07-08-2026, 10:26 PM
(Última modificación: 09-08-2026, 03:27 AM por Runin D. Kitay.)
El rostro de la fémina se inclina con suavidad hacia uno de sus costados al escuchar las palabras provenir desde el despreocupado castaño. ¿La forma de golpear? Instintivamente los orbes chocolate recaen sobre su propia mano, cierra y abre el puño repetitivamente hasta que las palabras “Presta atención” la regresan al presente. Se mueve un paso a un costado para darle cabida a su capitán, ¿quién diría que algún día ambos estarían practicando puñetazos contra árboles? La irrisoria imagen provoca una expresión menos tensa en su rostro; la clásica y perfeccionada postura del hombre es algo que perdurará en su mente para toda la vida.
Tiene que aguantar para no intentar imitarlo al ser una persona de ideas y acciones entrelazadas, es por ello que cruza los brazos, se centra en él y en los vocablos que expresa. Runin debe aprender, no, quiere aprender, de esas técnicas que el castaño adquirió en Karata Isla y llegaron a su vida para quedarse.
Asiente en una demostración de concentración hacia sus palabras, entiende perfectamente las bases de efectuar un golpe básico, del daño ejercido con cada puñetazo ejecutado. Los labios se separan tan solo un poco. ¿Más allá? La impresión no demora en llegar. Con la explicación viene la práctica, el árbol vibra internamente, las hojas caen y la amazona descruza los brazos hallándose sorprendida. En teoría empieza a entender a qué se refiere el hombre.
No necesita más fuerza de la que ya posee para ejecutar un golpe de esa magnitud, lo que en realidad requiere es control. “Más destructivos” dice Ryota, y a Runin le brillan los orbes chocolate. ¿Acaso tiene planeado utilizar algo así con alguien en específico? En lo absoluto. Lo que realmente atrapa a la morena es la necedad de querer ganar por sobre otros, incluso con la apuesta que ha hecho. ¿Podrá aprender el hasshoken en tiempo record? Ahora parece más emocionada que antes.

”No es cuestión de fuerza bruta.”
Se repite una y otra vez, trata de mentalizarse, de entender a lo qué atenerse. —¡No te preocupes, cariño! Soy bastante cabeza dura cuando me lo propongo. —Es cierto, no se puede controlar algo que recién se aprende de un momento a otro, mas la fémina no piensa descansar un solo segundo hasta lograrlo. Si debe hacerlo todo el día,sin importar que el anochecer llegue o el hambre reclame atención, lo hará.
—¿Ah sí? Qué tendrás planeado, cariño. Si también me quieren traer una botella de vino para más noche, no me molestaría. —Bromea. Cardan se lo toma bastante en serio porque busca dentro de la mochila de donde han extraído la comida, la infalible petaca de la morena, dejándola en el suelo para que luego pueda cogerla. Ella niega ahogando una pequeña risa mientras los tres se secretean.
—Ya voy, maestro. —Concede volviendo la mirada hacia el árbol. Inhala y exhala al menos tres veces, de forma lenta, como si esa fuera toda la concentración que requiere. El castaño se aleja y el suplicio de la amazona vuelve a dar inicio. Los primeros golpes salen con una potencia arrolladora que le obliga a torcer el gesto, en cualquier otra ocasión se sentiría conforme mas esta vez no, no es lo que busca.
Un golpe tras otro. Algunos imbuidos en extenuante vigor, otros tan sutiles que no asustarían ni al infante más cobarde. El tiempo se hace agua entre sus dedos, incluso las manos empiezan a doler cuando la piel se enrojece con el pasar de las horas. Durante un momento trata de buscar esparcimiento en su mente, bebe un trago de vino mas no se lleva la petaca con ella, vuelve a dejarla sobre la superficie. Del mismo modo bebe algo de agua antes de continuar, no demasiado, eso sí. Al menos el clima y las vistas logran relajarla a pesar de sus vanos intentos por superar la prueba.
¿Qué tan rápido el cuerpo de Ryota consiguió entender la manera de atacar para utilizar el hasshoken? ¿Qué más le falta? ¿Calma? Intenta estarlo. En ocasiones la mente piensa en cosas diversas antes de volver a centrarse en el momento, en el lugar y la actividad. Suspira profundo volviendo a enfrentarse al árbol, la potencia ha disminuido, pero no es nula.
Busca cada ángulo, no es suficiente. Es algo que debe nacer de ella misma, por lo que continúa. La soledad nunca se le había antojado apetitosa, en ese momento es su mejor aliada para aventurarse a aprender algo nuevo sin presiones, sin su propio ego haciendo de puente, sin ningún tipo de vergüenza. Solo ella tratando de aprender hasta que el diverso trío decide regresar.
BOLSA DE ESTRELLITAS
