08-08-2026, 03:43 PM
Kisuke decidió que el destino de Jean Paul no era morir a manos de los revolucionarios que le acompañaban en aquella apestosa estancia. Sería el pueblo libre de Mogaro el que decidiese su destino una vez presentado el caso y aportadas todas las evidencias disponibles, ya fueran a su favor o en su contra. Cuando Bambú dejó inconsciente a Jean Paul, que finalmente descansaba con un aura completamente tranquila sobre un suelo quizás sucio, pero no asqueroso, Kisuke comentó que lo mejor era dejarlo así y que ya regresarían a por él. —No será difícil encontrarle aunque huya y se esconda en la isla. —Comentó Bambú. Sería condenadamente fácil seguirle la pista a un hombre candelabro con unos pantalones llenos de heces y orina.
El viaje en túnel se hizo llevadero una vez lograron escapar del horrible olor que desprendía Jean Paul. Al cabo de unos veinte minutos, Max empezó a preguntarse si había tomado la dirección correcta cuando empezó a modificar el terreno. Estaba seguro de que no se había desviado y de que iba hacia la entrada de la red cavernaria en la que se habían metido, pero estaban tardando demasiado en llegar. —¿Me habré confundido de camino? —Se cuestionaba a sí mismo, y no sin motivo porque esto era exactamente lo que había ocurrido. Ya fuera por error o de forma completamente inconsciente, Bambú se había desviado de su camino original y, al cabo de diez minutos más, el túnel llegó hasta el exterior de la mina. —Oh, sí que me he equivocado... pero para bien. —Era un alivio que fuera así, porque aunque había fallado a la hora de trazar el curso de su túnel, había desembocado milagrosamente en el lugar que les describió Jean Paul. Se trataba de un terreno abierto que se camuflaba bastante bien en las montañas. No le sorprendería que la gente no llegase habitualmente allí o que si lo hacían no regresaran o nadie les creyese cuando explicaran lo que habían visto. ¿Cómo iba a haber un castillo secreto en medio de las montañas? Y sin embargo, así estaba. Una estructura de piedra grisácea que no contrastaba en absoluto con el gris de las montañas. Sería imposible apreciar el castillo desde la distancia.
El edificio estaba a unos cuarenta metros de distancia y frente a él, tal y como les había sido revelado, les aguardaba un hombre vestido de candado que debía de ser el portero del castillo. Disponían de las palabras mágicas para que el susodicho les abriera la puerta, pero el dúo revolucionario era extremadamente famoso ya no sólo en Mogaro, sino en el mundo entero. Sería completamente imposible que aquel individuo no se percatase de que no venían para trabajar para su señor. Probablemente daría la alarma nada más verles a no ser que lo ejecutasen al momento, pero Bambú no quería matar a nadie si no estaba cien por cien seguro de que era justo y necesario. —No me fío de que este individuo coopere con nosotros con tanta facilidad, incluso aunque sea completamente inocente. El señor del castillo debe de darles muchísimo miedo... —Le comentó a Kisuke desde la oscuridad del túnel que les acababa de llevar al exterior. —Intentaré pillarlo por sorpresa y taparle la boca para que puedas explicarle "amablemente" por qué debe cooperar con nosotros, creo que es una táctica que funciona bien. Espero que no funcione tan bien como con Jean Paul, honhonhon. —Ahora que podía respirar aire fresco y el hedor del candelabro estaba bien lejos no deseaba que el hombre candado se cagase también de miedo.
No le veía fallos al plan, de modo que excavó un túnel hacia abajo unos cinco metros y empezó a avanzar tan rápido como le era posible hacia la posición del hombre candado. Se ayudaba de su excelente sentido de la orientación y de su percepción extrasensorial para no trazar el rumbo equivocado. Una vez a espaldas del hombre candado, Bambú abrió un túnel hacia arriba y salió al exterior rápidamente. Su mano derecha apresó la boca de aquel hombre para impedir que gritase y alertase a los guardias del interior del castillo y su izquierda envolvió el torso del hombre de lado a lado, impidiéndole el movimiento en cualquier dirección. Extendió su haoshoku en su nivel más básico para amedrentar con su mera presencia al hombre candado y favorecer que el interrogatorio y futuras amenazas de Kisuke surtieran mayor efecto. No le gustaba mucho abusar del más poderoso de sus hakis, pero había por lo menos una chica que necesitaba desesperadamente su ayuda y no tenían tiempo que perder. Tal vez si llegaban a tiempo podrían rescatar a otras víctimas que todavía no hubieran perecido... —No me voy a andar con rodeos: estás en problemas y esperamos de ti la máxima cooperación. Mi nombre es Max D. Bambú, estoy seguro de que me conoces y de que reconocerás a la persona que me acompaña. Te recomiendo que nos reveles todo lo que sabes y que cuando te libere de mi presa nos ayudes a entrar en ese castillo si no quieres correr la misma suerte que Jean Paul. —Omitió el hecho de que Jean Paul dormía plácidamente en esos momentos. A veces la imaginación de una persona crea imágenes mucho peores que la realidad misma.
