[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (Parte II)
#9
[personajeinvalido=3941]



Narrador / María Merlot



Cubículo #9.
Antes del Desafío Coloso.

¡B-BÁJEME SEÑORITA M-MERLOT! ¡S-SE LO RUEGO!

Recordar la voz nerviosa del hombre la hizo sonreír llevando su diestra a la boca. Ese tartamudeo, en un macho, le resultó curioso. La mayoría solían ser dominantes y seguros de si mismos, o en su defecto introspectivos pero jamás tímidos. ¡No! Claro que conocía a alguien así, y eso hizo ampliar su sonrisa y hacer enternecer sus ojos: El Príncipe Einar. Recordaba siempre con cariño a su amigo de alas blancas. ¿Sería oriundo de este lugar? ¿Estaría entre la multitud de ángeles viéndola? No lo sabía, lo único que esperaba desde lo más profundo de su corazón es que estuviera bien, feliz y menos sonrojado.

María observó a la chica con rasgos de mono, ella también se unió a su momento de grupo animador. Una vez formó parte de un equipo, en una especie de juego del miedo, pero solo habían compañeros masculinos. Se sentía bien estar rodeada de chicas, y más allá de eso, de personas que podrían, ella no lo dudaba, hacer la fotosíntesis a su lado.

¡Ukikikiki! ¡También le hace falta comer un poco de durazno-uki!

La voz de su compañera, y futura amiga si, ya lo había decidido, se hizo aún más presente. Los orbes ámbar la miraron asintiendo con la cabeza, haciendo que su largo cabello rosado danzará con ésta — No, no, no. Nada de frutas, Ukikikiki. Las frutas ya no son amigas… — le respondió frunciendo el ceño como si tuviera un fuerte dolor en alguna parte de su cuerpo, el corazón seguramente, al tiempo que cruzaba los brazos frente a su pecho en forma de X — … tofu, hojas, raíces, algas, flores pero frutas no. ¿No te gusta nadar, Ukikikiki? — preguntó a la dama usando lo que pensó era su nombre, y si no lo sería desde ese momento porque la candencia de la voz de la semi sirena al decir “kikikiki” eres un deleite para los oídos propios y extraños.
M-me encantaría, s-señorita Merlot… ¿Q-qué le gustaría comer a u-usted?

— Hmmp — se quedó pensativa un segundo mientras procesaba las palabras del sujeto, luego le sonrió con su encanto natural — … mentiría si dijera que no se me ha antojado un durazno… — dejó escapar unas risitas, sonaba contradictorio, lo sabía, luego de negar el consumo de frutas durante toda esa interacción pero ¿a quien engañaba? le gustaban aunque le dieran ahora miedo — … igual, algo encontraremos. Iremos todos: Bombón, Ukikikiki y Fideo Dulce con Omi — aplaudió pensando en la divertida reunión de un grupo algo peculiar. Ahora debía concentrarse, si podía, en lo que sucedía en el gran coliseo.



Prueba del Coloso.
Intentando, enfocada, ¿Creo?

README SI QUIERES




Prueba Céfiro.
Abran paso, llegó María Merlot.

¡Prosigamos con la segunda prueba!

La siguiente fase fue anunciada, y para ese momento la mestiza ya había medio bajado las revoluciones que le causo Hyakinthos, aunque aún sentía la emoción a flor de piel. La atención la llevó a entender que solo debía correr. El nuevo cachivache mediría que tan rápido iban. Mordiendo su labio inferior miró al sujeto, luego a la mona y cayó sobre la morena — … voy yo. Aprovechemos la energía que me recargó mi algodón de azúcar en esta prueba — sonrió llevándose la mano al cabello y echándolo hacia atrás en un gesto fluido y femenino — … solo vamos a quitarme el peso extra, supongo — comentó sacando el tanto de su pierna, luego la espada a dos manos de su espalda, el bolso oculto en el lado opuesto a la pierna que tenia la apertura, y así fue dejando sus armas en una pila — … soy compradora compulsiva. Cuiden mis cosas mientras no estoy. Te lo encargo Omi — bromeó acariciando a la bufanda blanca del hombre, le gustaban mucho los animales… ellos jamás le hicieron daño alguno — … veamos a mis contrincantes antes de acercarme… — les indicó, aunque el hombre ya había hecho su porra. Una corbata mágica la suya, María lo observó sonriendo con agrado. Jamás vio a nadie animar como lo hacia él, le encantó su espíritu. La mestiza volvió a subir sus brazos al aire y moverse al compás de su porra, esta vez no se sentía fuerte, sino más bien des-nudada, o sea, sin nudos, como si su cuerpo se hubiera relajado esperando la explosión del momento. Definitivamente le invitaría a comeré tofu.

