17-07-2026, 11:08 AM
Cada vez estábamos más cerca de salir, aunque en ese momento no era consciente de la magnitud gigantesca de la prisión, notaba que la luz del sol estaba cerca y ya casi podía sentir la brisa del mar sobre mi cuerpo. Cerré los ojos por un instante y tan solo de imaginármelo sonreí, pero no podíamos relajarnos aún.
Al cruzar el agujero llegamos a un lugar que parecía estar diseñado en su totalidad para torturar físicamente a sus captores. Urutora clavó sus pezuñas en el suelo y partió las hojas rojas que lo cubrían todo; el ruido de sus cascos contra el suelo fue metálico y su advertencia de que no descendiéramos confirmó mis sospechas. Lo del suelo eran más cuchillos afilados que simples hojas. Fruncí el ceño y asentí con la cabeza mientras volvía a activar el haki de observación para captar cualquier presencia que se acercara a nosotros. Por ahora había tenido mucha suerte esquivando los ataques y esperaba que fuera así, pero no podía evitar sentirme extraño. Habíamos empezado siendo un grupo bastante grande, con presos de todo tipo que se quedaron en el nivel del desierto peleando; teníamos hasta un gigante y todos se han quedado atrás. Ahora Urutora nos indicaba que la salida estaba delante y nos guiaba con cuidado por aquel bosque de cuchillas.
Pero entonces un sonido lacerante cortó el aire y encendió todas mis alarmas: era metal crujiendo, con un rítmico y violento rascar que hería los oídos, y en cuanto posé la mirada hacia el origen del ruido, pude ver esquirlas incandescentes, resultado del choque salvaje de dos espadas entre sí. En mitad de aquel infernal bosque de sangre, dos jóvenes con cabeza de animal se batían en un duelo a muerte. No estaba seguro de a qué bando pertenecían esos dos, pero si estaban fuera de las celdas, eran desde luego un obstáculo para nosotros, y no parecían muy amistosos. Me crucé de brazos, dispuesto a pelear contra esos dos, pero entonces Urutora nos hizo un disimulado gesto y señaló la puerta. Él iba a ser el último que se quedaba atrás para que nosotros pudiéramos salir.
-Nos vemos fuera, amigo -susurré con seriedad y esperanza en mi tono de voz. -Vámonos -comenté a mi camarada Aspros antes de emprender el vuelo hacia la puerta y dejar atrás al bravo Urutora.
El tono de voz de aquellos dos era lo suficientemente alto como para que lo pudiéramos escuchar con claridad y, por lo que dijeron, o eran Marines o ayudaban a la Marina. Mi Maestro Urutora parecía querer calmar la situación y evitar el conflicto, pero eso no iba a ser posible. Agité la cabeza de lado a lado para centrarme; en el avance hacia la puerta pudimos ver a los presos dentro de sus celdas en completo silencio. Este panorama me helaba la sangre; estaban tan asustados que ni se atrevían a alzar la voz, ya vendrían los de detrás para sacarlos de las celdas, nosotros teníamos que aprovechar la oportunidad que nos estaban brindando todos los compañeros que se habían quedado por el camino, y cada vez estábamos más cerca de la puerta.
-Oye, Aspros, ¿hablar con el pavo real ese no es como hablar contigo mismo en realidad? -le pregunté con curiosidad mientras me rascaba la cabeza con la mano derecha. No entendía en absoluto cómo funcionaban sus poderes, ni cómo pensaba Aspros que, pese a ser mi mejor amigo, era un gran misterio para mí. -Como sea, ya hemos llegado -añadí mientras me cruzaba de brazos y me lanzaba con toda velocidad, atento por si mi haki de observación detectaba alguna presencia, hacia la puerta, abriéndola de una patada.
Al cruzar el agujero llegamos a un lugar que parecía estar diseñado en su totalidad para torturar físicamente a sus captores. Urutora clavó sus pezuñas en el suelo y partió las hojas rojas que lo cubrían todo; el ruido de sus cascos contra el suelo fue metálico y su advertencia de que no descendiéramos confirmó mis sospechas. Lo del suelo eran más cuchillos afilados que simples hojas. Fruncí el ceño y asentí con la cabeza mientras volvía a activar el haki de observación para captar cualquier presencia que se acercara a nosotros. Por ahora había tenido mucha suerte esquivando los ataques y esperaba que fuera así, pero no podía evitar sentirme extraño. Habíamos empezado siendo un grupo bastante grande, con presos de todo tipo que se quedaron en el nivel del desierto peleando; teníamos hasta un gigante y todos se han quedado atrás. Ahora Urutora nos indicaba que la salida estaba delante y nos guiaba con cuidado por aquel bosque de cuchillas.
Pero entonces un sonido lacerante cortó el aire y encendió todas mis alarmas: era metal crujiendo, con un rítmico y violento rascar que hería los oídos, y en cuanto posé la mirada hacia el origen del ruido, pude ver esquirlas incandescentes, resultado del choque salvaje de dos espadas entre sí. En mitad de aquel infernal bosque de sangre, dos jóvenes con cabeza de animal se batían en un duelo a muerte. No estaba seguro de a qué bando pertenecían esos dos, pero si estaban fuera de las celdas, eran desde luego un obstáculo para nosotros, y no parecían muy amistosos. Me crucé de brazos, dispuesto a pelear contra esos dos, pero entonces Urutora nos hizo un disimulado gesto y señaló la puerta. Él iba a ser el último que se quedaba atrás para que nosotros pudiéramos salir.
-Nos vemos fuera, amigo -susurré con seriedad y esperanza en mi tono de voz. -Vámonos -comenté a mi camarada Aspros antes de emprender el vuelo hacia la puerta y dejar atrás al bravo Urutora.
El tono de voz de aquellos dos era lo suficientemente alto como para que lo pudiéramos escuchar con claridad y, por lo que dijeron, o eran Marines o ayudaban a la Marina. Mi Maestro Urutora parecía querer calmar la situación y evitar el conflicto, pero eso no iba a ser posible. Agité la cabeza de lado a lado para centrarme; en el avance hacia la puerta pudimos ver a los presos dentro de sus celdas en completo silencio. Este panorama me helaba la sangre; estaban tan asustados que ni se atrevían a alzar la voz, ya vendrían los de detrás para sacarlos de las celdas, nosotros teníamos que aprovechar la oportunidad que nos estaban brindando todos los compañeros que se habían quedado por el camino, y cada vez estábamos más cerca de la puerta.
-Oye, Aspros, ¿hablar con el pavo real ese no es como hablar contigo mismo en realidad? -le pregunté con curiosidad mientras me rascaba la cabeza con la mano derecha. No entendía en absoluto cómo funcionaban sus poderes, ni cómo pensaba Aspros que, pese a ser mi mejor amigo, era un gran misterio para mí. -Como sea, ya hemos llegado -añadí mientras me cruzaba de brazos y me lanzaba con toda velocidad, atento por si mi haki de observación detectaba alguna presencia, hacia la puerta, abriéndola de una patada.
INFO
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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