23-07-2026, 01:15 AM
Mi cabeza iba como loca pensando en todas las posibilidades y todos los trucos que guardaba bajo la manga, que si transformaciones, controlar la llama de mi espalda, golpear por encima de los límites que permitía mi cuerpo… pero no, aunque me hubiera encantado hacer todo eso e impactar sobre el pecho de aquel bigotudo algo me retuvo. Clavó su mirada sobre mí y noté al instante cómo todo el cuerpo se tensaba como la maroma de un barco; los músculos estaban tan rígidos que era incapaz de mover un solo dedo y no me podía sentir más frustrado, pero debía relajarme, esto era el momento de pensar. Si hubiera ido con todo, tal y como tenía planeado, quizá me habría esquivado, o devuelto el golpe, o quizá no, pero en el mejor de los casos habría terminado tan agotado que no tendría fuerzas para mantener un combate. Esa manía la tenía desde pequeño, ya mi padre me advertía de esto cuando salíamos a cazar la cena para él: “Analiza primero el entorno, la presa y luego actúa con cabeza”. Si tan solo le hubiera prestado algo más de atención… en fin, no era momento de lamentarse. Aspros hizo unas acrobacias perfectas, como siempre, y lanzó sus ataques tanto al enano desagradable como al casi-calvo. Él ya había empezado su ofensiva y yo me moría de ganas de comenzar la mía, pero todo estaba ocurriendo demasiado rápido. El caballero de brillante armadura, que parecía estar en las últimas, atravesó con su espada al chico de gafas de sol. Me quedé boquiabierto cuando reveló su verdadera forma: era mi padre usando los poderes de su Fruta del Diablo. Él me pidió que me fuera, que papá ya estaba aquí, y en cualquier otra situación hubiera hecho justo lo contrario, quedarme, porque yo hasta ese momento no me consideraba como él, o como la imagen que tenía de él.
-Kikiki -reí nervioso al darme cuenta de la tremenda responsabilidad de mis actos. Aunque no hubiera tenido relación con él, estaba haciendo todo esto por mí, de forma completamente desinteresada. ¿Qué clase de persona sería si lo dejara todo perder? Si me estaban dando una oportunidad, debía aprovecharla. Lanzarme a por cualquiera de mis rivales sería estorbar a mis compañeros de fuga, cada uno tenía su papel, y el mío en este momento era el de no molestar.
Noté cómo mi cuerpo se destensaba, aquel eructador repugnante sin clase dejó de mirarme para centrarse en lo que estaba ocurriendo a escasos metros de su posición. Y, antes de que me diera siquiera tiempo de aletear mis alas para irme de allí, ocurrió algo extraordinariamente terrorífico. El tipo peliazul al que tenía enganchado mi padre desapareció, y sólo pude escuchar por un instante un montón de quejidos metálicos y burbujas estallando. Flexioné levemente las rodillas adoptando una posición más belicosa y entonces lo pude ver. Mi padre había sobrevivido a aquel inesperado ataque girando sobre sí mismo, cubriéndose con las alas. Eso me recordó al momento en el que cubrí con las mías a Tobias en aquel bosque de Momoiro, sin duda era un buen recurso defensivo. Mi padre debía ser alguien excepcional.
Tras la ofensiva, el tío que hablaba tan raro y mi padre intercambiaron insultos inentendibles, pero si algo saqué en claro es que lo llamó “Almirante”. ¡¿Este tío tan… peculiar era un Almirante de la Marina?! La verdad que el ataque que acababa de hacer estaba a la altura de alguien tan importante, pero eso me creaba una duda. ¿Cómo iba a salir de aquí teniendo a gente así de poderosa delante? Un grito de mi progenitor me sacó del ensimismamiento, me dijo que lo obedeciera y que nada de lo que estaba pasando tendría sentido si no conseguía escapar, y tenía razón, ya llevaba un tiempo pensándolo. Asentí con la cabeza mientras tragaba saliva, por algún motivo, aunque no nos conociéramos más que unas horas, sentía una gran conexión con él. Cuando estaba cerca, era como volver a ser un niño, o dicho de otra manera, sentía con fuerza la autoridad de sus palabras. Dijo que él se encargaría de esas dos bestias y que confiara en él, que lograría sacar a Aspros de aquí también y que en los momentos más difíciles tenía que confiar en mi padre. Nunca había sentido tanta confianza y seguridad en unas palabras y, por primera vez, sentía que no era yo el que debía proteger, sino la persona a la que protegerían. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sentía la voluntad de sus palabras como un martillo sobre mi pecho y la calidez de sus deseos de liberarme como una mullida manta. La habilidad que más me había sorprendido hasta ahora de mi padre era la de dar seguridad en un momento como este. Pero aquí no terminaba todo, aún quedaban más cosas por ver.