En ese momento María volteó hacia las gradas. Su hermana había sido eliminada pero aun tenía un grupo ¿No? Una sonrisa se posó en sus labios, tal vez e independientemente del resultado, si ganaban entonces también estaría saliendo victoriosa Maki D. Zennin —… ya vengo — dijó a sus compañeros empezando a correr hacia los cubículos ubicados al lado izquierdo del #9. El objetivo era el #3, así que con una velocidad poco propia de ella fue hasta allá. A medida que se acercaba un sonido empezaba a zumbar en el entorno, y no, no se trataba del torneo en si sino de lo que provenía del cubículo y vio a un enorme gato negro bailando. ¡Tenían una fiesta ahí!

¡SALSITA PRECIOSA, VEEEEN A BAILAR! ¡CHACA CHACA, CHACA CHÁ!

Entonces, lo vio. Un apuesto muchacho de cabello negro moviendo al son de su canción unas maracas. La sonrisa de la mestiza se amplió, y no pudo más que disfrutar del espectáculo a medias desde la primera fila con los orbes ámbar brillando con evidente júbilo al tiempo que su cuerpo reaccionaba a la música. Bailar le gustaba, una experta en twerking si le preguntaban, pero ese ritmo era más de pie, caderas y manos; así lo hizo, movió sus caderas haciendo sonar la cadena metalica a su alrededor con cada “Cha Cha Cha”.

Suficiente.

La voz del gato retumbó, eso la asustó un poco pero ya estaba ahí así que diría lo que vino a decir — ¡Minino malo! Nunca es suficiente la alegría de la música y si lo piensas es porque te falta más cha cha chá — lo señaló con el dedo índice sonriéndole con travesura — Escúchenme bien. Mas les vale hacerlo bien, el honor de mi Unnie está en sus patitas… — miró al minino —… en su excelso maraqueo — estaba vez fue el turno del apuesto muchacho musical y por ultimo se fijó en… — ¿¡Regaliz!? — se sorprendió al ver al gallardo hombre del barco de los contrabandistas y el principal culpable de su fallida cita de arroz con el Malvavisco — ¡Qué alegría verte sano y seriamente majo tal cual te recuerdo! — le guiñó uno de sus ojos, sus palabras rebosaban sinceridad, más después de su pequeña aventura juntos hacia muchas lunas atrás — Confió en ustedes, Caballeros… y en su mascota miau miau — lo último lo maulló encantadoramente hacia el mink obsidiana para volver hacia su propio cubículo. Esta vez con mucha más rapidez que como llego ¿Curioso, no?

En esa leve interacción, se perdió el descenso del ángel mujer, la del tipo rarísimo con la espada y justo cuando estaba por llegar a su lugar frente al cubículo para salir a la competición, un ángel negro salió del grupo de su algodón de azúcar para realizar la prueba. Su desempeño fue muy bueno ¿Todos eran tan rápidos? En ese momento bajó la mirada al suelo. Se sentía confiada por los ánimos de Kevin y las chicas, y luego de escuchar aquellas maracas aún más pero… ¿Sería suficiente? ¡Claro que sí! Igual, se trataba de un juego... lo importante solo era divertirse.

Levantó la mirada, decidida a ser la siguiente cuando su poca planificación se desbarato ante lo que sus ojos ámbar captaron seguido de una exclamación que aunque no supiera que significaba la envolvió en lo irreal de aquella aparición haciendo revolotear su órgano bombeador de sangre.

MUSIQUITA

¡Kōshin!

Pum…
Imposible…
Pum Pum…
Él…
Pum Pum Pum…
Brillante…

¡Presten atención, o se lo perderán!

