20-07-2026, 11:01 AM
(Última modificación: 20-07-2026, 11:41 AM por Onizuka Jin.
Razón: Sumar +10 al final, aunque antes estaba.
)
[personajeinvalido=3941]
El resto de los participantes de la Prueba del Coloso habían resultado ser incluso más impactantes que los anteriores. Especialmente la ganadora, que recordaba como una morena que no había visto, antes del reencuentro en la isla, desde los Blues unos años antes. Stroud, sin embargo, había quedado en una muy buena posición, los anuncios del Dirigente eran, cuanto menos, impactantes, desde Eros hasta la propia Runin. Impactantes, sin lugar a duda... En su mente se cruzó un pensamiento claro como el agua.
Si era así de fuerte... No quería imaginarse a sí mismo volando, posiblemente incluso podría terminar como el pelirrojo, con una ruptura, y no solo en un brazo... Ni imaginarlo. Además, los vitoreos de la mujer animando a Runin provenientes de la mujer de la cola y orejas fue algo que no esperó en lo absoluto. Los anuncios de los dos descalificados fue algo que le comenzó a dar ciertas dudas. No quería decepcionar a sus compañeros, mucho menos después de que Stroud hubiera terminado en buena posición. Teniendo en cuenta la enorme fuerza de los otros contrincantes... Había sido increíble su fuerza y su seguridad. No le sorprendió la derrota de Maki, mas sí la de Uker, a quien recordaba mucho más seguro y fuerte... Sin embargo, teniendo en cuenta los otros participantes, la prueba era demasiado difícil de superar, ni siquiera él habría llegado al nivel de Stroud.
La tortuga al fin pareció presentarse, y Jin sonrió de medio lado, una vez más. —Procuraré no olvidar su nombre, Señor Juan. — murmuró, satisfecho de que aceptara el cigarrillo, pese al primer rechazo. Estiró el mechero, encendiéndolo él mismo para que pudiera dar la primera calada cuando fuera necesaria. ¿Lo mejor? El propio Juan acababa de soltar una joya que no planeaba olvidar. Maki, aquella ruidosa... ¿Marine? Eso era una bomba de información. Sonrió ahora con mayor amplitud, dando una calada mucho más larga a su propio cigarrillo.
La fortuna hizo que Stroud llegara antes. Al verlo de vuelta al cubículo, Jin sonrió con suficiencia y calma. Sabía que querría evitar el contacto de manos, así que se limitó, por el momento, a mirarlo con la misma paciencia de siempre.
No esperaba menos que desprecio por su parte... ¿Quizás le conocía de algo más? Por algún motivo, le seguía resultando sumamente familiar, pero su memoria seguía borrosa, con una convicción más fuerte de haberlo visto, mas no sus habilidades. ¿De qué le sonaba...?
Un grito interrumpió sus pensamientos, reconociendo aquello como el propio Eros Focalor, el Capitán Topo de los Sepultura. Eso era nuevo. ¿Un griterío así después de una aparición tan tímida? Miró de reojo las gradas, en un pequeño y corto silencio, buscando al tan mencionado Uker. Sin embargo, no hubo mucho más que pudiera decir, ya que de nuevo el Dirigente presentaba ya la segunda prueba. Una segunda cortina de humo, de nuevo pilares de madera, esta vez de menos tamaño y con... unas extrañas gafas. Dio una larga y profunda última calada a medida que terminaba de dar las debidas explicaciones sobre la que era llamada ahora la Prueba de Céfiro. Velocidad... Mucha. Posiblemente personas muy difíciles con las que poder combatir y, sin embargo... Hmmm... Miró a sus otros compañeros de reojo, pudo apreciar a la Mink adelantarse, sin embargo, quien dio el primer paso hacia el frente fue él mismo. Nyra se pregunta si está seguro y, lo que le ofrece como respuesta a la mujer, es un intento de sonrisa cálida y agradable.
