Podía aguantar sus golpes enclenques todo el día. Daba igual lo que hiciera, su desesperación sólo iba a encontrarse contra este muro una y otra vez. No podía superarme por más que lo intentase, porque yo me había vuelto el último hombre en pie. Me había convertido en la última línea de defensa. Ahora era el verdadero valor de una fortaleza encarnado en una persona. Yo... era la justicia.
Fue entonces cuando Yojimbo junto con sus extremidades florecientes una masa grotesca que acabó pareciendo un gran puño. Sonreí mirando aquella monstruosidad bizarra alzarse sobre mi cabeza y amenazar con impactar de lleno, alzando ambos puños recubiertos en Busoshoku y me preparándome para aguantar ese golpe. Una vez más. Una única vez más. Esta era la prueba de resistencia que sólo alguien como yo, el guardián del norte, el portador del Genbu, era capaz de soportar. Un puño más grande que el de un gigante.
El impacto fue colosal y lo sentí en cada poro de mi cuerpo, pero no cedí. Los pies se me clavaron en la madera del puerto agrietándola, y mis antebrazos sintieron el empuje y el daño de aquella mole. Kida alzó la cabeza y se unió al aguante y la resistencia, demostrándome que no estaba solo. Ella iba conmigo protegiéndome la espalda y ayudándome en todo momento. No estaba solo. Recordé cuando conocí a Vulkan, mi primer compañero, y cuando juntos nos enfrentamos a Sohem... Mi pie izquierdo retrocedió un poco. Recordé cómo Sephiroth, Minato y Karlglass se unieron a la división y partimos hacia los Cabos Gemelos... Ahora fue mi pie derecho el que retrocedió un poco más. Recordé cómo enterramos a Minato y Vulkan y me juré no volver a perder a ningún amigo más frente a sus tumbas. Junté la cabeza con mis antebrazos para tratar de resistir mientras abría la guardia de las piernas para ganar equilibrio Recordé cómo conocí a Viktor, siguiendo la pista de Nimda Leyos y cómo combatimos codo con codo reforzando nuestra amistad en la batalla... Un grito visceral y cargado de rabia salió de lo más profundo de mi garganta, expulsando saliva con los ojos desorbitados mientras hacía mi mayor esfuerzo por aguantar. Recordé cómo volamos hacia Skypiea... El grito fue tan potente que la saliva se convirtió en sangre. Recordé cómo conocimos a Tucrow en este mismo lugar... Mis brazos flaquearon y cedieron, cargando todo el peso del golpe en mi cráneo, inclinando la cabeza y arqueando la espalda para ganar más punto de apoyo, sin dejar de gritar Recordé como despedimos a Ikirami, de quien estuve enamorado en secreto, a Sephiroth, mi gran amigo y confidente desde el comienzo, a Tenma el joven con sueños e ilusión, y a Daisen, el gigante noble que nos alegraba con su mera risa... — ¡Yo soy! — Recordé recibir a Ryze, a James, a Fuguwu y a Apolo. Recordé cómo resurgimos nuevamente como el símbolo de la justicia en nuestra franja de avance del Grand Line... Kida sucumbió a la fuerza del impacto y cayó repelida hacia atrás. Recordé cómo luché contra Yojimbo en aquella biblioteca, y cómo lo entregué en esta misma pasarela al bueno de Daisen hacia tantos años... Era incapaz de alzar los brazos, que había perdido el Busoshoku, pero me negaba a inclinar la cabeza y continué aguantando. Recordé cómo el Almirante Markus me entregó forzosamente este poder... Recordé llegué a Sabaody escoltando al Almirante Yugu... Recordé luchar junto a mis amigos contra un Yonko... — ¡El bastión! — Recordé enterrar de nuevo a Ryze, a James y ver desfigurado por completo a Apolo. Recordé que no era lo suficientemente fuerte para protegerlos... Mis pies se arrastraban por la madera lentamente, hacia atrás, cediendo ante el impacto de su golpe. Recordé cómo Tucrow reclamó mi expediente entre sus hombres y cómo fui yo esta vez el que dijo adiós al grupo, avanzando hacia el mañana sin ellos a mi lado... — ¡El último hombre en pie! — Recordé esa despedida con Fuguwu, con Apolo, con Karlglass mi mano derecha, y con mi buen amigo Viktor. — ¡LA JUSTICIAAAA! — Recordé cómo le entregué mi mechero para que lo pasase a quien pudiera portar mi legado algún día... Mi cuello cedió y el impacto dio de lleno en mi cuerpo, desactivando mi Busoshoku por completo y haciendo que tuviera que asumir ese impacto al completo.
