en el sendero, andando por calles vacías y aceras solitarias. En las ventanas se podía sentir el calor de los hogares que dejaban atrás, la cháchara familiar, las risas y los juegos. Ese mundo al que ambos se negaron para ser quienes eran hoy. El contraste con la oscuridad del camino solo acentuaba esa sensación de soledad y nostalgia al escucharlos y saber que nada parecido los esperaba en casa. Que no había una casa a la que regresar.
Enji sacó un cigarrillo de su chaqueta y lo sostuvo entre sus dientes, mas nunca lo encendió.
—Quédate cerca, no te vayas a caer —advirtió, sin apartar la mirada del frente—. La próxima vez beberemos limonada. ¿O prefieres los batidos de frutas? Porque el alcohol claramente no es lo tuyo, shihaha.
«La próxima vez»
—Oye, Naranjita. —La sujetó del brazo y tiró de ella para acercarla y así poder abrazarla por encima de los hombros, pegándole a su torso—. No andes lejos, eh. Y cuídate. A mí también me pondría triste si algo malo llegara a pasarte.