Eso segundo iba más dirigido a los otros dos acompañantes que a la mujer en sí. —Soy más rápido de lo que aparento. — Fue paciente, y de hecho estaba a punto de salir, satisfecho con el movimiento de la cola de la mujer, aparentemente animada, hasta que lo interrumpió. ¿Acaso quería algo? La ve, de un momento a otro, sentarse en el suelo y retirar su calzado. Eso lo desorienta un poco, arqueando una ceja con confusión. Ve las botas extenderse en su dirección, con ella descalza. Las contempla con cierta confusión, elevando sus cejas ligeramente. —¿Está usted segura, señorita Marine? Juan... ¿Las hizo? — miró entonces la tortuga de nuevo, si no tenía problema, entonces sí, por supuesto que iba a aprovecharlas. El señalamiento de la muchacha hacia un desconocido le hace arquear una ceja. Realmente le importaba poco o menos cómo fueran los participantes, solo quería superar la prueba. No quiso revelar su asqueamiento por el intento de comparación, manteniendo la misma sonrisa confiada y con un aire de mayor desafío.
Dicho esto, descendió su cuerpo, retirándose sus zapatos, lustrosos y claramente caros, para probar qué tanta eficacia era la que tendrían esas botas que recién le entregaban. Por supuesto, también extendió los zapatos hacia la muchacha. —No se quede descalza, espero que hasta que se los pueda devolver, pueda usar estos. No sería educado por mi parte no dejarle nada con lo que poder ponerse en pie cuando se ofrece tan amablemente conmigo.
A medida que se terminaba de acomodar las botas, podía escuchar algo, una melodía en conjunto al sonido de maracas de una voz que no conocía. No sabía de dónde provenía al no prestar demasiado atención a su entorno, pero sentía unas ganas de seguir el ritmo, y lo hacía con los dedos, a medida que terminaba de acomodarse las botas por completo. Los músculos parecían volverse más firmes, la sangre se aceleraba y la emoción incrementaba. Se sentía más animado, con más fuerza y ganas de hacer la prueba. Se puso finalmente en pie, dando un par de toques suaves hacia el suelo al intentar seguir el ritmo de la canción que sonaba, viendo que ahora provenía de uno de los cubículos. Las botas se sienten... curiosamente ligeros y más cómodos de lo que parecían inicialmente. —Gracias de nuevo, señorita. — elevó la mirada de nuevo, esta vez hacia Stroud, manteniendo su sonrisa traviesa. Su respuesta fue un movimiento de cabeza, ya había conseguido más que cuando se encontraron en ese cubículo.
Ahora sí, sale finalmente del cubículo, más seguro. Siente cómo esas botas son mucho más ligeras incluso solo al caminar, sus ojos descienden para mirarlas de reojo. Se siente extraño, pero demasiado bien. Miró de nuevo al frente, viendo a la primera participante, a la que ya conoce muy bien ya. Espera pacientemente su turno, aprovechando para retirar su cajita de metal, expulsando el humo del tabaco en el aire y apagando el mismo en la caja para evitar nada innecesario. Ni siquiera es capaz de verla moverse, es veloz, increíblemente veloz la muchacha. ¿Siquiera podría superarla? Debía hacerlo, por la Mink que había depositado su confianza, esperando pacientemente su turno.
El siguiente turno llegó pronto, un hombre que no conocía de nada, con un movimiento fugaz que... Un momento... Eso fue tan rápido como el anterior. ¿Eso era un lobo? Parpadeó, estaba claro que no sería capaz de ver a ninguno de los participantes. Igual que tampoco pudo ver el siguiente, que se trataba de un Lunarian de tez muy oscura... Un momento, ¿por qué diantres tenía una erección en medio de una prueba? Cierto era que él no era el cuchillo más afilado de la cocina respecto a... fetiches pero... ¿Qué diantres? No podía tampoco prestarle demasiada atención, ya que su prueba fue igual de imposible de ver que el resto.