El viaje en túnel se hizo llevadero una vez lograron escapar del horrible olor que desprendía Jean Paul. Al cabo de unos veinte minutos, Max empezó a preguntarse si había tomado la dirección correcta cuando empezó a modificar el terreno. Estaba seguro de que no se había desviado y de que iba hacia la entrada de la red cavernaria en la que se habían metido, pero estaban tardando demasiado en llegar. —¿Me habré confundido de camino? —Se cuestionaba a sí mismo, y no sin motivo porque esto era exactamente lo que había ocurrido. Ya fuera por error o de forma completamente inconsciente, Bambú se había desviado de su camino original y, al cabo de diez minutos más, el túnel llegó hasta el exterior de la mina. —Oh, sí que me he equivocado... pero para bien. —Era un alivio que fuera así, porque aunque había fallado a la hora de trazar el curso de su túnel, había desembocado milagrosamente en el lugar que les describió Jean Paul. Se trataba de un terreno abierto que se camuflaba bastante bien en las montañas. No le sorprendería que la gente no llegase habitualmente allí o que si lo hacían no regresaran o nadie les creyese cuando explicaran lo que habían visto. ¿Cómo iba a haber un castillo secreto en medio de las montañas? Y sin embargo, así estaba. Una estructura de piedra grisácea que no contrastaba en absoluto con el gris de las montañas. Sería imposible apreciar el castillo desde la distancia.
El edificio estaba a unos cuarenta metros de distancia y frente a él, tal y como les había sido revelado, les aguardaba un hombre vestido de candado que debía de ser el portero del castillo. Disponían de las palabras mágicas para que el susodicho les abriera la puerta, pero el dúo revolucionario era extremadamente famoso ya no sólo en Mogaro, sino en el mundo entero. Sería completamente imposible que aquel individuo no se percatase de que no venían para trabajar para su señor. Probablemente daría la alarma nada más verles a no ser que lo ejecutasen al momento, pero Bambú no quería matar a nadie si no estaba cien por cien seguro de que era justo y necesario. —No me fío de que este individuo coopere con nosotros con tanta facilidad, incluso aunque sea completamente inocente. El señor del castillo debe de darles muchísimo miedo... —Le comentó a Kisuke desde la oscuridad del túnel que les acababa de llevar al exterior. —Intentaré pillarlo por sorpresa y taparle la boca para que puedas explicarle "amablemente" por qué debe cooperar con nosotros, creo que es una táctica que funciona bien. Espero que no funcione tan bien como con Jean Paul, honhonhon. —Ahora que podía respirar aire fresco y el hedor del candelabro estaba bien lejos no deseaba que el hombre candado se cagase también de miedo.
No le veía fallos al plan, de modo que excavó un túnel hacia abajo unos cinco metros y empezó a avanzar tan rápido como le era posible hacia la posición del hombre candado. Se ayudaba de su excelente sentido de la orientación y de su percepción extrasensorial para no trazar el rumbo equivocado. Una vez a espaldas del hombre candado, Bambú abrió un túnel hacia arriba y salió al exterior rápidamente. Su mano derecha apresó la boca de aquel hombre para impedir que gritase y alertase a los guardias del interior del castillo y su izquierda envolvió el torso del hombre de lado a lado, impidiéndole el movimiento en cualquier dirección. Extendió su haoshoku en su nivel más básico para amedrentar con su mera presencia al hombre candado y favorecer que el interrogatorio y futuras amenazas de Kisuke surtieran mayor efecto. No le gustaba mucho abusar del más poderoso de sus hakis, pero había por lo menos una chica que necesitaba desesperadamente su ayuda y no tenían tiempo que perder. Tal vez si llegaban a tiempo podrían rescatar a otras víctimas que todavía no hubieran perecido... —No me voy a andar con rodeos: estás en problemas y esperamos de ti la máxima cooperación. Mi nombre es Max D. Bambú, estoy seguro de que me conoces y de que reconocerás a la persona que me acompaña. Te recomiendo que nos reveles todo lo que sabes y que cuando te libere de mi presa nos ayudes a entrar en ese castillo si no quieres correr la misma suerte que Jean Paul. —Omitió el hecho de que Jean Paul dormía plácidamente en esos momentos. A veces la imaginación de una persona crea imágenes mucho peores que la realidad misma.
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