[PA] El crucero hacia Karate... La isla de las ostias
#4
20 de Primavera, Año 18 ❥ Puerto de Baterilla

I got new rules, I count 'em

─ ♚ ─

La barraca estaba en silencio.

Los catres estaban alineados con la misma precisión militar que los había visto desde la primera vez que puso un pie en ese lugar, ese que se volvería su habitación. El viento de primavera se colaba por aquellas ventanas altas, generando un ambiente fresco y agradable, meciendo ligeramente, las sábanas en el interior.
Sola, en medio de ese lugar, dedicó una ultima mirada a lo que le rodeaba, esperaba que esa fuera la ultima vez que tuviese que pisar esa barraca. ¿Nostalgia, tal vez?

No.

No extrañaría ese lugar, lo sabía bien, no había nada allí que la hiciera quedarse ni por lo que quisiera quedarse.

Repaso el interior de su mochila con la practicidad de quien se asegura de llevar lo necesario para un viaje largo: Unas mudas de ese uniforme que estaba hecho para diluir individualidades e igualar personalidades, ropa interior necesaria y varios pares de calcetines limpios. Ese pijama de dos piezas que entregaba la marina, un pantalón largo de deporte, el peto de sujeción y compresión deportivo, una camiseta tres tallas más grandes que ella junto con unas calzas cortas y zapatillas, todo eso que usaba para entrenar. También una de esas frazadas de lana dura, pero que eran tan necesarias en medio de la crudeza del invierno…Una sombra de sonrisa amenazó con surcar en sus labios carmesí al repasar el interior de su equipaje ¿Cuándo se había transformado en su padre? Pensó en Seren y en cómo se horrorizaría al descubrir que en esa mochila militar no viajaba un solo vestido que le hiciera justicia a su silueta que tanto su hermana había insistido en vestir para deslumbrar, ni al color de su cabello, ese que, sujeto incluso con descuido, seguía atrayendo más miradas de las que Nyx hubiese querido. Pensó en la risa estridente y contigiosa de Aelira, esa que acompañaría perfectamente el horror, al darse cuenta de que ella se había convertido en su padre para empacar. Pensó en la risa de su padre al mirar su mochila…

Se había convertido en Cassian, un militar práctico.
¿Que diría su madre sobre eso?

Y finalmente, sus ojos se desviaron a la cama, a esos dos objetos personales que sobrevivían al dejar su vida: El cepillo de plata y su cuaderno de dibujo con los lápices que no había vuelto a tocar desde que se enlistó en la marina; podría haberlos tirado a la basura, ambos, conseguir un cepillo de cabello mas sencillo y barato, y estaba segura, que no volvería a dibujar y pintar en mucho tiempo más… aun así, guardo ambos antes de cerrar la mochila. No por que los quisiera llevar consigo, simplemente, no podía desecharlos dentro de la marina. El cepillo de plata seguramente podría cambiarlo por un par de monedas extras y sus dibujos...Algún día, en algún momento en medio de ese viaje, alguna hoguera terminaría por borrar el último rastro de aquella vida.

No pensaba regalarle a nadie un fragmento de quien era ella, de quien era Nyxara Archeron.

Salió de la barraca con la mochila a la espalda y las katanas en su cinto en dirección hacia el puerto donde se encontraría con el resto de sus compañeros de división. Finalmente, estaban en movimiento, finalmente la ochenta y uno se colocaba en movimiento, algo que esperaba desde que se enlisto. Cada lugar nuevo que visitaran era una posibilidad para ella, una sombra, un susurro, algo que le diera una pista de donde podría estar Aelira.

Aunque su razón le recordara constantemente que esa suerte solo era una esperanza absurda.

Avanzó por los pasillos del cuartel mientras la vida continuaba a su alrededor, algunos reclutas limpiaban los pisos, otros entrenaban, otros combatían entre ellos. Era un lugar que al que ya no pertenecía, ni Nyxara Archeron, ni Nyssa Vale. Sin embargo, no consiguió llegar a la salida del cuartel donde mostraría la documentación correspondiente para obtener el permiso de la salida de aquel lugar cuando Ryu apareció en su campo de visión.

El joven marine miraba constantemente en dirección a los pasillos ¿se estaría escondiendo de alguien? La respuesta llego por si sola cuando, al notarla, avanzó hacia ella – ¡Hey Nyssa! – La Archeron disminuyo su paso, dejando caer el peso del mar de sus ojos en el rostro contrario, sin embargo no pronuncio palabra alguna, el silencio era suficiente para que él entiende que tenia que hablar. Notó el ligero nerviosismo acompañado de esa sonrisa que siempre le entregaba – Supe que comenzabas un viaje con tu división, Andover lo mencionó – y sin previo aviso extendió una bolsa hacia ella – Espero que todo salga bien y nos volvamos a ver. Con Lily te compramos esto para tu viaje – Recordaba perfectamente a la nueva recluta que había tenido la pésima suerte de caer en las manos de Andover, igual que Ryu y ella. Lentamente Nyx ladeo el rostro y uno de sus cabellos azabaches se deslizó por sobre su hombro – Gracias, Ryu – aun así, no tomo la bolsa – Quédatelos, prefiero viajar ligera – lentamente, esa sonrisa mínima delineó sus labios carmesí antes de avanzar. Tan fugaz que el mismo marine podría haber dudado de verla, pero bastaba ese pequeño gesto para suavizar ese rostro de líneas finas y pecas dispersas, recordando la presencia que el uniforme no conseguía ocultar.

No supo si Ryu se quedo observando su espalda hasta que ella se perdió en la entrada del cuartel, pero Nyxara Archeron no tomaría algo que le ofrecieran otros. No porque no apreciara el gesto, sencillamente, no quería formar lazos ni sentirse en deuda con nadie.

Cuando al fin consiguió llegar al puerto observó un momento la escena que se presentaba ante ella. Los barcos atracados en el muelle, el sonido del puerto con vida propia, los hombres y mujeres que iban de un lado a otro trasladando cajas, gritando sus mercancías, recogiendo redes y el mar extendiéndose más allá y era el mar que siempre traía consigo esa sensación agridulce e inquietante. Disfrutaba del sonido de sus olas, el sabor de la sal sobre el paladar y el viento bailando entre sus cabellos, pero las despedidas en los puertos… quizás, aquello también era algo que debía arrancarse del alma antes que se transformase en problema.

El barco mercante era inconfundible, no porque tuviese algún tipo de distintivo que sus compañeros le explicaran anteriormente o porque sus mástiles fueran más grandes que otros, era la figura de Alex, cuya sola presencia desafiaba al barco en sí mismo, esa era su bandera para seguir. Avanzó hacia allí, intercambiando un par de palabras y mostrando sus papeles al encargado del navío para que le permitieran subir por la rampla de madera a su interior.

Lo primero que identifico fue a la joven que habia conocido con el asunto de la carta, quien parecia reticente a avanzar en dirección hacia el resto de la ochenta y uno – No hace falta que pidas permiso para acercarte – agregó a la chica que habia conocido hace unos meses atras, sin embargo no insistió más que aquello. Con la mirada hacia el frente, distinguió rápidamente a Kagura al lado de Alex, se acomodó la mochila al hombro antes de avanzar hacia ellos, con el sonido de sus botas contra esa cubierta, Baterilla quedaba atrás.

Léeme


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RE: [PA] El barco comercial hacia Karate... La isla de las ostias - por Nyxara Archeron - 11-07-2026, 12:36 AM

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