[EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver
#53
No parecía que la puerta se fuera a abrir por más patadas que le diera, pero debía seguir. Sorprendentemente, el olor de la brisa marina se colaba por debajo de las rendijas de aquella última frontera que nos separaba de la libertad y era un olor maravilloso. Era una sensación tan grande que se podía incluso saborear, pero notaba pequeños granos de arena entre los dientes y su crujir al masticar. Estábamos tan cerca que comenzaba a desesperarme.

-No… -contesté a Aspros mientras le daba otra patada a la puerta -... me -continué al mismo tiempo que le daba otro golpe sin éxito -... digas.

Y, pese a dar tres patadas más a la puerta, eso no se abría; mi glamuroso amigo tenía razón, otra vez. Apreté los dientes frustrado, pero entonces noté algo moverse entre mi ropa y no me alegraba de ver a nadie en ese momento, así que me sorprendí y pegué un pequeño salto hacia atrás de la impresión. De un pliegue secreto e íntimo de mi uniforme de preso apareció el caracol mágico.

-¡Eh, has estado aquí todo el tiempo!

Parecía molesto por tener que hacerlo todo y, tal como apareció, se fue, ignorando por completo los gritos de mi compañero. Ese caracol me liberó de las cadenas y ahora nos estaba abriendo el camino hacia la libertad, a nosotros y por lo visto a todos. Un fortísimo estruendo retumbó por toda la galería, era el sonido de cientos de celdas y puertas abriéndose al unísono. Arrugué la frente e intenté mantener los ojos abiertos mientras el portón que teníamos delante se abría, proyectando sobre nuestras pupilas una luz cegadora. Poco a poco nuestros ojos se fueron adaptando a la luz hasta que pudimos ver cuatro figuras frente a nosotros. Un tipo calvo muy grande, un enano con peluca, un playero con gafas de sol y el cabronazo de huevos gordos que se tiró de cabeza a por el gigante.

No hacía falta haki de ningún tipo para darse cuenta de que si estaban ahí, tan cerca de la salida, estos tíos eran los más fuertes de la prisión. O al menos los que mejores herramientas tenían para pararnos los pies. Me crucé de brazos y me dispuse a atacar cuando pasó algo inesperado, el espadachín de la armadura plateada apuñaló al tipo de las gafas de sol y comenzó a reír, de forma muy característica. En un abrir y cerrar de ojos, el guardián de la armadura reveló su verdadera forma, era mi padre infiltrado. Al momento me pidió que me fuera, que era su momento de pagarme de alguna manera por su ausencia. Quizá no había contado con esto, pero yo no era como él.

-¡Kikikiki! -reí mientras comenzaban a brotar de mis hombros aquellos brazos con los que había terminado de destrozar la puerta del nivel desértico. Pero debía ir más allá; no había entrenado lo que estaba a punto de ocurrir y quizá por eso no estaría tan perfeccionado como me gustaría, pero debía hacerlo. Esto iba a ser un entrenamiento en directo. Al mismo tiempo que los brazos que brotaban de mis hombros se entrelazaban entre sí para generar unos nuevos, un segundo latido retumbaba dentro de mi caja torácica. No tenía ni idea de gestionar lo que estaba ocurriendo, pero no tenía opción. Un dolor agudo me hizo vomitar sangre, pero sonreí porque lo había conseguido, lo podía sentir; esto era la Cadencia Esmeralda, un acto suicida que revolucionaba mis latidos como una locomotora. Pero lo mejor estaba por llegar. Había algo más al límite, una forma tan radical que desdibujaba la realidad y desafiaba la lógica. Un poder que me convertía en un monstruo.

Mi piel comenzó a enrojecer súbitamente hasta adoptar el color de la arcilla roja, crecieron cuatro brazos más en mi cuerpo repletos de protuberancias afiladas, como huesos astillados, dos de ellos nacieron del dorsal derecho y los otros dos del izquierdo. Mi rostro se deformó ligeramente, la frente se ensanchó al igual que mi mandíbula, los dientes se convirtieron en fauces y de las sienes se alzaron dos cuernos recubiertos de mi propia piel. Los ojos cambiaron, tornándose oscuros y sin iris, dejando a la vista una pupila de color ámbar. De mi cabeza brotó una corona de ojos cerrados, que se abrieron al unísono y a mi alrededor llovieron pétalos de cerezo que ardieron en llamas.

[Imagen: eH3IOli.jpeg]

Esta era mi forma definitiva, el Pacto de Azufre, y en cuanto mi padre gritó “Papá ya está aquí” salí disparado como una exhalación hacia el señor calvo y enorme, no a la altura de su cara, un par de metros más abajo, iba hacia su plexo solar. Diez metros nos separaban, pero con avanzar cinco llegaba de sobra, pues mis brazos ya medían eso. En cuanto estuve lo suficientemente cerca, liberé mi espíritu con fuerza homicida y, girando en vuelo levemente la cadera, cargando el golpe desde mi hombro, le propiné con la siniestra un fortísimo Tierra Dorada en el pecho al señor del mostacho, que lo lanzó volando varios metros hacia atrás.

-¡¡Eso dijo ella!! -grité, dándome cuenta al momento de que quizá la broma seguía sin encajar.

No debía bajar la guardia, intentaría retener a ese capullo para que mis nakamas ganaran todo el tiempo posible.

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RE: [EVENTO LOCAL - ESPECIAL] Por encima de mi cadáver - por Yojimbo - 21-07-2026, 01:24 AM

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