Al mismo tiempo que intentaba levantar mi cuerpo con mis nuevos brazos Joe me dijo que me iba a demostrar que habían muros que no se podían derribar. No pude evitar sonreír durante un instante por la tonta afirmación de mi rival, quizá él no lo había experimentado pero estaba demostrando ser un ignorante. Mientras la gente tuviera sueños, ambiciones, deseos, fuera responsable de sus actos, de elegir… mientras la gente fuera gente no habría un muro que no se pudiera derribar, y yo ahora mismo era la maza que abriría el camino a la libertad de todos, incluida la suya. Mi puño derecho se estrelló a toda velocidad contra el rostro de Joe y al mismo tiempo que el golpe conseguía alcanzar su objetivo volví a notar un dolor punzante, era esa maldita serpiente haciendo de las suyas. Era un dolor que podía soportar, pero desde luego era molesto, tendría que lidiar con ello.
En cuanto eché mi brazo atrás pude ver que, no sólo no se había desplazado ni un milímetro de su posición, sino que de su cara salía una leve columna de humo. Se había bloqueado totalmente mi ataque, algo dentro de mí se encendió. Estaba seguro de que había entrenado con dureza porque era mucho más fuerte, rápido y resistente que la última vez que nos encontramos y eso, paradójicamente, me hacía feliz. Me gustaba la gente que se esforzaba, la pena es que fuera un necio. La primera vez que lo vi sentí la euforia de aquel que se encuentra con un rival al que considera su igual, no obstante consiguió decepcionarme y aquel sentimiento se tornó amargo al comprobar que a pesar de tener un mismo objetivo nuestras posturas eran irreconciliables. Me hubiese gustado que la situación se diese de otra manera, poder tal vez, incluso intercambiar opiniones de forma más pacífica, pero había comprendido que era imposible y que solo nos quedaba una opción. Luchar por nuestros ideales hasta las últimas consecuencias.
Sus palabras continuaron decepcionándome, entendía su postura pero no su forma de llevarlo a cabo, a fin de cuentas, un hombre que vive atado a las expectativas de los demás, cumpliendo roles solo para encajar, no era libre. Yo, estando encarcelado estos últimos tres años, he sido mucho más libre de lo que él lo había podido ser en toda su vida. Eso era una pena, pero no era mi problema.
Sin mediar palabra mi brazo izquierdo ardió en llamas y se abalanzó con la palma extendida sobre su hombro derecho, inmediatamente después, mi brazo derecho impactó sobre su rostro, sucesivamente el izquierdo volvió a impactar haciendo un crochet en su pómulo derecho y, por último, un gancho con la derecha terminó el combo. Me esforcé para que esto ocurriera tan rápido como me era posible, y tras la sucesión de golpes aleteé con fuerza para ascender en diagonal y alejarme todo lo lejos posible de él. Una vez estuve a sesenta metros de altura en diagonal sobre su posición me preparé para el siguiente movimiento.
-El árbol que crece torcido vivirá su vida y el árbol que crece recto será convertido en madera. Reflexiona, puede que esta sea tu última oportunidad.
En cuanto eché mi brazo atrás pude ver que, no sólo no se había desplazado ni un milímetro de su posición, sino que de su cara salía una leve columna de humo. Se había bloqueado totalmente mi ataque, algo dentro de mí se encendió. Estaba seguro de que había entrenado con dureza porque era mucho más fuerte, rápido y resistente que la última vez que nos encontramos y eso, paradójicamente, me hacía feliz. Me gustaba la gente que se esforzaba, la pena es que fuera un necio. La primera vez que lo vi sentí la euforia de aquel que se encuentra con un rival al que considera su igual, no obstante consiguió decepcionarme y aquel sentimiento se tornó amargo al comprobar que a pesar de tener un mismo objetivo nuestras posturas eran irreconciliables. Me hubiese gustado que la situación se diese de otra manera, poder tal vez, incluso intercambiar opiniones de forma más pacífica, pero había comprendido que era imposible y que solo nos quedaba una opción. Luchar por nuestros ideales hasta las últimas consecuencias.
Sus palabras continuaron decepcionándome, entendía su postura pero no su forma de llevarlo a cabo, a fin de cuentas, un hombre que vive atado a las expectativas de los demás, cumpliendo roles solo para encajar, no era libre. Yo, estando encarcelado estos últimos tres años, he sido mucho más libre de lo que él lo había podido ser en toda su vida. Eso era una pena, pero no era mi problema.
Sin mediar palabra mi brazo izquierdo ardió en llamas y se abalanzó con la palma extendida sobre su hombro derecho, inmediatamente después, mi brazo derecho impactó sobre su rostro, sucesivamente el izquierdo volvió a impactar haciendo un crochet en su pómulo derecho y, por último, un gancho con la derecha terminó el combo. Me esforcé para que esto ocurriera tan rápido como me era posible, y tras la sucesión de golpes aleteé con fuerza para ascender en diagonal y alejarme todo lo lejos posible de él. Una vez estuve a sesenta metros de altura en diagonal sobre su posición me preparé para el siguiente movimiento.
-El árbol que crece torcido vivirá su vida y el árbol que crece recto será convertido en madera. Reflexiona, puede que esta sea tu última oportunidad.
INFO
![[Imagen: fqQSUZC.png]](https://i.imgur.com/fqQSUZC.png)
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