[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (Parte II)
#5
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Los competidores habían realizado sus respectivos golpes y, tras ello, el frontman del evento comenzó a repasar los números oficiales de la prueba del Coloso, nombrándolos uno a uno en orden de llegada. Ese sector de la arena fungía como epicentro del ruido causado por el griterío, los aplausos y los pisotones contra el suelo, elevando la temperatura emocional de los juegos y generándole esas vibraciones en el pecho a las que no se terminaba de acostumbrar, un vértigo constante que, al menos, a Shin lo hacía sentirse como si estuviese flotando, inspirándolo a dar el doscientos por ciento de sus capacidades.

El ánimo contagiado por el Dirigente provocaba gritos de emoción en el albino, quien apoyó el anuncio de todos los skykilos generados, a excepción de quien insultó al aire, el ahora reconocido para su biblioteca de criminales mental como Rackham Uker, con quien aún sostenía una rivalidad silenciosa. Obvio que celebró su descalificación del evento, elevando el mentón en una dramatización de su ofensa tras esas desafortunadas palabras.

Por supuesto, sólo eran meras exageraciones, en otras circunstancias hace rato se habría olvidado del insulto.

Maki también partió a las gradas, dejando al resto de competidores con el recuento de puntos obtenidos durante la primera ronda. Las expectativas resultaban crecientes, y de no ser porque estaba encima del hombro de Sigurd Haakon habría saltado en todo el espacio que les permitía aquel cubículo, con una energía ridículamente alta para las instancias del día a las que habían llegado,  ubicando como motor el apoderarse del primer lugar parcial que la victoria de Runin Kitay consiguió para el equipo nueve.

¿Conocería a alguien más de ahí? Lo descubriría pronto, porque no prestaba atención al resto de participantes salvo que saliesen para alguna prueba, incluso con las vistas privilegiadas que el Carnicero de Whisky Peak le regalaba.

Mientras los cánticos en honor a la kuja disminuían, el Dirigente retomaba el control sobre los tempos del show permitiendo la limpieza del campo e introduciendo el siguiente desafío. Shin se mantuvo sonriente al lado de la cabeza de Haakon, y prestó atención a cada detalle para no perderse ninguna normativa que los pusiese en problemas. Sin embargo, sus párpados se levantaron tras anunciarse la Prueba de Céfiro, casi que perdiéndose los decorados en la arena por un único concepto, o mejor dicho, una solitaria palabra exclamada por el enmascarado.

Velocidad.

Sonrió de inmediato, y repasó todo lo que vio y llegó a escuchar proveniente de quien dirigía el evento, pues no iba a dejarse llevar por la obviedad de conocer mejor que nadie los alcances de su poder, debía estar atento a posibles variantes que comprometieran su desempeño, y ahí entraba el análisis sobre lo que los juegos ofrecían a modo de condicionantes. Tras una ya característica y fugaz humarada, los ojos cerúleos del albino pudieron divisar otro pilar de madera con un Den Den Mushi más grande de lo habitual encima, otra pantalla y la apariencia de un dispositivo del cual no tenía demasiada referencia.

La demostración resultó esclarecedora, el Dirigente cruzó frente a la pequeña estructura a una velocidad fácil de seguir, y tras un resoplido de aire curioso mostró el resultado a nivel numérico de lo que acababa de hacer. Los detalles finales fueron expuestos y ordenó el ingreso al campo de uno en uno, ordenadamente, por lo cual Hasegawa esta vez se adelantó a sus compañeros dando un salto, dejándose caer a penas unos tres metros por delante de Haakon, aún sosteniendo la chaqueta marine sobre su hombro.

—¡Oye, Sigurd! —repitió, haciéndolo una especie de mantra —Esta es la mía. Dudo que con tanto músculo seas igual de rápido que yo. —entonces, observó a Akira —Supongo que tú también lo sabes. —su sonrisa egocéntrica no perdía brillo al adelantarse a la hiperactividad del rubio. Claro que antes de avanzar le haría unos comentarios al capitán de los Mahana, mostrando que a pesar de tener un narcicismo desproporcionado, podía ser buen compañero, o intentarlo. —¡RyoRyo! ¡Préstame un poco de tu suerte! —al decir esas palabras, se señaló, ampliando la curva en sus labios y cerrando los ojos, eran sus últimas palabras al equipo antes de volver a colocarse la chaqueta y salir del cubículo.

Una vez puso los pies en la arena, todo había cambiado.

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La mirada siempre divertida del marine pasó a mostrar una concentración excepcional, el resto de gestos en su rostro acompañaron la ausencia de emociones que expresaba, como si tuviese la mente en blanco, sólo centrado en rendir al máximo nivel. No prestó atención a los estiramientos sugerentes de Yuuki, ni tan siquiera se impactó con saber que estaba ahí o su nombramiento hacia los Hanu Mahana, revelando que era otra pirata de las que se cruzó en los Blues. En ese instante, sólo le interesaba ganar, el resto del mundo parecía apagarse con una solemnidad absoluta, esperando su turno con paciencia, entendiendo que en el mejor de los casos, el resultado idílico dependía sólo de él mismo.

La aparición de un segundo participante previo a que él siquiera se aliste fue fulminante, aunque no consiguió intimidarlo, pues más allá de haber sido incapaz de calcular su velocidad con la vista seguía confiando en sus propias capacidades, impasible incluso tras presenciar la silueta del lobo cerrando sus fauces, advirtiendo el nivel del sujeto, e intrigándolo sobre que tan poderoso podría llegar a ser.