Prosiguió un Marine, otro más, ¿era el que le señaló antes Nyra? Ni siquiera le prestó atención realmente. Nuevamente, solo vio un destello, nada que pudiera ver con el resto, a menos que fuera con los resultados. Nuevamente otro participante, con el pelaje completamente oscuro. ¿Un gato? ¿Pantera? Solo supo que se trataba de otro Marine más al que tampoco recordaba... pero igual que le pasaba con Stroud, le parecía familiar... Sin embargo, igual que el primer Marine, su cuerpo... también se iluminó con chispas, igualito al otro, solo que sin brillos y, de nuevo, el destello fugaz que fue incapaz de ver.
El siguiente participante se trataba de otro que desconocía, al menos de vista... Y fue impactante verlo... ¿Se acababa de trasformar en águila? Parecía que el Topo no era el único capaz de realizar esas transformaciones. ¿Qué tantos animales existirían con Akumas? Fue una cuestión que le pasó por la cabeza cuando, una vez más, fue incapaz de ver su velocidad. Era impactante, y fuerte. ¿De dónde había salido?
Pero, por supuesto, no fue el único, apareció alguien más, de nuevo, un Marine... Alguien que le hizo sonreír de oreja a oreja, alguien que, por supuesto, recordaba más de lo que quería admitir y que, al igual que la joven Nyra, no mencionaría su conocimiento, por puro profesionalismo. Enji... ¿Quién iba a decir que lo iba a encontrar justamente allí? Por supuesto, la prueba fue imposible de ver para él, pero nada que no pudiera pasar por alto. Una increíble y, sin lugar a duda, fascinante forma de moverse.
La última fue alguien que también reconoció, solo que recordaba que, la última vez, ella tenía el cabello de otro color, un año antes, cuando todavía la había visto con Hyákinthos antes de su reencuentro. Tenía sentido y, sin embargo, no llegó a imaginar encontrarla en esa prueba. Se cruzó de brazos, esperando pacientemente a que hiciera lo mismo. ¿Eso era una cebra? ¿Ahora dejó de ser una sirena o sencillamente era la mitad de ambas? Sus dedos dieron toques en el antebrazo, sin dejar de contemplarla. Ahora, sin embargo, aquello que podría haber resultado en un producto no era más que... algo más común de lo que pensaba después de haber llegado hasta donde estaba. Por supuesto, fue incapaz de ver qué tan veloz había resultado ser.
Al fin, al terminar, llegó su turno. Hizo un último movimiento con su cabeza hacia sus compañeros del cubículo, elevando la diestra en señal de despedida y caminó hacia la prueba frente a él. Elevó la mirada hacia las gradas, aquella lluvia de espectadores que lo observaban. Respiró profundo, paseando su mano por su cabello, revelando sutilmente su cicatriz que ya, de por sí, era siempre visible, para dejar caer los escasos flequillos hacia su rostro de nuevo. Lanzó una mirada seductora entre el público, con esa sonrisa traviesa que lo caracterizaba.
Regresa la mirada al frente, tal y como hizo Stroud, para mirar el Palacio. Recordaba las palabras del ángel, mencionaba a alguien de suma importancia y estaba seguro de que, de ser el caso, no se estaría perdiendo ese espectáculo. Además, si tenía conocimiento (que no lo dudaba) de su presencia y a dónde pertenecía... ¿Desconfiaría de él? Lo mejor era contemplar el palacio, no sabía dónde observar realmente, solo observaba la enorme figura, elevando la mirada, inclinando su cabeza y su torso en señal de educación y respeto. Dar una buena primera impresión en ese momento era más prioritario que ganar.
Volvió a erguirse, con una nueva sorpresa, una nueva melodía que parecía provenir de uno de los otros cubículos. ¿Ese era...? Volteó de reojo, viendo a aquel capitán de su amado. ¿Estaba cantando? Sin embargo, sentía la energía fluir en su interior, el ritmo tan pegadizo. Algo en él se volvía tan intenso como aquella cancioncita de las maracas.