El golpe fue tan brutal que me desplazó varios metros hacia atrás y me rebozó por el suelo, pero cuando quise alzar la vista, Yojimbo estaba frente a mi mirándome con desprecio y me propició un pisotón contra la tráquea. Tosí sangre al momento y
agarré con mis dos manos su pierna en un acto reflejo, y entonces escuché el comentario más cínico y más disociado de la realidad que había escuchado en mi vida. ¿Qué pretendía que hiciera un héroe? ¿Dejarle salir de la cárcel sólo porque me lo pedía? Era un criminal. Había robado a personas inocentes. Había matado a personas inocentes. Había desatado su ira simplemente porque las cosas no eran como él pretendía que fueran. Había dado rienda suelta a un grupo de criminales a cada cual más peligroso y les había dado alas... esas malditas alas negras, para que prosperasen en la criminalidad.
¿Qué se supone que tenía que hacer un héroe? Pues lo que estaba haciendo. Empleando cada gota de mi ser en aguantar, en contenerlo, en hacer que no pudiera salir de aquí y en devolverle al lugar en el que debía estar: Impel Down.
Entonces dio un segundo pisotón en mi cuello, y retiró el pie preparado para asestarme un puñetazo hacia el rostro. Había perdido mi transformación momentáneamente, y el acceso a expandir mi haki, tanto para defenderme como para prever los veloces movimientos de mi oponente. Sólo podía encajar este golpe, y aunque me doliese el cuello de aguantar el impacto, podía aguantarlo. Sólo era cuestión de encajarlo, volver a levantarme y acabar con esto, pues Yojimbo estaba completamente agotado y no sería capaz de aguantarme un golpe a toda potencia.
El impacto fue seco contra mi cuello. Escuché cómo se rompía una rama de madera, reverberando en todo mi cuerpo como un eco fatídico. Sentí un hormigueo generalizado y después de una sensación de comezón una calma absoluta, con un pinzamiento en el cuello. Sentí cómo la consciencia se me iba apagando... ¿Acaso me había golpeando tan fuerte? Mis ojos se entrecerraban viendo a Yojimbo frente a mi, y aunque intenté mover mi mano para detenerlo, no fui capaz de moverla.
Todo se volvió oscuro.
Fue entonces cuando Yojimbo junto con sus extremidades florecientes una masa grotesca que acabó pareciendo un gran puño. Sonreí mirando aquella monstruosidad bizarra alzarse sobre mi cabeza y amenazar con impactar de lleno, alzando ambos puños recubiertos en Busoshoku y me preparándome para aguantar ese golpe. Una vez más. Una única vez más. Esta era la prueba de resistencia que sólo alguien como yo, el guardián del norte, el portador del Genbu, era capaz de soportar. Un puño más grande que el de un gigante.
![[Imagen: juMkp8F.png]](https://imgur.com/juMkp8F.png)
El impacto fue colosal y lo sentí en cada poro de mi cuerpo, pero no cedí. Los pies se me clavaron en la madera del puerto agrietándola, y mis antebrazos sintieron el empuje y el daño de aquella mole. Kida alzó la cabeza y se unió al aguante y la resistencia, demostrándome que no estaba solo. Ella iba conmigo protegiéndome la espalda y ayudándome en todo momento. No estaba solo. Recordé cuando conocí a Vulkan, mi primer compañero, y cuando juntos nos enfrentamos a Sohem... Mi pie izquierdo retrocedió un poco. Recordé cómo Sephiroth, Minato y Karlglass se unieron a la división y partimos hacia los Cabos Gemelos... Ahora fue mi pie derecho el que retrocedió un poco más. Recordé cómo enterramos a Minato y Vulkan y me juré no volver a perder a ningún amigo más frente a sus tumbas. Junté la cabeza con mis antebrazos para tratar de resistir mientras abría la guardia de las piernas para ganar equilibrio Recordé cómo conocí a Viktor, siguiendo la pista de Nimda Leyos y cómo combatimos codo con codo reforzando nuestra amistad en la batalla... Un grito visceral y cargado de rabia salió de lo más profundo de mi garganta, expulsando saliva con los ojos desorbitados mientras hacía mi mayor esfuerzo por aguantar. Recordé cómo volamos hacia Skypiea... El grito fue tan potente que la saliva se convirtió en sangre. Recordé cómo conocimos a Tucrow en este mismo lugar... Mis brazos flaquearon y cedieron, cargando todo el peso del golpe