22-07-2026, 08:49 PM
[personajeinvalido=3816]
— ¡Las feas también podemos ser reinas-ton!
Todo ocurrió en un parpadeo, en un visto y no visto. Creí haber podido aprovechar el ataque sorpresa del padre de Yojimbo para lanzarme contra una de esas bestias que nos impedía el paso, pero me salió el tiro por la culata: el pequeño ser retrocedió y, comandado por el enorme carcelero, se abalanzó sobre mí en una pirueta de los más familiar.
— ¡Las feas también reinas-ton!
Una fuerte punzada de dolor atravesó mi pecho. Retrocedía a gran velocidad, mis oídos estaban ensordecidos por la fuerte corriente generada por el retroceso del golpe. La puerta de hierro, los afilados árboles… todo lo veía transcurrir por el rabillo del ojo, como una película a cámara lenta.
— ¡Las feas-ton!
Esa frase resonaba en mi cabeza, como un eco lejano. Perdía velocidad. Y caí, en un claro rodeado de hierro y caos, de los ensordecedores gritos de los presos que corrían de un lado para otro como pollos sin cabeza.
— ¡feas!
Me incorporé lo más rápido que pude y alcé la vista en dirección a la puerta de hierro, a la espera de que aquel pequeño ser viniese a rematar el trabajo que había comenzado. En primera instancia, mi plan era alejar a uno de ellos para que Yojimbo tuviese la posibilidad de escapar; tal vez no era la forma en la que me lo había imaginado, pero el resultado era el mismo.
— ¿Cómo que feas? ¿Reinas?
Como si de un recuerdo lejano se tratase, mi memoria me mostró el momento exacto en el que el pequeño bicho Tontatta se había lanzado contra mí, describiendo esas danzantes piruetas antes de mandarme a paseo, literalmente. Su rostro, ese pequeño rostro…
— Dios santo… —tapé mi boca, abierta por la conmoción. Un hilo de sangre recorría la comisura derecha de mi labio para morir en la barbilla—… es… increíblemente fea.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. En la distancia veía como el pequeño ser se aproximaba hacia mí, veloz, con esos pequeños ojos negros clavados en mi sensual cuerpo. Antepuse los brazos frente a mi pecho en posición defensiva, como un acto reflejo, pero mi mente estaba aturdida por aquel único pensamiento que me rondaba como una molesta mosca: era fea. Tan fea como robarle a tu abuela. Fea como robarle el novio a tu amiga.
— ¡No te acerques!¡A esa distancia estás... soport... bien! —grité con toda mis fuerzas, alternando mi vista entre la Tontatta y el suelo, como si temiese que al cruzar las miradas me convirtiese en piedra. El pequeño carcelero frenó, deteniéndose a una distancia aproximada de 10 metros, escupiendo halagos envueltos en un poco de veneno e ironía— Me... halagas marichocho, pero creo que paso. Voy a salir de aquí junto al capitán, me voy a ir a la playa y me voy a preparar un San Francisco con el borde de azúcar y una pajita con sombrilla de papel fucsia. Puedes quedarte tu aquí, en una de esas jaulas tan cuidadas que comentas. Te mandaré una cesta con el sello real y productos de skincare.
En el mundo tenía que haber de todo, era evidente que no todos podían ser tan increíblemente hermosos como yo. Pero la mera existencia de ese grado de fealdad hacía que los pilares de mi estabilidad emocional se tambaleasen. Debía resistir por el capitán, aunque para ello tuviese que soportar aquel pequeño y horrendo rostro; tenía que ganar tiempo, porque sabía que el pequeño monstruo no iba a dejarme ir por mi cara bonita, desgraciadamente.
— Capi...huye.
INFO
![[Imagen: rvCfBMF.png]](https://imgur.com/rvCfBMF.png)