Caminó hasta la zona de la prueba, observando ahora, de forma fija y seria, el objetivo de su meta. Respiró profundo, calmado, inhaló, exhaló, cerró los ojos unos segundos para concentrarse. ¿Había alguna forma de llegar a alcanzar su máximo de velocidad? Su mente divagaba, pese a que su cuerpo parecía estar preparándose para el movimiento. Una pierna estaba hacia delante, la otra hacia atrás, sus puntillas ligeramente elevadas, preparado para el impulso.
Abrió entonces los ojos de nuevo, con rostro concentrado y firme. Su diestra se posicionó hacia una de sus dos katanas del cinturón, concretamente a la zurda, recordando de dónde había aprendido dicho movimiento. Tan viejo pero tan fiel como siempre. Sus piernas se movieron, fugaces, veloces e impactantes... Y para cuando su cuerpo había frenado, solo hubo un sonido.
La espada regresando a la vaina de forma fugaz, como si en ningún momento hubiera sacado el arma, solo que, en esta ocasión, ya se había desplazado velozmente al frente, haciendo el recorrido de forma fugaz. Respiró una vez más, supo que había hecho lo que le había sido posible. Elevó su diestra, esta vez hacia el público, en alto, en un saludo más seguro para así poder captar algunos aplausos en su dirección o, quién sabe, si su mirada había sido lo suficientemente seductora, algún chillido de ánimo con su nombre. Una vez finalizó, no miró atrás, solo volvió con seguridad hasta su cubículo, preparado para ver el resultado. Esperaba no decepcionar a Nyra, ni mucho menos perder la prueba en la primera ronda para decepcionar al propio Sohem. ¿Estarían siquiera emitiéndose esos juegos fuera de Skypea?
El resto de los participantes de la Prueba del Coloso habían resultado ser incluso más impactantes que los anteriores. Especialmente la ganadora, que recordaba como una morena que no había visto, antes del reencuentro en la isla, desde los Blues unos años antes. Stroud, sin embargo, había quedado en una muy buena posición, los anuncios del Dirigente eran, cuanto menos, impactantes, desde Eros hasta la propia Runin. Impactantes, sin lugar a duda... En su mente se cruzó un pensamiento claro como el agua.
“Mejor no hagamos enfadar a esa señorita.”
Si era así de fuerte... No quería imaginarse a sí mismo volando, posiblemente incluso podría terminar como el pelirrojo, con una ruptura, y no solo en un brazo... Ni imaginarlo. Además, los vitoreos de la mujer animando a Runin provenientes de la mujer de la cola y orejas fue algo que no esperó en lo absoluto. Los anuncios de los dos descalificados fue algo que le comenzó a dar ciertas dudas. No quería decepcionar a sus compañeros, mucho menos después de que Stroud hubiera terminado en buena posición. Teniendo en cuenta la enorme fuerza de los otros contrincantes... Había sido increíble su fuerza y su seguridad. No le sorprendió la derrota de Maki, mas sí la de Uker, a quien recordaba mucho más seguro y fuerte... Sin embargo, teniendo en cuenta los otros participantes, la prueba era demasiado difícil de superar, ni siquiera él habría llegado al nivel de Stroud.
La tortuga al fin pareció presentarse, y Jin sonrió de medio lado, una vez más. —Procuraré no olvidar su nombre, Señor Juan. — murmuró, satisfecho de que aceptara el cigarrillo, pese al primer rechazo. Estiró el mechero, encendiéndolo él mismo para que pudiera dar la primera calada cuando fuera necesaria. ¿Lo mejor? El propio Juan acababa de soltar una joya que no planeaba olvidar. Maki, aquella ruidosa... ¿Marine? Eso era una bomba de información. Sonrió ahora con mayor amplitud, dando una calada mucho más larga a su propio cigarrillo.
