19-07-2026, 09:41 AM
[personajeinvalido=3941]
La descalificación de la calva de Maki a Moja no le dio ni un gramo de pena. Al revés, se sintió aliviado de quitarse de encima a una criminal que solo traía problemas y deshonor al grupo. El problema gordo era que el "Dirigente", ese bufón de la nube, anunció los resultados a gritos y el Equipo Tres se quedó en la absoluta miseria: cero puntos por culpa de la pirata y con un miembro menos antes de empezar lo bueno. Moja se cruzó de brazos, bufando por la nariz con una rabia sorda que le hacía vibrar el pelaje negro de los hombros. Miró de reojo a Kael y al tal Masami. Menudo panorama para defender el estandarte de la Marina.
Justo antes de que el presentador soltara el rollo de la segunda prueba, Masami se le había acercado con una cara de tímido que a Moja le ponía de los nervios, preguntándole si creía que le iría bien en alguna prueba y soltando que era el más débil de todos. Moja se le quedó mirando con esos ojos amarillos fijos, serios, como si estuviera evaluando a un recluta que se quiere rendir antes de marchar. El contramaestre no era de regalar oídos ni de soltar discursitos de ánimo falsos. Se acomodó la gorra de la Marina con un tirón seco y le soltó las palabras justas, directas y sin anestesia:
-En la Marina no hay espacio para los lamentos, soldado. Si eres el más débil, entrena el doble. Cumple tus órdenes y mantén la posición. Aquí no venimos a compadecernos, venimos a cumplir con el deber.-
Kael, que estaba al lado, le puso la mano en el hombro al mink de la 60 y negó con la cabeza, buscando apaciguar las aguas y recordarle que las hostilidades estaban prohibidas en Skypiea. Moja miró la mano de Kael sobre su uniforme blanco, luego le clavó una mirada que cortaba el hielo y se apartó un paso, soltando de forma cortante:
-No hay hostilidad. Solo realidad militar. La disciplina es lo único que nos mantendrá en pie aquí arriba.-
Y entonces, el Dirigente anunció la Prueba de Céfiro. Velocidad pura. Un Den Den Mushi gigante con gafas de aumento y un dial listo para medir cuántos "skylómetros" por hora podía alcanzar un cuerpo. Al escuchar las normas, Moja no esperó a que Kael o Masami dijeran ni mu. Se plantó en mitad del cubículo y, con esa voz de bayoneta que usaba cuando la situación lo requería, sentenció:
-Yo haré la prueba de velocidad. Soy el más rápido aquí.-
Fue en ese preciso instante cuando Masami decidió que era el momento perfecto para montar un circo. El chaval sacó un par de maracas, se puso a dar vueltas y empezó a cantar a todo pulmón aquello de "¡SUEEEEENA LA MARACA SUAVEEEE! ¡CHACA CHACA, CHACA CHÁ!". Moja se quedó completamente de piedra, con las orejas tiesas y las pupilas reducidas a dos líneas del tamaño de un alfiler. No daba crédito. Estaban en territorio enemigo, rodeados de piratas peligrosos, delante de un enviado divino que pegaba bastonazos a la primera de cambio, ¿y este pavo se ponía a bailar salsa alrededor de él?
-¿Ha estado en Samba, contramaestre Moja?- le soltó el rubio en mitad de un giro, dándole incluso un par de golpecitos amistosos con el hombro.
Moja sintió que el pelaje de la cara se le encendía de pura vergüenza ajena. Estuvo a punto de meterle un viaje para que se callara, pero la música de las maracas y el ritmo frenético empezaron a hacer un efecto rarísimo en el ambiente. El balanceo de Masami, la vibración del chaca-chaca continuo y esa energía tropical absurda empezaron, de alguna forma que Moja no alcanzaba a comprender con la lógica marcial, a aligerarle el cuerpo. El aire de Skypiea, que antes sentía denso y pesado por culpa del pelaje mojado y el sudor de Arabasta, de repente pareció volverse más fluido. Las piernas se le destensaron, los músculos de las pantorrillas se le llenaron de una ligereza extraña, como si el propio viento de la isla le empujara la espalda hacia adelante. El ritmo contagioso del chaval de la 80 le había quitado el agarrotamiento de la prueba anterior. No le iba a contestar a lo de Samba, porque aquello ya era demasiado, pero usó ese subidón de energía para enfocar toda su rabia y su fuerza en las dunas de su mente.
-Suficiente- masculló Moja, aunque por dentro la adrenalina le estaba corriendo por las venas a mil por hora gracias al numerito del carnaval.
