10-08-2026, 10:03 PM
(Última modificación: 10-08-2026, 10:13 PM por Kisuke Kageyama.
Razón: retocar el spoiler por coherencia narrativa
)
La maniobra de Panda había salido a la perfección, había conseguido colocarse detrás de aquel estrafalario tipo y le había hecho, irónicamente, un candado inquebrantable al susodicho, sin dejarle posibilidad de movimiento, intuyó que también estaba haciendo uso de su haoshoku, por lo que transmitía el aura de su amigo. Sin dudas, no era el mejor día para aquel tipo.
"Veamos a donde nos lleva este jueguecito..."
Kisuke tamborileó con sus dedos en la vaina de Yamigiri, que tenía los primeros centímetros de la hoja fuera de la vaina y echó su mano derecha a la empuñadura, en otro nuevo gesto amenazante. Aquel hombre estaba aterrorizado y había levantado las manos en señal de rendición, provocando que la presa del Panda se aflojase y, al igual que el infeliz hombre-candelabro parecía dispuesto a colaborar, al menos parcialmente, pero al menos no se orinó ni defecó encima por el miedo a los dos revolucionarios, o a las consecuencias que su "jefe" tendría para él por haber fracasado en su "misión". Aquel asunto estaba empezando a irritar de sobre manera al antiguo pescador, que no era muy dado a la paciencia, pero había que manejar la situación con delicadeza, puesto que, a fin de cuentas, los responsables, si es que eran más de uno, tenían rehenes, por lo que no podían hacer un movimiento temerario que desatase el pánico y acabasen con la vida de alguna de las personas que retenían allí.
"Esto está empezando a tocarme los huevos en exceso..."
El tipo parecía sinceramente preocupado por su compañero el cagón que hablaba raro, y estaba dispuesto a darles más información pero no iba a abrirles la puerta. Por algún extraño motivo, su percepción del haki seguía mostrando una imagen de un león y el antiguo pescador empezó a preguntarse si detrás de aquella situación estaría el poder de alguna akuma no mi. No podía saberlo realmente, pero sin dudas era algo extraño y que convenía resolver cuanto antes. Kisuke reflexionó brevemente, que aquello, dentro de la mente quebrada de aquel infeliz, tenía todo el sentido puesto que "era un candado" y su misión era no permitir el paso a quien no tuviese la llave para abrirle. Entonces pensó en la contraseña que les había dado el hombre-candelabro, y pensó que solo la "llave" puede abrir el candado. No era mucho, pero menos era nada, y todavía no era momento de empezar a liarla.
-Venimos al castillo con ganas de trabajar... ¿sería tan amable de permitrnos el paso, señor candado?
No fue ni mucho menos una frase en tono amable ni educado, pronunció estas palabras como si le costase tanto como arrastrar a Panda borracho de una taberna al cuartel. De hecho, la había pronunciado desenvainando su katana y apuntando al cuello directamente del hombre candado, estando aún a tres metros la punta de Yamigiri de la epiglotis del hombre candado.
-Mire, señor candado, nosotros no tenemos tiempo que perder en tonterías y jueguitos de rol macabros de nadie, la vida de gente está en peligro, incluida la tuya, por lo que, ¿por qué mejor no colaboras y dejas de estorbar?
La paciencia de Kisuke Kageyama estaba llegando a un punto límite.
"Veamos a donde nos lleva este jueguecito..."
Kisuke tamborileó con sus dedos en la vaina de Yamigiri, que tenía los primeros centímetros de la hoja fuera de la vaina y echó su mano derecha a la empuñadura, en otro nuevo gesto amenazante. Aquel hombre estaba aterrorizado y había levantado las manos en señal de rendición, provocando que la presa del Panda se aflojase y, al igual que el infeliz hombre-candelabro parecía dispuesto a colaborar, al menos parcialmente, pero al menos no se orinó ni defecó encima por el miedo a los dos revolucionarios, o a las consecuencias que su "jefe" tendría para él por haber fracasado en su "misión". Aquel asunto estaba empezando a irritar de sobre manera al antiguo pescador, que no era muy dado a la paciencia, pero había que manejar la situación con delicadeza, puesto que, a fin de cuentas, los responsables, si es que eran más de uno, tenían rehenes, por lo que no podían hacer un movimiento temerario que desatase el pánico y acabasen con la vida de alguna de las personas que retenían allí.
"Esto está empezando a tocarme los huevos en exceso..."
El tipo parecía sinceramente preocupado por su compañero el cagón que hablaba raro, y estaba dispuesto a darles más información pero no iba a abrirles la puerta. Por algún extraño motivo, su percepción del haki seguía mostrando una imagen de un león y el antiguo pescador empezó a preguntarse si detrás de aquella situación estaría el poder de alguna akuma no mi. No podía saberlo realmente, pero sin dudas era algo extraño y que convenía resolver cuanto antes. Kisuke reflexionó brevemente, que aquello, dentro de la mente quebrada de aquel infeliz, tenía todo el sentido puesto que "era un candado" y su misión era no permitir el paso a quien no tuviese la llave para abrirle. Entonces pensó en la contraseña que les había dado el hombre-candelabro, y pensó que solo la "llave" puede abrir el candado. No era mucho, pero menos era nada, y todavía no era momento de empezar a liarla.
-Venimos al castillo con ganas de trabajar... ¿sería tan amable de permitrnos el paso, señor candado?
No fue ni mucho menos una frase en tono amable ni educado, pronunció estas palabras como si le costase tanto como arrastrar a Panda borracho de una taberna al cuartel. De hecho, la había pronunciado desenvainando su katana y apuntando al cuello directamente del hombre candado, estando aún a tres metros la punta de Yamigiri de la epiglotis del hombre candado.
-Mire, señor candado, nosotros no tenemos tiempo que perder en tonterías y jueguitos de rol macabros de nadie, la vida de gente está en peligro, incluida la tuya, por lo que, ¿por qué mejor no colaboras y dejas de estorbar?
La paciencia de Kisuke Kageyama estaba llegando a un punto límite.
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