“Conque Marine, ¿eh?”
La fortuna hizo que Stroud llegara antes. Al verlo de vuelta al cubículo, Jin sonrió con suficiencia y calma. Sabía que querría evitar el contacto de manos, así que se limitó, por el momento, a mirarlo con la misma paciencia de siempre.
—Hizo un excelente trabajo al superar la prueba, Señor Nanashi.
No esperaba menos que desprecio por su parte... ¿Quizás le conocía de algo más? Por algún motivo, le seguía resultando sumamente familiar, pero su memoria seguía borrosa, con una convicción más fuerte de haberlo visto, mas no sus habilidades. ¿De qué le sonaba...?
Un grito interrumpió sus pensamientos, reconociendo aquello como el propio Eros Focalor, el Capitán Topo de los Sepultura. Eso era nuevo. ¿Un griterío así después de una aparición tan tímida? Miró de reojo las gradas, en un pequeño y corto silencio, buscando al tan mencionado Uker. Sin embargo, no hubo mucho más que pudiera decir, ya que de nuevo el Dirigente presentaba ya la segunda prueba. Una segunda cortina de humo, de nuevo pilares de madera, esta vez de menos tamaño y con... unas extrañas gafas. Dio una larga y profunda última calada a medida que terminaba de dar las debidas explicaciones sobre la que era llamada ahora la Prueba de Céfiro. Velocidad... Mucha. Posiblemente personas muy difíciles con las que poder combatir y, sin embargo... Hmmm... Miró a sus otros compañeros de reojo, pudo apreciar a la Mink adelantarse, sin embargo, quien dio el primer paso hacia el frente fue él mismo. Nyra se pregunta si está seguro y, lo que le ofrece como respuesta a la mujer, es un intento de sonrisa cálida y agradable.
—Lo estoy, señorita Marine. De vez en cuando no viene mal confiar en alguien como yo.
Eso segundo iba más dirigido a los otros dos acompañantes que a la mujer en sí. —Soy más rápido de lo que aparento. — Fue paciente, y de hecho estaba a punto de salir, satisfecho con el movimiento de la cola de la mujer, aparentemente animada, hasta que lo interrumpió. ¿Acaso quería algo? La ve, de un momento a otro, sentarse en el suelo y retirar su calzado. Eso lo desorienta un poco, arqueando una ceja con confusión. Ve las botas extenderse en su dirección, con ella descalza. Las contempla con cierta confusión, elevando sus cejas ligeramente. —¿Está usted segura, señorita Marine? Juan... ¿Las hizo? — miró entonces la tortuga de nuevo, si no tenía problema, entonces sí, por supuesto que iba a aprovecharlas. El señalamiento de la muchacha hacia un desconocido le hace arquear una ceja. Realmente le importaba poco o menos cómo fueran los participantes, solo quería superar la prueba. No quiso revelar su asqueamiento por el intento de comparación, manteniendo la misma sonrisa confiada y con un aire de mayor desafío.
—Mínimo, trataré de superar la prueba, señorita Marine. Gracias.
Dicho esto, descendió su cuerpo, retirándose sus zapatos, lustrosos y claramente caros, para probar qué tanta eficacia era la que tendrían esas botas que recién le entregaban. Por supuesto, también extendió los zapatos hacia la muchacha. —No se quede descalza, espero que hasta que se los pueda devolver, pueda usar estos. No sería educado por mi parte no dejarle nada con lo que poder ponerse en pie cuando se ofrece tan amablemente conmigo.