No esperó a que nadie le diera paso. Moja saltó la baranda del cubículo Tres con una agilidad felina y avanzó por la pista de tierra batida hacia la línea de salida. El estadio era un hervidero de gritos, pero él ya no escuchaba nada. Solo el latido de su propio corazón y el eco del chaca-chaca que aún le zumbaba en el oído interno. Se colocó en la marca, bajando el centro de gravedad, apoyando las garras delanteras en la arena húmeda como una pantera a punto de cazar. Los ojos amarillos fijos en el Den Den Mushi Frame que esperaba a cien metros.
Inspiró hondo, llenando los pulmones del aire ligero del cielo.
El Electro de su raza mink estalló de golpe, cubriendo su pelaje oscuro con una red de chispas azuladas y centelleantes que restallaban contra la tierra. Al mismo tiempo, Moja activó el poder de su fruta del diablo, de su muñeca derecha brotó una tira blanquecina con forma de flecha vectorial de la fruta Aro Aro. La lanzó con velocidad hacia el frente, anclándola a mitad de camino del medidor de velocidad.
Se impulsó con las piernas. El suelo de arena saltó por los aires detrás de sus botas y Moja se convirtió en un borrón negro que cortaba el viento. No corría, volaba. Y a mitad de camino, as pasar por encima de la flecha vectorial que había anclado en el suelo, le dio un poco más de velocidad antes de pasar por delante del Den Den Mushi.
El Den Den Mushi Frame abrió los ojos como platos. Hubo un crujido seco en el aire, el Dial de la máquina soltó una ráfaga de viento por la presión y los números de la pantalla derecha empezaron a bailar de forma salvaje, registrando una marca de locura.
Moja derrapó unos quince metros más allá, levantando una polvareda tremenda y clavando las garras en la tierra batida para frenar el impulso de la resaca de velocidad. El Electro se apagó lentamente, dejando solo un rastro de vaho saliendo de su hocico pronunciado. Con un movimiento seco de los dedos, deshizo la flecha vectorial, que se encogió de vuelta en su muñeca como una venda elástica.
No se quedó a mirar la pantalla, ni a esperar los aplausos del público alado, ni a ver qué decía el Dirigente desde su nube. Le importaba un comino el show. Se dio la vuelta con parsimonia, se recolocó la gorra blanca de la Marina con la mano izquierda y caminó a paso ligero de vuelta hacia el cubículo del Equipo Tres.
La descalificación de la calva de Maki a Moja no le dio ni un gramo de pena. Al revés, se sintió aliviado de quitarse de encima a una criminal que solo traía problemas y deshonor al grupo. El problema gordo era que el "Dirigente", ese bufón de la nube, anunció los resultados a gritos y el Equipo Tres se quedó en la absoluta miseria: cero puntos por culpa de la pirata y con un miembro menos antes de empezar lo bueno. Moja se cruzó de brazos, bufando por la nariz con una rabia sorda que le hacía vibrar el pelaje negro de los hombros. Miró de reojo a Kael y al tal Masami. Menudo panorama para defender el estandarte de la Marina.
Justo antes de que el presentador soltara el rollo de la segunda prueba, Masami se le había acercado con una cara de tímido que a Moja le ponía de los nervios, preguntándole si creía que le iría bien en alguna prueba y soltando que era el más débil de todos. Moja se le quedó mirando con esos ojos amarillos fijos, serios, como si estuviera evaluando a un recluta que se quiere rendir antes de marchar. El contramaestre no era de regalar oídos ni de soltar discursitos de ánimo falsos. Se acomodó la gorra de la Marina con un tirón seco y le soltó las palabras justas, directas y sin anestesia:
-En la Marina no hay espacio para los lamentos, soldado. Si eres el más débil, entrena el doble. Cumple tus órdenes y mantén la posición. Aquí no venimos a compadecernos, venimos a cumplir con el deber.-
Kael, que estaba al lado, le puso la mano en el hombro al mink de la 60 y negó con la cabeza, buscando apaciguar las aguas y recordarle que las hostilidades estaban prohibidas en Skypiea. Moja miró la mano de Kael sobre su uniforme blanco, luego le clavó una mirada que cortaba el hielo y se apartó un paso, soltando de forma cortante:
-No hay hostilidad. Solo realidad militar. La disciplina es lo único que nos mantendrá en pie aquí arriba.-
Y entonces, el Dirigente anunció la Prueba de Céfiro. Velocidad pura. Un Den Den Mushi gigante con gafas de aumento y un dial listo para medir cuántos "skylómetros" por hora podía alcanzar un cuerpo. Al escuchar las normas, Moja no esperó a que Kael o Masami dijeran ni mu. Se plantó en mitad del cubículo y, con esa voz de bayoneta que usaba cuando la situación lo requería, sentenció:
-Yo haré la prueba de velocidad. Soy el más rápido aquí.-
Fue en ese preciso instante cuando Masami decidió que era el momento perfecto para montar un circo. El chaval sacó un par de maracas, se puso a dar vueltas y empezó a cantar a todo pulmón aquello de "¡SUEEEEENA LA MARACA SUAVEEEE! ¡CHACA CHACA, CHACA CHÁ!". Moja se quedó completamente de piedra, con las orejas tiesas y las pupilas reducidas a dos líneas del tamaño de un alfiler. No daba crédito. Estaban en territorio enemigo, rodeados de piratas peligrosos, delante de un enviado divino que pegaba bastonazos a la primera de cambio, ¿y este pavo se ponía a bailar salsa alrededor de él?
