28-07-2026, 09:17 AM
[personajeinvalido=3941]
Debía pelear, era su turno de demostrar su fuerza.
Los Sepultura ponían su confianza en él, todos alrededor lo llenaban de sus propios deseos de que cierto equipo saliera vencedor. Por su lado, el cocinero se mantuvo en silencio, escuchándolos, pero no respondiendo ante ninguna palabra.
Del lado derecho de su cintura, sacó una de las espadas de su vaina. Observó el acero con los ojos fijos, vio su propio reflejo en el tan cuidado material. Al ver el mechón blanco que caía por su frente, recuerdos de muchos años atrás lo azotaron. Su madre, su padre y su pequeña hermana, con esas manchas blancas que la enfermedad que golpeó a su pueblo les dejó en la piel. Manchas que él nunca había portado, de las cuales se había librado, pero que escogía recordar cada que veía su reflejo.
Sus ojos le devolvieron la mirada, atentos y fijos en cada detalle, como si nunca se hubiese analizado a sí mismo de esa manera.
Kane dijo que podía hablar con su arma, que la escuchaba. No creía que fueran más que delirios de alguien que se creía demasiado importante, pero Uker podía comprender algo parecido. Su estilo de combate era reservado, potente, pero esperando el momento justo para dar el golpe certero. ¿Qué necesitaba para cambiar? ¿Cómo podía dirigir esa rabia que sentía para dominar por completo a su oponente?
Tal vez ese no era el momento para eso. Giró la katana un poco y comprobó el filo, asegurándose que estuviera en condiciones, justo a tiempo para el anuncio.
Así que su compañero debía ser ese hombre. Escuchar su nombre hizo arder su sangre, pero eso puso una sonrisa en su rostro. - Ganaré, incluso si no es este combate -. Dijo, en respuesta a las palabras de su compañero de tripulación, antes de levantarse de su lugar y comenzar a quitarse su abrigo. - ¿Puedo pedirles que me lo cuiden? -. Le ofreció la prenda a Eros, esperando que aceptara y lo tomara, para luego emprender su camino hacia la arena.
A diferencia de antes, su semblante era más neutro. Ese enojo que todos podían ver en su cuerpo en el momento en el que quedó eliminado parecía haber desaparecido. Su mano derecha se apoyó en una de sus katanas, presionando con fuerza entre sus dedos. Sus ojos, antes tan llenos de odio y sangre ahora solo observaban como la arena se acercaba más y más, evitando y restando importancia a cada palabra de aliento o insulto que cualquiera en las gradas pudiera intentar darle.
Al llegar a la arena, se detuvo. Observó el terreno, sería complicado querer lograr una gran carrera sobre ese material, las pequeñas piedras podrían ser un problema pero no uno muy decisivo. Observó a quienes serían sus oponentes, dos personas que sí habían logrado un gran puntaje en la prueba que terminó por eliminarlo.
Su sangre volvió a arder bajo su piel, y el agarre de su diestra sobre su arma se intensificó.
Como si no pudiera ponerse peor, llegó su compañero. Le habló como si pudiera lograr que lo respete, como si fuera posible que él confiara en alguien como el idiota que ahora intentaba ofrecerle buenas palabras. - Mejor cierra la boca, imbécil -. Devolvió su mirada a sus oponentes, dejando de prestar atención a quien en otra ocasión sería un rival más. - Solo no te interpongas en mi camino -.
De igual manera, si intentaba apuñalarlo por la espalda esos ángeles que parecían cuidar del sitio de combate iban a intervenir.
¿Verdad?
Bueno, debería haberlo pensado mejor. Entre su obvio disgusto por Onizuka y la concentración que se lograba en su mente momentos antes de un combate, no pudo notar cuando el otro hombre ya lo tenía atrapado. - Desgraciado… -. Podría insultarlo y zafarse de ese agarre, pero su mente conectó un pensamiento con rapidez.
