06-12-2023, 04:48 PM
[personajeinvalido=537]
Con el paso de los segundos, mis pupilas recuperaron la capacidad de filtrar la luminosidad y recuperé la vista por completo. Cuando esto sucedió, pude apreciar la sala por completo. Era un salón grande de forma geométrica, de un par de decenas de metros y con un techo abovedado de cristal. Las luces que iluminaban el habitáculo desde cada esquina de la curiosa forma del lugar me llamaban especialmente la atención, pues brillaban con una luz blanca, casi antinatural para mí y proporcionaban una fría energía al lugar. En el centro de la sala, había un escritorio sobre el que nuestro anfitrión debía trabajar. Y, hablando de él, de esa voz pedante que habíamos conocido al llegar al lugar de la mano de Hawk, por fin podíamos ponerle cara. Se trataba de un hombre, no muy mayor, aunque ostentaba canas en su melena color carbón. Parecía un hombre menudo y no mucho más bajo que yo.
Mi compañero, Joe, aseveró que no tenía apellido, desvelando que su nombre era el que su padre adoptivo le dio, para después animar a nuestro interlocutor a hablar para que nos propusiera lo que quiera que su maquiavélicamente planeara. Me extrañaba enormemente que Joe, al que ya había visto ser sincero desde que nos conocimos hace unos días, fuera tan brutalmente sincero y abierto con alguien a quien acaba de conocer en estas circunstancias. Casi parecía que le daba absolutamente igual desvelar su pasado o que no temía lo que la gente pensara de él. Casi lo envidiaba, yo desde luego prefería no revelarlo. Ante la respuesta del Marine, Blackmore expresó su gratitud por tan interesante historia y exigía un apellido con maneras altivas. - Puta lástima de paro cardíaco... - pensaba mientras miraba Blackmore. Lo peor es que el cabrón me caía bien, de cierta manera.
Tras unos segundos, se acercó a mí para desatar mis manos, asegurando que no era necesario y preguntando si yo sería el testigo de la negociación que se daría lugar. Daba la sensación de que más que preguntar lo estaba afirmando de manera muy sarcástica. Fue entonces cuando se acercó a Joe y realizó la misma operación con las ataduras del viejo Marine, dejándonos libres. Nos invitó a reiniciar la conversación volviendo a su mesa y se presentó como Therens Blackmore. Por una parte, si era el líder o algún tipo de cabecilla de los Dalton, cortar la cabeza de la serpiente, anula el cuerpo, pero, su tranquilidad me hacía pensar que o no tenía miedo o era un idiota. Por otra parte, no se me puede olvidar por qué acudí a Joe: Buscar poder. Si Joe no puede ayudarme, pero Therens sí puede hacerlo... quizás escucharlo no era tan mala idea. - It's showtime. - volví a pensar mientras aseguraba mi espada con mis manos ya liberadas, ocultando el pequeño filo que había descubierto hace tiempo.
- Viktor Evans, aunque no utilizo mucho mi nombre completo. Es un placer, señor Blackmore, me encanta la... decoración. - alabé con cierto tono jocoso - Será un placer colaborar en esta improvisada negociación. - Dije mientras me acercaba unos metros con la misma tranquilidad que desprendía nuestro anfitrión y sonriendo levemente mientras ignoraba completamente a Joe. ¿Me fiaba de él? Para nada. ¿Tenía garantías? En absoluto. Pero el camino del exceso lleva al palacio de la sabuduría. Era el momento de jugar.
Con el paso de los segundos, mis pupilas recuperaron la capacidad de filtrar la luminosidad y recuperé la vista por completo. Cuando esto sucedió, pude apreciar la sala por completo. Era un salón grande de forma geométrica, de un par de decenas de metros y con un techo abovedado de cristal. Las luces que iluminaban el habitáculo desde cada esquina de la curiosa forma del lugar me llamaban especialmente la atención, pues brillaban con una luz blanca, casi antinatural para mí y proporcionaban una fría energía al lugar. En el centro de la sala, había un escritorio sobre el que nuestro anfitrión debía trabajar. Y, hablando de él, de esa voz pedante que habíamos conocido al llegar al lugar de la mano de Hawk, por fin podíamos ponerle cara. Se trataba de un hombre, no muy mayor, aunque ostentaba canas en su melena color carbón. Parecía un hombre menudo y no mucho más bajo que yo.
Mi compañero, Joe, aseveró que no tenía apellido, desvelando que su nombre era el que su padre adoptivo le dio, para después animar a nuestro interlocutor a hablar para que nos propusiera lo que quiera que su maquiavélicamente planeara. Me extrañaba enormemente que Joe, al que ya había visto ser sincero desde que nos conocimos hace unos días, fuera tan brutalmente sincero y abierto con alguien a quien acaba de conocer en estas circunstancias. Casi parecía que le daba absolutamente igual desvelar su pasado o que no temía lo que la gente pensara de él. Casi lo envidiaba, yo desde luego prefería no revelarlo. Ante la respuesta del Marine, Blackmore expresó su gratitud por tan interesante historia y exigía un apellido con maneras altivas. - Puta lástima de paro cardíaco... - pensaba mientras miraba Blackmore. Lo peor es que el cabrón me caía bien, de cierta manera.
Tras unos segundos, se acercó a mí para desatar mis manos, asegurando que no era necesario y preguntando si yo sería el testigo de la negociación que se daría lugar. Daba la sensación de que más que preguntar lo estaba afirmando de manera muy sarcástica. Fue entonces cuando se acercó a Joe y realizó la misma operación con las ataduras del viejo Marine, dejándonos libres. Nos invitó a reiniciar la conversación volviendo a su mesa y se presentó como Therens Blackmore. Por una parte, si era el líder o algún tipo de cabecilla de los Dalton, cortar la cabeza de la serpiente, anula el cuerpo, pero, su tranquilidad me hacía pensar que o no tenía miedo o era un idiota. Por otra parte, no se me puede olvidar por qué acudí a Joe: Buscar poder. Si Joe no puede ayudarme, pero Therens sí puede hacerlo... quizás escucharlo no era tan mala idea. - It's showtime. - volví a pensar mientras aseguraba mi espada con mis manos ya liberadas, ocultando el pequeño filo que había descubierto hace tiempo.
- Viktor Evans, aunque no utilizo mucho mi nombre completo. Es un placer, señor Blackmore, me encanta la... decoración. - alabé con cierto tono jocoso - Será un placer colaborar en esta improvisada negociación. - Dije mientras me acercaba unos metros con la misma tranquilidad que desprendía nuestro anfitrión y sonriendo levemente mientras ignoraba completamente a Joe. ¿Me fiaba de él? Para nada. ¿Tenía garantías? En absoluto. Pero el camino del exceso lleva al palacio de la sabuduría. Era el momento de jugar.
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