La voz, un poco más seria de cuando lo conoció pero sin duda era la suya. Los orbes de la mestiza se abrieron por la impresión. Su boca se secó. Todo se apagó a su alrededor. Solo existía esa luz resplandeciente que ni siquiera podía seguir con la mirada… ¡Una estrella fugaz! Dió un paso hacia atrás, llevó sus manos al pecho, una sobre la otra. Podía sentirlo latir con desesperación, transportándola a un lejano tiempo y un arrepentimiento que la siguió como una sombra desde entonces.



Flash Back.
Playa, Isla Karate.

El sol resplandecía, el mar la incitaba a ir a su encuentro. Quedó con su hermana para verse, pasar tiempo de calidad juntas. Antes de su llegada apareció ÉL, el Malvavisco de ojos ciruelas. Sus primeras palabras la hicieron pensar que se trababa de un hombre más que solo buscaba una cosa de ella pero los minutos siguientes le revelaron que había más debajo de aquella sonrisa fácil y esa mirada coqueta… al igual que ella, también estaba roto pero eso no les impedía seguir hacia adelante. Por eso lo llevó a nadar, por eso le mostró una de las cosas que más amaba: el mundo subacuático.

Tienes un nombre muy bonito, María.
Malvavisco…
¿Dónde estuviste toda mi vida?
Probablemente salvando el mundo.
Perdiéndome unas cuántas oportunidades para conocerte.
…  Respira Malvavisco… ¿Tengo que darte respiración boca a boca?
¿O llamo a mi hermana para que lo haga ella?
Si tuviese que elegir, me decantaría por quien tengo más cerca.
Es decir, tú, María.
Ten cuidado, hay muchas personas malas, no como yo.
…  ¿Qué cosa peor podrían hacerme?

Cuando su hermana decidió que era momento de irse, ella la siguió sintiendo un peso inexplicable en su corazón. Dando un paso tras otro sabiendo que debía continuar pero algo tiraba de ella… ese hombre que quedaba a tras o la promesa que vio antes en sus ojos ciruelas. Más allá de sus corazas, ella lo supo… fue una conexión inexplicable ¿Él la sintió? ¿O estaba delirando? Cuando se giró, él seguía ahí, viéndola con la misma intensidad que retumbaba en su pecho, una sonrisa encantadora se dibujó en los labios de la fémina para invitarlo a un Festival sobre el Arroz, uno dónde descubriría que podía llegar a significar ese encuentro tan peculiar.

Ella no llego a tiempo.
Tal vez él nunca fue.
Sus caminos se apartaron.
El destino los separo.
Y un arrepentimiento se instaló en su pecho, no haberlo besado cuando salieron del agua. 
Por eso cuando conoció al Capitán Uva, no se cohibió y se dejo llevar para no arrepentirse nunca más…

Fin del FlashBack.



¡Me convertiré en el mejor marine de la historia!

El grito la sacó de su ensoñación. El brillo seguía delante de ella. No había publico ni ruido, solo el Malvavisco endulzando a la audiencia. María cerro los ojos, necesitaba calmar su corazón, recordar como respirar. Empezó a contar de 7 en 7 a la inversa. Inhalar y exhalar. Quien fuera después del peliblanco, ella lo ignoró por completo. Su mente y alma estaban procesando lo que se estaba gestando ante ella: El solucionar el leve problema del arrepentimiento de Karate.

Abrió los ojos cuando el gato negro regresaba, ella hizo lo propio hacía su cubículo, no estaba lejos la verdad. Sin mediar palabras tomó uno de sus tantos, cuando se giró una hermosa ave volaba por el recinto. ¿Estaba participando? Su risa le resultaba familiar, y hasta contagiosa, eso ayudó a calmar su pecho.

— … parece que ahora si es mi turno — salió del cubículo con el arma en la mano. La brisa movió su larga cabellera, miró a la grada dónde estaban aquellos que cautivó antes, les lanzó un beso al aire para que se lo repartieran.

No dijo su nombre.
No señaló a nadie.
Clavó el tanto en el suelo.
Respiró.
Y procedió a transformarse en aquello que la maldijo.
¿Tenía que ocultarlo?