Al parecer ese imbécil ahora poseía los poderes de una fruta. Eros le había contado que lo venció, por lo que debía haberla obtenido recientemente. Si debían luchar contra dos personas confiadas de su fuerza bruta, él podría encargarse, pero sí podían convertir eso en una batalla de desgaste…
¿Si atacaban a Jin lo pondrían en peligro a él? Era una duda razonable, pero la oportunidad de dar el golpe de gracia en cuanto los 3 estén derrotados sonaba tentadora.
Decidió que iba a seguirle la corriente, solo por ahora. - Asegúrense de matarlo para que yo pueda terminar con ustedes -. Fueron las últimas palabras dirigidas a sus oponentes, a quienes los observó una última vez y levantó la katana que llevaba sosteniendo todo ese tiempo en su dirección, antes de tomar aire y cerrar los ojos para terminar de desaparecer de la vista de todos.
¿Dónde estaba? ¿Todo eso era barro? No se atrevió a abrir los ojos, por lo que simplemente se guio por su sentido del tacto. Incluso ahí dentro podía seguir razonando, por lo que su mente fue veloz, pese a la aparente tranquilidad. “Si esta es una de esas frutas elementales, diría que como mínimo sería difícil que puedan dañar al idiota este”. Si, no sería amable con él ni en su mente. “No parecía necesitar mi permiso para atraparme, pero la velocidad a la que lo hizo fue horrorosa. Si es así de lento no sería sorprendente que los otros dos pudieran golpearme si a este energúmeno se le ocurre soltarme en medio del combate, así que lo mejor sería estar preparado para todo”.
No soltó el arma que llevaba en su mano, simplemente la sacó de su vaina y dejo que esta reposara de nuevo al lado derecho de su cintura. Le costaba moverse en ese lugar, pero con técnica y la ayuda del filo de su katana sería suficiente para lograr algo.
Debía pelear, era su turno de demostrar su fuerza.
Los Sepultura ponían su confianza en él, todos alrededor lo llenaban de sus propios deseos de que cierto equipo saliera vencedor. Por su lado, el cocinero se mantuvo en silencio, escuchándolos, pero no respondiendo ante ninguna palabra.
Del lado derecho de su cintura, sacó una de las espadas de su vaina. Observó el acero con los ojos fijos, vio su propio reflejo en el tan cuidado material. Al ver el mechón blanco que caía por su frente, recuerdos de muchos años atrás lo azotaron. Su madre, su padre y su pequeña hermana, con esas manchas blancas que la enfermedad que golpeó a su pueblo les dejó en la piel. Manchas que él nunca había portado, de las cuales se había librado, pero que escogía recordar cada que veía su reflejo.
Sus ojos le devolvieron la mirada, atentos y fijos en cada detalle, como si nunca se hubiese analizado a sí mismo de esa manera.
Kane dijo que podía hablar con su arma, que la escuchaba. No creía que fueran más que delirios de alguien que se creía demasiado importante, pero Uker podía comprender algo parecido. Su estilo de combate era reservado, potente, pero esperando el momento justo para dar el golpe certero. ¿Qué necesitaba para cambiar? ¿Cómo podía dirigir esa rabia que sentía para dominar por completo a su oponente?
Tal vez ese no era el momento para eso. Giró la katana un poco y comprobó el filo, asegurándose que estuviera en condiciones, justo a tiempo para el anuncio.
Así que su compañero debía ser ese hombre. Escuchar su nombre hizo arder su sangre, pero eso puso una sonrisa en su rostro. - Ganaré, incluso si no es este combate -. Dijo, en respuesta a las palabras de su compañero de tripulación, antes de levantarse de su lugar y comenzar a quitarse su abrigo. - ¿Puedo pedirles que me lo cuiden? -. Le ofreció la prenda a Eros, esperando que aceptara y lo tomara, para luego emprender su camino hacia la arena.