El último antes de tomar su turno lo hizo desde las alturas, con unas prominentes alas negras que le recordaron a Ashera y, claro, al resto de lunarians vestidos en atavíos de costuras que irradiaban nobleza, diseñados para presumir estatus social desde la mera apariencia. La situación política de Skypiea le resultaba de lo más peculiar en cuestión de razas, tendría cuidado de no interactuar con el alado, considerando su naturaleza disruptiva, a saber si los ángeles similares a Navur decidían meterlo preso por insultar a un miembro de la sociedad privilegiada en aquellas tierras.

La realidad es que tampoco puede vislumbrar sus movimientos con la vista, pero eso no evita que caminando con toda la calma del mundo se ubique a unos treinta metros del sensor que iba a guardar los datos de sus movimientos, manteniéndose de pie en completa quietud durante unos pocos segundos antes de empezar su propia parte del show.


—¡Kōshin!

En conjunto con su exclamación, chasqueó los dedos y se materializó a su alrededor una aura energética dorada que se movía como si tuviese vida propia, envolviéndolo de manera transparente y permitiendo que se sigan apreciando sus gestos con total claridad. En paralelo, su cuerpo también mostró propiedades extrañas, encarnando el concepto de la luz y emitiendo un brillo ampliamente distintivo, dotándolo de muchas habilidades particulares, aunque en los segundos posteriores, sólo una tomaría el rol protagónico. —¡Presten atención, o se lo perderán! —alzó el brazo derecho flexionado a la altura de su mentón, con una sonrisa radiante, casi tanto como los destellos que producía. Había decidido quedarse estático un momento para poder mostrarse ante las gradas previo a dispararse frente al sensor con el Den Den Mushi, intentando agitar así al público, y cuando consideró que fue suficiente, finalmente se movió.

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Producto de su akuma, los destellos que se generaban con ese desborde energético formaron una estela larga que cubrió en un parpadeo toda la distancia necesaria hasta atravesar la línea final, allí donde quedaría registrada su velocidad. La mirada del Comandante volvió a mostrar el mismo punto de concentración con el cual ingresó a la arena durante la transición abrupta, moviéndose más rápido que nunca en su vida.

Ni siquiera los miembros de su tripulación lo habían visto alcanzar ese nivel, pues estuvo entrenando esa técnica y otra más en secreto, reservándola hasta que fuese estrictamente necesario utilizarla, y frente a tantas personas esperando lo mejor de cada participante no podía hacer otra cosa más que deslumbrarlos.

Envuelto en su elemento, la línea recta dorada que marcó en su recorrido se borró antes de su reaparición doce metros más allá del punto en donde se midieron sus datos, con un Shin aún mostrando retazos de la naturaleza de su fruta, exhibiendo partículas de luz que lo rodeaban mientras estiraba el cuello y giraba su brazo similar a los movimientos empleados por Runin instantes atrás, aunque él lo hacía bajo el objetivo de descontracturar sus músculos, mucho más lento que la kuja. Ya no estaba presente aquella aura más violenta y salvaje, pasando a emitir destellos tenues que facilitaban un vistazo detallado a su silueta. —Me podría volver adicto a esto. —expresó para sí mismo, sonriendo con bastante satisfacción y buscando sus gafas de sol en el bolsillo interno de su chaqueta oversized, colocándoselas y acomodándolas sobre la nariz.

Antes de volver al cubículo, caminó hacia más o menos el centro de la arena sin desactivar su fruta del diablo, tratando de apoderarse por completo del breve momento, como si su mentalidad competitiva lo hubiese estado esperando desde el instante en que se enteró de aquellos Juegos. Así, elevó la vista a las gradas, alzando la mano en dirección a los espectadores, luciéndose en su absoluto esplendor —¡El Dirigente les recordará mi nombre, habitantes de Shandora! —exclamó tan alto como podía, afirmándose en el suelo con los pies y luciendo una pose triunfal —¡Todo lo que deben saber de mí, es que...! —con una sonrisa, le gritó a los testigos del cielo su ambiciosa meta.

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—¡Me convertiré en el mejor marine de la historia!

Su espectáculo había sido dado, y satisfecho con ello, volvió a una pose natural a medida que apaciguaba el brillo que lo envolvió durante el recorrido casi instantáneo que consiguió en la prueba, regresando a paso lento hacia el cubículo del equipo seis, mostrándoles una expresión que reflejaba la seguridad total que sentía de manera genuina.

Observó a todos y cada uno de sus compañeros, y luego se llevó ambas manos detrás de la cervical, sentándose con las piernas cruzadas similar a los samurái —No podía desperdiciar ese puñetazo múltiple tuyo, RyoRyo. Ya sabes... —comenzó a mover los brazos de tal forma que intentaba emular las extremidades extras que Miyamoto mostró durante la prueba del Coloso —El resto depende de ustedes dos. ¡Si ganamos pero no mejoran nuestros puestos, nos quedamos el premio con Ryota! —señaló al Carnicero de Whisky Peak y luego a Akira, echándose hacia atrás para relajarse finalmente, apoyado sobre ambas manos.

—Descansaré hasta la siguiente fase. Ya les demostré por qué soy el mejor, así que puedo quedarme tranquilo. —con ese último énfasis en su ego, se quedó ahí, consciente de la cantidad considerable de energía que había gastado en ese lapso fugaz de tiempo. Si habían otras pruebas donde participar necesitaba recomponerse y estar al cien por ciento otra vez, caso contrario el esfuerzo invertido allí le podía pasar factura. Los gajes del oficio, pensó.

Y un poco más en su interior, trató de imaginar la reacción que habría tenido Himari si lo hubiese visto desde las gradas.

Selló esa imagen con una sonrisa alegre.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
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Vitalidad: 3093 + 0 = 3093
Energia: 3471 - 417 = 3054
Espiritu: 1132 + 0 = 1132


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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (Parte II) - por Hasegawa Shin - 19-07-2026, 09:16 AM

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