A medida que se terminaba de acomodar las botas, podía escuchar algo, una melodía en conjunto al sonido de maracas de una voz que no conocía. No sabía de dónde provenía al no prestar demasiado atención a su entorno, pero sentía unas ganas de seguir el ritmo, y lo hacía con los dedos, a medida que terminaba de acomodarse las botas por completo. Los músculos parecían volverse más firmes, la sangre se aceleraba y la emoción incrementaba. Se sentía más animado, con más fuerza y ganas de hacer la prueba. Se puso finalmente en pie, dando un par de toques suaves hacia el suelo al intentar seguir el ritmo de la canción que sonaba, viendo que ahora provenía de uno de los cubículos. Las botas se sienten... curiosamente ligeros y más cómodos de lo que parecían inicialmente. —Gracias de nuevo, señorita. — elevó la mirada de nuevo, esta vez hacia Stroud, manteniendo su sonrisa traviesa. Su respuesta fue un movimiento de cabeza, ya había conseguido más que cuando se encontraron en ese cubículo.
Ahora sí, sale finalmente del cubículo, más seguro. Siente cómo esas botas son mucho más ligeras incluso solo al caminar, sus ojos descienden para mirarlas de reojo. Se siente extraño, pero demasiado bien. Miró de nuevo al frente, viendo a la primera participante, a la que ya conoce muy bien ya. Espera pacientemente su turno, aprovechando para retirar su cajita de metal, expulsando el humo del tabaco en el aire y apagando el mismo en la caja para evitar nada innecesario. Ni siquiera es capaz de verla moverse, es veloz, increíblemente veloz la muchacha. ¿Siquiera podría superarla? Debía hacerlo, por la Mink que había depositado su confianza, esperando pacientemente su turno.
El siguiente turno llegó pronto, un hombre que no conocía de nada, con un movimiento fugaz que... Un momento... Eso fue tan rápido como el anterior. ¿Eso era un lobo? Parpadeó, estaba claro que no sería capaz de ver a ninguno de los participantes. Igual que tampoco pudo ver el siguiente, que se trataba de un Lunarian de tez muy oscura... Un momento, ¿por qué diantres tenía una erección en medio de una prueba? Cierto era que él no era el cuchillo más afilado de la cocina respecto a... fetiches pero... ¿Qué diantres? No podía tampoco prestarle demasiada atención, ya que su prueba fue igual de imposible de ver que el resto.
Prosiguió un Marine, otro más, ¿era el que le señaló antes Nyra? Ni siquiera le prestó atención realmente. Nuevamente, solo vio un destello, nada que pudiera ver con el resto, a menos que fuera con los resultados. Nuevamente otro participante, con el pelaje completamente oscuro. ¿Un gato? ¿Pantera? Solo supo que se trataba de otro Marine más al que tampoco recordaba... pero igual que le pasaba con Stroud, le parecía familiar... Sin embargo, igual que el primer Marine, su cuerpo... también se iluminó con chispas, igualito al otro, solo que sin brillos y, de nuevo, el destello fugaz que fue incapaz de ver.
El siguiente participante se trataba de otro que desconocía, al menos de vista... Y fue impactante verlo... ¿Se acababa de trasformar en águila? Parecía que el Topo no era el único capaz de realizar esas transformaciones. ¿Qué tantos animales existirían con Akumas? Fue una cuestión que le pasó por la cabeza cuando, una vez más, fue incapaz de ver su velocidad. Era impactante, y fuerte. ¿De dónde había salido?
Pero, por supuesto, no fue el único, apareció alguien más, de nuevo, un Marine... Alguien que le hizo sonreír de oreja a oreja, alguien que, por supuesto, recordaba más de lo que quería admitir y que, al igual que la joven Nyra, no mencionaría su conocimiento, por puro profesionalismo. Enji... ¿Quién iba a decir que lo iba a encontrar justamente allí? Por supuesto, la prueba fue imposible de ver para él, pero nada que no pudiera pasar por alto. Una increíble y, sin lugar a duda, fascinante forma de moverse.