-¿Ha estado en Samba, contramaestre Moja?- le soltó el rubio en mitad de un giro, dándole incluso un par de golpecitos amistosos con el hombro.
Moja sintió que el pelaje de la cara se le encendía de pura vergüenza ajena. Estuvo a punto de meterle un viaje para que se callara, pero la música de las maracas y el ritmo frenético empezaron a hacer un efecto rarísimo en el ambiente. El balanceo de Masami, la vibración del chaca-chaca continuo y esa energía tropical absurda empezaron, de alguna forma que Moja no alcanzaba a comprender con la lógica marcial, a aligerarle el cuerpo. El aire de Skypiea, que antes sentía denso y pesado por culpa del pelaje mojado y el sudor de Arabasta, de repente pareció volverse más fluido. Las piernas se le destensaron, los músculos de las pantorrillas se le llenaron de una ligereza extraña, como si el propio viento de la isla le empujara la espalda hacia adelante. El ritmo contagioso del chaval de la 80 le había quitado el agarrotamiento de la prueba anterior. No le iba a contestar a lo de Samba, porque aquello ya era demasiado, pero usó ese subidón de energía para enfocar toda su rabia y su fuerza en las dunas de su mente.
-Suficiente- masculló Moja, aunque por dentro la adrenalina le estaba corriendo por las venas a mil por hora gracias al numerito del carnaval.
No esperó a que nadie le diera paso. Moja saltó la baranda del cubículo Tres con una agilidad felina y avanzó por la pista de tierra batida hacia la línea de salida. El estadio era un hervidero de gritos, pero él ya no escuchaba nada. Solo el latido de su propio corazón y el eco del chaca-chaca que aún le zumbaba en el oído interno. Se colocó en la marca, bajando el centro de gravedad, apoyando las garras delanteras en la arena húmeda como una pantera a punto de cazar. Los ojos amarillos fijos en el Den Den Mushi Frame que esperaba a cien metros.
Inspiró hondo, llenando los pulmones del aire ligero del cielo.
El Electro de su raza mink estalló de golpe, cubriendo su pelaje oscuro con una red de chispas azuladas y centelleantes que restallaban contra la tierra. Al mismo tiempo, Moja activó el poder de su fruta del diablo, de su muñeca derecha brotó una tira blanquecina con forma de flecha vectorial de la fruta Aro Aro. La lanzó con velocidad hacia el frente, anclándola a mitad de camino del medidor de velocidad.
Se impulsó con las piernas. El suelo de arena saltó por los aires detrás de sus botas y Moja se convirtió en un borrón negro que cortaba el viento. No corría, volaba. Y a mitad de camino, as pasar por encima de la flecha vectorial que había anclado en el suelo, le dio un poco más de velocidad antes de pasar por delante del Den Den Mushi.
El Den Den Mushi Frame abrió los ojos como platos. Hubo un crujido seco en el aire, el Dial de la máquina soltó una ráfaga de viento por la presión y los números de la pantalla derecha empezaron a bailar de forma salvaje, registrando una marca de locura.
Moja derrapó unos quince metros más allá, levantando una polvareda tremenda y clavando las garras en la tierra batida para frenar el impulso de la resaca de velocidad. El Electro se apagó lentamente, dejando solo un rastro de vaho saliendo de su hocico pronunciado. Con un movimiento seco de los dedos, deshizo la flecha vectorial, que se encogió de vuelta en su muñeca como una venda elástica.
No se quedó a mirar la pantalla, ni a esperar los aplausos del público alado, ni a ver qué decía el Dirigente desde su nube. Le importaba un comino el show. Se dio la vuelta con parsimonia, se recolocó la gorra blanca de la Marina con la mano izquierda y caminó a paso ligero de vuelta hacia el cubículo del Equipo Tres.
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![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)