Su hermana no lo hacía, estaba muy orgullosa de su iguanidad, entonces ella lo estaría de su cebracidad. La mujer se convirtió en una equina en blanco y negro, manteniendo su cabello ondulado, largo y rosado. La ropa se ajustó a su cuerpo lo mejor que pudo. Cuando se convertía en ese animal se sentía antinatural, siendo ella un pez suponía que se trataba de eso pero lo ignoraba —  ¡Aletazo! — gritó subiendo el hocico y agarrando el tanto que caía, el nombre de su técnica, antes de ejecutarla.

Entonces, corrió… y corrió como nunca lo había hecho sobre sus cuatro patas pasando por delante del cachivache y siguiendo de largo hasta terminar en un suave galopeo y llegar al extremo opuesto de la arena, es decir, hacia dónde se encontraba el palco de honor. En ese momento la muchacha se detuvo, soltó el arma, y sonrió al lugar imitando lo que hizo el rubio enfermo. Luego se destransformo, siempre le costaba un poco más eso, tan extraño como si su propia existencia lo rechazará.

Dejando a tras al animal de cuatro patas, el cuerpo de la hermosa mujer regresó, con la zurda retiró el tanto de su boca, guardándola en su espalda. Con la diestra se echó el cabello hacia atrás — María Merlot, Reina de Estrellas de los Valar, Cebra en mi tiempo libre. Por favor, cuiden de mi —  la voz suave salió con encanto natural impregnada de su inigualable belleza divina al tiempo que ejecutaba una reverencia en dirección a ese palcó, luego se giró y peinó las gradas mientras caminaba de regreso — ¡Gracias gracias gracias! — iba diciendo y saludando al animado público.

María en lugar de regresar a su cubículo, se encamino al #6. Tenía una ultima cosa por hacer, dejar el arrepentimiento atrás de lo que pudo y no fue. Seguro las personas estaban ya concentradas en el próximo participante, a ella poco le importaba. Su mirada ámbar estaba en la del hombre que minutos atrás la dejo sin aliento, y del cual necesitaba de una vez por todas descubrir lo que en la cita fallida del arroz no logro.

Un gigante rubio.
El chico de la sonrisa amable.
Y un segundo rubio.

Se detuvo a un metro del hombre vestido de blanco. Con una sonrisa traviesa en sus labios, y llevando sus manos hacia atrás en una pose de chica buena lo abordó — ¿Te gusta el arroz, Malvavisco? — repitió la última pregunta que le había hecho en aquella playa, no esperaba que él lo recordará pero ella si lo tenía claro como el agua del camino — … yo aun no lo sé —  saco una de sus manos de atrás con delicadeza llevándola a su mejilla de manera pensativa —  Malvavisco, he de confesarte algo. Me he convertido en una pirata… y ahora hago cosas piratescas, estas y aquellas, y esas que te estas imaginando también y las que no… igual las hago —  sonrió encantadoramente sin dejar de mirarlo a los ojos, lo cierto es que no hizo nada que justificará que su cara estuviera en un cartelito de “Se Busca” pero a nadie parecía importarle si era o no inocente, así que como siempre, lo asumiría y seguiría adelante — … ¿sabes que es lo mejor? —  le preguntó sin romper el contacto visual, tal vez él podía ver como sus ojos brillaban. Dio un paso y otro más, hasta romper la distancia entre ambos colocando sus manos en el pecho de este e inclinando su cabeza hacia atrás para verlo mejor, después de todo era más alto — … que puedo tomar lo que quiera sin remordimiento. Como por ejemplo… —  se puso de puntillas llevando sus labios muy cerca de los suyos, tanto que podía sentir la respiración masculina acariciar su piel —  … robar besos — pasó de sus labios, coloco con suavidad sus labios sobre la punta de la nariz — … eso fue increíble, Malvavisco. ¿Acaso hay algo que no hagas bien? — le susurró solo a él, luego se separó y sin agregar mas se fue de ese lugar. Si, fue cobarde, no lo beso dónde quería ¿Por qué? Ni ella lo sabia.

Al llegar donde sus colegas, recogió sus armas  — … ¿Qué tal? Apuesto que ahora las cebras son sus animales favoritos. ¿A que si? — les sonrió, esperando el desenlace de aquella prueba.



ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos. 
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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (Parte II) - por Maria Merlot - 20-07-2026, 08:22 AM

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