en mi cráneo, inclinando la cabeza y arqueando la espalda para ganar más punto de apoyo, sin dejar de gritar Recordé como despedimos a Ikirami, de quien estuve enamorado en secreto, a Sephiroth, mi gran amigo y confidente desde el comienzo, a Tenma el joven con sueños e ilusión, y a Daisen, el gigante noble que nos alegraba con su mera risa... — ¡Yo soy! — Recordé recibir a Ryze, a James, a Fuguwu y a Apolo. Recordé cómo resurgimos nuevamente como el símbolo de la justicia en nuestra franja de avance del Grand Line... Kida sucumbió a la fuerza del impacto y cayó repelida hacia atrás. Recordé cómo luché contra Yojimbo en aquella biblioteca, y cómo lo entregué en esta misma pasarela al bueno de Daisen hacia tantos años... Era incapaz de alzar los brazos, que había perdido el Busoshoku, pero me negaba a inclinar la cabeza y continué aguantando. Recordé cómo el Almirante Markus me entregó forzosamente este poder... Recordé llegué a Sabaody escoltando al Almirante Yugu... Recordé luchar junto a mis amigos contra un Yonko... — ¡El bastión! — Recordé enterrar de nuevo a Ryze, a James y ver desfigurado por completo a Apolo. Recordé que no era lo suficientemente fuerte para protegerlos... Mis pies se arrastraban por la madera lentamente, hacia atrás, cediendo ante el impacto de su golpe. Recordé cómo Tucrow reclamó mi expediente entre sus hombres y cómo fui yo esta vez el que dijo adiós al grupo, avanzando hacia el mañana sin ellos a mi lado... — ¡El último hombre en pie! — Recordé esa despedida con Fuguwu, con Apolo, con Karlglass mi mano derecha, y con mi buen amigo Viktor. — ¡LA JUSTICIAAAA! — Recordé cómo le entregué mi mechero para que lo pasase a quien pudiera portar mi legado algún día... Mi cuello cedió y el impacto dio de lleno en mi cuerpo, desactivando mi Busoshoku por completo y haciendo que tuviera que asumir ese impacto al completo.
El golpe fue tan brutal que me desplazó varios metros hacia atrás y me rebozó por el suelo, pero cuando quise alzar la vista, Yojimbo estaba frente a mi mirándome con desprecio y me propició un pisotón contra la tráquea. Tosí sangre al momento y
agarré con mis dos manos su pierna en un acto reflejo, y entonces escuché el comentario más cínico y más disociado de la realidad que había escuchado en mi vida. ¿Qué pretendía que hiciera un héroe? ¿Dejarle salir de la cárcel sólo porque me lo pedía? Era un criminal. Había robado a personas inocentes. Había matado a personas inocentes. Había desatado su ira simplemente porque las cosas no eran como él pretendía que fueran. Había dado rienda suelta a un grupo de criminales a cada cual más peligroso y les había dado alas... esas malditas alas negras, para que prosperasen en la criminalidad.
¿Qué se supone que tenía que hacer un héroe? Pues lo que estaba haciendo. Empleando cada gota de mi ser en aguantar, en contenerlo, en hacer que no pudiera salir de aquí y en devolverle al lugar en el que debía estar: Impel Down.
Entonces dio un segundo pisotón en mi cuello, y retiró el pie preparado para asestarme un puñetazo hacia el rostro. Había perdido mi transformación momentáneamente, y el acceso a expandir mi haki, tanto para defenderme como para prever los veloces movimientos de mi oponente. Sólo podía encajar este golpe, y aunque me doliese el cuello de aguantar el impacto, podía aguantarlo. Sólo era cuestión de encajarlo, volver a levantarme y acabar con esto, pues Yojimbo estaba completamente agotado y no sería capaz de aguantarme un golpe a toda potencia.
— Sólo eres un fraude con suerte y un linaje —
El impacto fue seco contra mi cuello. Escuché cómo se rompía una rama de madera, reverberando en todo mi cuerpo como un eco fatídico. Sentí un hormigueo generalizado y después de una sensación de comezón una calma absoluta, con un pinzamiento en el cuello. Sentí cómo la consciencia se me iba apagando... ¿Acaso me había golpeando tan fuerte? Mis ojos se entrecerraban viendo a Yojimbo frente a mi, y aunque intenté mover mi mano para detenerlo, no fui capaz de moverla.
— Nunca serás... libre... Alas... Negras —
Todo se volvió oscuro.
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