La última fue alguien que también reconoció, solo que recordaba que, la última vez, ella tenía el cabello de otro color, un año antes, cuando todavía la había visto con Hyákinthos antes de su reencuentro. Tenía sentido y, sin embargo, no llegó a imaginar encontrarla en esa prueba. Se cruzó de brazos, esperando pacientemente a que hiciera lo mismo. ¿Eso era una cebra? ¿Ahora dejó de ser una sirena o sencillamente era la mitad de ambas? Sus dedos dieron toques en el antebrazo, sin dejar de contemplarla. Ahora, sin embargo, aquello que podría haber resultado en un producto no era más que... algo más común de lo que pensaba después de haber llegado hasta donde estaba. Por supuesto, fue incapaz de ver qué tan veloz había resultado ser.
Al fin, al terminar, llegó su turno. Hizo un último movimiento con su cabeza hacia sus compañeros del cubículo, elevando la diestra en señal de despedida y caminó hacia la prueba frente a él. Elevó la mirada hacia las gradas, aquella lluvia de espectadores que lo observaban. Respiró profundo, paseando su mano por su cabello, revelando sutilmente su cicatriz que ya, de por sí, era siempre visible, para dejar caer los escasos flequillos hacia su rostro de nuevo. Lanzó una mirada seductora entre el público, con esa sonrisa traviesa que lo caracterizaba.

Regresa la mirada al frente, tal y como hizo Stroud, para mirar el Palacio. Recordaba las palabras del ángel, mencionaba a alguien de suma importancia y estaba seguro de que, de ser el caso, no se estaría perdiendo ese espectáculo. Además, si tenía conocimiento (que no lo dudaba) de su presencia y a dónde pertenecía... ¿Desconfiaría de él? Lo mejor era contemplar el palacio, no sabía dónde observar realmente, solo observaba la enorme figura, elevando la mirada, inclinando su cabeza y su torso en señal de educación y respeto. Dar una buena primera impresión en ese momento era más prioritario que ganar.
Volvió a erguirse, con una nueva sorpresa, una nueva melodía que parecía provenir de uno de los otros cubículos. ¿Ese era...? Volteó de reojo, viendo a aquel capitán de su amado. ¿Estaba cantando? Sin embargo, sentía la energía fluir en su interior, el ritmo tan pegadizo. Algo en él se volvía tan intenso como aquella cancioncita de las maracas.
Caminó hasta la zona de la prueba, observando ahora, de forma fija y seria, el objetivo de su meta. Respiró profundo, calmado, inhaló, exhaló, cerró los ojos unos segundos para concentrarse. ¿Había alguna forma de llegar a alcanzar su máximo de velocidad? Su mente divagaba, pese a que su cuerpo parecía estar preparándose para el movimiento. Una pierna estaba hacia delante, la otra hacia atrás, sus puntillas ligeramente elevadas, preparado para el impulso.
Tenía que hacerlo.
Abrió entonces los ojos de nuevo, con rostro concentrado y firme. Su diestra se posicionó hacia una de sus dos katanas del cinturón, concretamente a la zurda, recordando de dónde había aprendido dicho movimiento. Tan viejo pero tan fiel como siempre. Sus piernas se movieron, fugaces, veloces e impactantes... Y para cuando su cuerpo había frenado, solo hubo un sonido.
“Clic”
La espada regresando a la vaina de forma fugaz, como si en ningún momento hubiera sacado el arma, solo que, en esta ocasión, ya se había desplazado velozmente al frente, haciendo el recorrido de forma fugaz. Respiró una vez más, supo que había hecho lo que le había sido posible. Elevó su diestra, esta vez hacia el público, en alto, en un saludo más seguro para así poder captar algunos aplausos en su dirección o, quién sabe, si su mirada había sido lo suficientemente seductora, algún chillido de ánimo con su nombre. Una vez finalizó, no miró atrás, solo volvió con seguridad hasta su cubículo, preparado para ver el resultado. Esperaba no decepcionar a Nyra, ni mucho menos perder la prueba en la primera ronda para decepcionar al propio Sohem. ¿Estarían siquiera emitiéndose esos juegos fuera de Skypea?
Cajita de Tabaco
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