05-12-2023, 01:27 PM
(Última modificación: 05-12-2023, 02:19 PM por Jolyne Jones.)
Desperté con dolor de cabeza y miré a mi alrededor completamente sin mover la cabeza con unos ojos resecos y la vista nublada. -¡No veo! ¡Me he quedado ciega! – asustada, me toqué la cara rápidamente para darme cuenta de que estaba transformada en mi forma de camaleón y llevaba puestas unas gafas que no eran de mi propiedad que me cubrían toda la cara. Me las quité de inmediato y me fijé en que, milagrosamente, estaba en uno de los camarotes de nuestro barco. Tenía la sensación de que todo daba vueltas y no era porque mis ojos estuviesen girando, y me estaba costando hasta recordar el propósito de encontrarme en alta mar y no en mi granja, pero poco a poco me reincorporé y empecé a recordar vagamente; debíamos estar ya en el barco de camino a la siguiente isla. Me llevaba buenos y malos recuerdos de Toko, pero desde luego que recordaría ese lugar como uno de los mejores para hacer turismo.
Volví a mi forma humana para poder ponerme en pie y tropecé con una especie de sábana y caí al suelo. -Un momento, esto no es una sábana. ¿Llevo puesto un vestido? -pensé extrañada. Por si no fuera poco el misterio de cómo había llegado hasta el barco, me encontraba usando esa dichosa prenda que no vestía desde mi quincena en aquella desastrosa fiesta que no quería recordar. Por encima de mi ropa llevaba un vestido negro y rojo lleno de volantes en la falda que me quedaba tan grande que prácticamente iba arrastrando por el suelo. Conseguí salir del camarote dando pequeños tumbos, empezando a suponer que tal vez me habría sentado mal la cena y que ese sería el motivo de mi malestar, clamando que no había mejores alimentos que los que producía mi granja. Una vez en el exterior, tuve que taparme los ojos con la mano para que no me cegara el sol hasta que pude acostumbrarme a la luz. Sujetando las gafas con la otra mano y aún con el vestido puesto, anduve por la cubierta hasta donde estaban mis compañeros.
-Qué pintas más raras tienes, Triana. La espadachina llevaba una camisa y un pantalón que le hacían parecer pequeña en comparación, pero cuando estaba a punto de reírme de ella, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Era el recuerdo de alguien gritando “¡por favor!” como un loco, aunque todavía era muy difuso en mi cabeza. Lo único que podía recordar con claridad fue que el día anterior me junté con Triana en la taberna del sitio donde nos hospedábamos. -Oye, tú no tendrás nada que ver con que lleve este vestido o estas gafas, ¿no? Ella era la última persona a la que recordaba y, con suerte, la que podría poner un poquito de luz en todo esto. -Por cierto, ¿qué tienes en la cara? Del cuello hasta su cara, Triana tenía escritas unas palabras sobre su piel. -Dice "importante. No olvidar".
Fruta