A diferencia de antes, su semblante era más neutro. Ese enojo que todos podían ver en su cuerpo en el momento en el que quedó eliminado parecía haber desaparecido. Su mano derecha se apoyó en una de sus katanas, presionando con fuerza entre sus dedos. Sus ojos, antes tan llenos de odio y sangre ahora solo observaban como la arena se acercaba más y más, evitando y restando importancia a cada palabra de aliento o insulto que cualquiera en las gradas pudiera intentar darle.
Al llegar a la arena, se detuvo. Observó el terreno, sería complicado querer lograr una gran carrera sobre ese material, las pequeñas piedras podrían ser un problema pero no uno muy decisivo. Observó a quienes serían sus oponentes, dos personas que sí habían logrado un gran puntaje en la prueba que terminó por eliminarlo.
Su sangre volvió a arder bajo su piel, y el agarre de su diestra sobre su arma se intensificó.
Como si no pudiera ponerse peor, llegó su compañero. Le habló como si pudiera lograr que lo respete, como si fuera posible que él confiara en alguien como el idiota que ahora intentaba ofrecerle buenas palabras. - Mejor cierra la boca, imbécil -. Devolvió su mirada a sus oponentes, dejando de prestar atención a quien en otra ocasión sería un rival más. - Solo no te interpongas en mi camino -.
De igual manera, si intentaba apuñalarlo por la espalda esos ángeles que parecían cuidar del sitio de combate iban a intervenir.
¿Verdad?
Bueno, debería haberlo pensado mejor. Entre su obvio disgusto por Onizuka y la concentración que se lograba en su mente momentos antes de un combate, no pudo notar cuando el otro hombre ya lo tenía atrapado. - Desgraciado… -. Podría insultarlo y zafarse de ese agarre, pero su mente conectó un pensamiento con rapidez.
Al parecer ese imbécil ahora poseía los poderes de una fruta. Eros le había contado que lo venció, por lo que debía haberla obtenido recientemente. Si debían luchar contra dos personas confiadas de su fuerza bruta, él podría encargarse, pero sí podían convertir eso en una batalla de desgaste…
¿Si atacaban a Jin lo pondrían en peligro a él? Era una duda razonable, pero la oportunidad de dar el golpe de gracia en cuanto los 3 estén derrotados sonaba tentadora.
Decidió que iba a seguirle la corriente, solo por ahora. - Asegúrense de matarlo para que yo pueda terminar con ustedes -. Fueron las últimas palabras dirigidas a sus oponentes, a quienes los observó una última vez y levantó la katana que llevaba sosteniendo todo ese tiempo en su dirección, antes de tomar aire y cerrar los ojos para terminar de desaparecer de la vista de todos.
¿Dónde estaba? ¿Todo eso era barro? No se atrevió a abrir los ojos, por lo que simplemente se guio por su sentido del tacto. Incluso ahí dentro podía seguir razonando, por lo que su mente fue veloz, pese a la aparente tranquilidad. “Si esta es una de esas frutas elementales, diría que como mínimo sería difícil que puedan dañar al idiota este”. Si, no sería amable con él ni en su mente. “No parecía necesitar mi permiso para atraparme, pero la velocidad a la que lo hizo fue horrorosa. Si es así de lento no sería sorprendente que los otros dos pudieran golpearme si a este energúmeno se le ocurre soltarme en medio del combate, así que lo mejor sería estar preparado para todo”.
No soltó el arma que llevaba en su mano, simplemente la sacó de su vaina y dejo que esta reposara de nuevo al lado derecho de su cintura. Le costaba moverse en ese lugar, pero con técnica y la ayuda del filo de su katana sería suficiente para lograr algo.
“No creo que se pueda considerar un gran mérito ganar con algo así, pero supongo que es lo que pasa cuando se empiezan a acostumbrar a este tipo de poderes”
Libro de recetas