Se tocó la cara de nuevo y en su lugar apareció otro Mord, casi el doble de grande que yo y bastante más viejo que mi padre. Su figura era impresionante, pero su aura asustaría al mismísimo miedo; no había detectado un aura tan abrumadora como la de aquel tipo jamás, y era con diferencia la más gigantesca de todas. Retrocedí un paso por puro instinto; daba respeto estar cerca de ese ser. Si este tío es el que nos hubiera esperado tras la puerta, habría huido inmediatamente. Una gota de sudor recorrió mi frente hasta morir en mi barbilla.
Me miró directamente y se me aceleró el corazón de los nervios. Sabía en el fondo que era mi padre, pero es que ese tío acojonaba. Tío que resultó ser mi abuelo…
-¡¡!!
Un grito ahogado se hizo un nudo en mi garganta y no pude decir nada. ¿Mi abuelo era ese pedazo de animal? ¡¡Qué pasada!! Y qué bajona… aún debía entrenar muchísimo. Sobre todo por lo que dijo inmediatamente después: “Emperador de las razas del cielo, el más poderoso de todos los Lunarians del mundo, y el líder de los pueblos unidos libres de Lunarians de la Red Line”. Luego, tras hacer un portal de la nada, sacó una espada en cuya hoja bailaban oscuras tormentas eléctricas, un arma a la altura de un Emperador como él.
Volvió a clavar la mirada en mí y me dijo que nuestro linaje es libre. Aunque no lo supiera directamente, era algo que siempre he sentido, y algún día lograré que todas las personas lo fueran, a fin de cuentas, resultaba que me parecía más a mi padre de lo que yo pensaba. Antes de despedirse, tan sólo me deseó una cosa, que saliera y que reclamara mi libertad. Le devolví la sonrisa con los ojos vidriosos, era el mejor sentimiento que un padre le podía desear a su hijo y tras un sincero “Te quiero” nuestros caminos se separaron.
-Ojalá nos hubiéramos conocido en otra situación… -susurré mientras las llamas de mi espalda ardían con una furia alimentada con la voluntad, no sólo de mis nakamas, no sólo de mi pueblo, sino de toda la gente ansiosa de libertad. -Yo también te quiero. -dije en otro susurro mientras él se lanzaba a por nuestros enemigos y yo alzaba el vuelo, sin saber si lo había llegado a escuchar o no. Poco importaba, cada uno habíamos tomado una trayectoria diferente y las cartas ya estaban sobre la mesa, ahora me dirigía a toda velocidad hacia la libertad que tanto ansiaba.
-Kikiki -reí nervioso al darme cuenta de la tremenda responsabilidad de mis actos. Aunque no hubiera tenido relación con él, estaba haciendo todo esto por mí, de forma completamente desinteresada. ¿Qué clase de persona sería si lo dejara todo perder? Si me estaban dando una oportunidad, debía aprovecharla. Lanzarme a por cualquiera de mis rivales sería estorbar a mis compañeros de fuga, cada uno tenía su papel, y el mío en este momento era el de no molestar.
Noté cómo mi cuerpo se destensaba, aquel eructador repugnante sin clase dejó de mirarme para centrarse en lo que estaba ocurriendo a escasos metros de su posición. Y, antes de que me diera siquiera tiempo de aletear mis alas para irme de allí, ocurrió algo extraordinariamente terrorífico. El tipo peliazul al que tenía enganchado mi padre desapareció, y sólo pude escuchar por un instante un montón de quejidos metálicos y burbujas estallando. Flexioné levemente las rodillas adoptando una posición más belicosa y entonces lo pude ver. Mi padre había sobrevivido a aquel inesperado ataque girando sobre sí mismo, cubriéndose con las alas. Eso me recordó al momento en el que cubrí con las mías a Tobias en aquel bosque de Momoiro, sin duda era un buen recurso defensivo. Mi padre debía ser alguien excepcional.
Tras la ofensiva, el tío que hablaba tan raro y mi padre intercambiaron insultos inentendibles, pero si algo saqué en claro es que lo llamó “Almirante”. ¡¿Este tío tan… peculiar era un Almirante de la Marina?! La verdad que el ataque que acababa de hacer estaba a la altura de alguien tan importante, pero eso me creaba una duda. ¿Cómo iba a salir de aquí teniendo a gente así de poderosa delante? Un grito de mi progenitor me sacó del ensimismamiento, me dijo que lo obedeciera y que nada de lo que estaba pasando tendría sentido si no conseguía escapar, y tenía razón, ya llevaba un tiempo pensándolo. Asentí con la cabeza mientras tragaba saliva, por algún motivo, aunque no nos conociéramos más que unas horas, sentía una gran conexión con él. Cuando estaba cerca, era como volver a ser un niño, o dicho de otra manera, sentía con fuerza la autoridad de sus palabras. Dijo que él se encargaría de esas dos bestias y que confiara en él, que lograría sacar a Aspros de aquí también y que en los momentos más difíciles tenía que confiar en mi padre. Nunca había sentido tanta confianza y seguridad en unas palabras y, por primera vez, sentía que no era yo el que debía proteger, sino la persona a la que protegerían. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sentía la voluntad de sus palabras como un martillo sobre mi pecho y la calidez de sus deseos de liberarme como una mullida manta. La habilidad que más me había sorprendido hasta ahora de mi padre era la de dar seguridad en un momento como este. Pero aquí no terminaba todo, aún quedaban más cosas por ver.
Se tocó la cara de nuevo y en su lugar apareció otro Mord, casi el doble de grande que yo y bastante más viejo que mi padre. Su figura era impresionante, pero su aura asustaría al mismísimo miedo; no había detectado un aura tan abrumadora como la de aquel tipo jamás, y era con diferencia la más gigantesca de todas. Retrocedí un paso por puro instinto; daba respeto estar cerca de ese ser. Si este tío es el que nos hubiera esperado tras la puerta, habría huido inmediatamente. Una gota de sudor recorrió mi frente hasta morir en mi barbilla.
Me miró directamente y se me aceleró el corazón de los nervios. Sabía en el fondo que era mi padre, pero es que ese tío acojonaba. Tío que resultó ser mi abuelo…
-¡¡!!
Un grito ahogado se hizo un nudo en mi garganta y no pude decir nada. ¿Mi abuelo era ese pedazo de animal? ¡¡Qué pasada!! Y qué bajona… aún debía entrenar muchísimo. Sobre todo por lo que dijo inmediatamente después: “Emperador de las razas del cielo, el más poderoso de todos los Lunarians del mundo, y el líder de los pueblos unidos libres de Lunarians de la Red Line”. Luego, tras hacer un portal de la nada, sacó una espada en cuya hoja bailaban oscuras tormentas eléctricas, un arma a la altura de un Emperador como él.
Volvió a clavar la mirada en mí y me dijo que nuestro linaje es libre. Aunque no lo supiera directamente, era algo que siempre he sentido, y algún día lograré que todas las personas lo fueran, a fin de cuentas, resultaba que me parecía más a mi padre de lo que yo pensaba. Antes de despedirse, tan sólo me deseó una cosa, que saliera y que reclamara mi libertad. Le devolví la sonrisa con los ojos vidriosos, era el mejor sentimiento que un padre le podía desear a su hijo y tras un sincero “Te quiero” nuestros caminos se separaron.
-Ojalá nos hubiéramos conocido en otra situación… -susurré mientras las llamas de mi espalda ardían con una furia alimentada con la voluntad, no sólo de mis nakamas, no sólo de mi pueblo, sino de toda la gente ansiosa de libertad. -Yo también te quiero. -dije en otro susurro mientras él se lanzaba a por nuestros enemigos y yo alzaba el vuelo, sin saber si lo había llegado a escuchar o no. Poco importaba, cada uno habíamos tomado una trayectoria diferente y las cartas ya estaban sobre la mesa, ahora me dirigía a toda velocidad hacia la libertad que tanto ansiaba.
INFO
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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